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Aproximadamente durante un mes fui reportero de sucesos. En una ciudad como Santiago tampoco es la panacea, me entenderán quienes hayan esta do en Santiago, pero quizás por eso tiene su punto. Sobre todo después de haber pasado semanas a la caza del peregrino como becario de LVG, ocupación convertida en todo un clásico veraniego compostelano para los pipiolos recién salidos de las facultades. Me gustaba hacer sucesos. Sobre todo por la libertad que te dejaban para escribir. Me refiero a la forma ya que el fondo es lo que es, o debería, y no hay más. Todo lo demás, lo que rodea a la sangre (si la hay) es cosecha (roja) del plumilla y como tal depende del día o del talento, circunstancias que no tienen por qué coincidir. Tuve un gran profesor, quizás el mejor, Nacho, quien antes de irse de vacaciones en el verano de 2002 y dejarme con el cotarro me dio una cosa y me dijo otra.

A ver Espiñete, todavía hoy me sigue llamando así el muy cabrón, cada vez que hablamos por teléfono, como si yo siguiese entrando todas las mañanas a la redacción de Salgueiriños como un crío con zapatos nuevos, mucho antes de que toda la carga cínica del gremio se me hubiera caido encima para hacerme dudar hasta del propio sentido de la profesión en los días que corren. A ver Espiñete esto es la biblia y como tal debes tratarlo, dijo mientras ponía sobre mi mesa una hoja con un listado de teléfonos clasificados por prioridades a los que había que llamar, “en función de las circunstancias” y en los que ya había dejado recado para que me trataran “como correspondía a su sustituto”. La Guardia Civil, la Policía, la Cruz Roja, los bomberos, el 061, el Hospital, el comisario, el subcomisario, un par de tipos del SUP, un par de tipos de la local y así un largo etcétera que incluía horarios de disponibilidad en números fijos o móviles. Hoy todavía guardo esa lista de números e alguno de los cuadernos de notas que usé aquel verano.

Después de darme unos minutos para revisar la hoja y dejar que hiciera las preguntas correspondientes, Nacho, como quien se sabe a pinto de liarla parda soltó: Y como mañana me voy, que sepas que es tradición en los últimos años que el día antes de que yo me vaya de vacaciones haya un fiambre.
Venga ya, dije, no jodas, dando por sentado que lo decía en serio. Iluso, inocente, pardillo de mi, en aquel entonces me creía todo lo que me decían los tipos que llevaban años juntando palabras delante de un ordenador, tipos a los que, en el fondo, yo veneraba como a esos héroes de cabecera a los que uno quiere parecerse algún día. Y Nacho sigue siendo uno de ellos, tanto por su escritura como por su forma de entender una profesión en permanente estado de acoso y derribo. Me lo creí a sabiendas de que me estaba puteando. Pero a última hora de la tarde, Nacho colgó el teléfono tras hacer una de sus rondas y gritó, Carballo no te lo vas a creer pero tenemos un fiambre. A mi se me pusieron de corbata. Y creo que a Carballo también porque Nacho se piraba de vacaciones al día siguiente y era el becario en que se quedaba en su puesto. Y así sucedió. Aquel fue un gran verano que comenzó con una gran semana.

El fiambre en cuestión era un camello al que se había cargado un yonki en un piso de Conxo. Hasta ahí el hecho, luego estaba la literatura. Que si testigos, que si motivos, que si especulaciones que si… Me pasé la mañana siguiente pateando de arriba abajo Quiroga Palacios porque uno de los maderos que llevaba el caso me había dicho que el asesino, al que habían trincado a las pocas horas, tenía una ex mujer que igual tenía algo que ver con los motivos del caso y que se movía por esa calle. Hablé con un tipo de la UMAD que conocía tanto a la víctima como al verdugo y también me soltó una historia en la que la ex mujer del yonki también aparecía, supuestamenta ex yonki a su vez, por culpa del camello, algo que el primer yonki nunca le había perdonado al traficante. Carballo se puso cachondo y yo, novato como era, me imaginé toda una película de crimen por venganza. Pero no tuve huevos a publicar nada más que la típica, la policía mantiene todas las hipótesis abiertas. En todo caso me las arreglé para conseguir el teléfono móvil de la tipa y la que llamé.

Sí lo conocía, dijo desinterasada al otro lado de la línea. Nada de eso, certificó la mujer antes de preguntar ahora con clara intención. Oye ahí pagáis algo?

Me dio la risa. Tapé con la mano el auricular y grité. Carballo, la tía esta dice que si pagamos algo.
Carballo también se echó a reir desde la pecera en la que se pasaba los días y soltó algo así como dile que se vaya a tomar por culo.

No es política de la empresa pagar, le dije a la tipa y acto seguido esta se despidió.

Por supuesto, la vida y en especial los sucesos suelen ser siempre mucho más prosaicos de lo que la gente se piensa. Al camello se lo cargó el yonki porque sí, porque un gramo más un gramo menos, a veces, es motivo suficiente para agarrar una lámpara de mesilla y aplastarle la cabeza al cabrón de al lado. Porque sí y punto. Pero fue por culpa de gente como Dostoievski que nos empeñamos siempre en buscarle tres pies al gato.

Ese fue mi primer fiambre. Aquel verano me comí otro más pero no contaba ya que era una vieja que se tiró por la ventana en la calle de la Rosa. Luego vendría algún que otro muerto en accidente pero describir accidentes de tráfico es siempre mucho más mecánico que hacerlo sobre asesinatos u homicidios. Todo depende.

Sobre el mismo hecho siempre hay diferencias ahí entra la pluma. Pero especialmente en los sucesos hay quien no es capaz de escarmentar y ha olvidado el periodismo para dedicarse a escribir cualquier cosa que sirva para vender periódicos y apuntarse a debates que poco o nada tienen que ver con el interés general y con los que poca gente sale beneficiada aunque sí algunos logran sus quince minutos de fama.

Ha pasado en Seseña donde la conjunción crimen y menor ha vuelto a poner cachondos a algunos de los periodistas más significativos del país. Pero, como decía, hay diferencias. No es igual esto que esto por mucho que se trate de lo mismo. Hay quien no puede escribir de sucesos sin mentar Tuenti o Facebook, Marilyn Manson y la nacionalidad o raza de uno de los implicados como colaboradores necesarios. Decir hoy que un menor posee una cuenta en una red social es como decir que al menor en cuestión le gustaba llevar vaqueros. Una obviedad. Claro que lo mejor del decálogo –son diez puntos pese a que al menos repite tres de ellos–, de Esther Mucientes para El Mundo es la siguiente frase:

“ELMUNDO.es ha tenido acceso al perfil de ‘Tuenti’ de la asesina confesa. Un perfil que muestra a una joven obsesionada con la sangre, así lo muestran algunas imágenes, por ejemplo una en la que enseña una muñeca con cortes en las venas, de estética gótica y amante de grupos como Marilyn Manson”.

Un dechado de originalidad y el mejor periodsmo de investigación, tanto que ríete tú de Woodward y Bernstein. Vamos que además de ser “de origen cubano”, por lo que no es descartable que sea una pionerita de la sangrienta dictadura de los Castro, la asesina confesa, que no sospechosa, estaba obsesionada con la sangre, igual era una vampira, hay gente muy rara por ahí; le iba la estética gótica como a las inquietantes hijas de ZP, que no sé como puede el presidente dormir tranquilo; y, lo peor, era amante de grupos como Marilyn Manson. Qué habrá hecho el pobre Marilyn para que le caigan siempre los muertos encima. A mi me gustan al menos dos canciones de MM, especialmente esta, aunque su cover sobre Depeche Mode está bastante bien, así que estoy empezando a acojonarme. Supongo que esto y tener Facebook me convierte en asesino en potencia. En realidad, todos lo somos no hace falta escuchar a un fulano que hace música burlesque de lo más comercial para jóvenes con problemas de personalidad que se curan con la edad. Pero confundir el culo con las témporas, al diario de PedroJ siempre le dio bastante igual. Que se lo pregunten a Diego Pastrana al que “los lectores” pidieron disculpas mientras el periódico ha borrado las primeras en las que lo cualificaba de violador y asesino de niños.

Ahora el supuesto asesino es un menor con lo que Mucientes deja muy claro que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, lo importante es que

“En el caso de ser declarada culpable de asesinato, la menor pasará como máximo cinco años en un centro de internamiento y otros tres en régimen de libertad vigilada, según determina el artículo 10.2 de la Ley reguladora de la Responsabilidad Penal de los Menores. El ‘crimen de Seseña’ ha reabierto, por tanto, el debate sobre la necesidad de endurecer la Ley del Menor y ha vuelto a poner sobre la palestra la insuficiencia de la actual legislación.”

“Ha reabierto”, “la necesidad”… quien y de quien, son las preguntas que me hago. Sobre todo cuando, dentro de un par de días, los medios acudan ráudos y veloces a poner micros delante de los familiares de la víctima, la misma que tras leer alguno de los puntos de Mucientes pasa de ser una chica normal y corriente a la prima hermana pequeña de Tony Soprano que era cuestión de tiempo que acabara en un barranco desangrada. Ellos, los familiares pedirán lo normal. Ni la cadena perpetua, ni la inyección letal van a devolverle a su hija. Ni les calmará el dolor. Pero de un tiempo a esta parte está de moda hacer que las partes se conviertan en jueces. Aunque podemos solidarizarnos con su dolor, nunca entenderlo, ya que es obvio su opinión a partir de ahora sobre la legislación sobre menores no es válida ya que está condicionada. Al igual que tampoco lo es la del padre de Mari Luz por mucho que algunos quieran ahora convertirlo en autoridad sobre la materia en los casos de pederastia.

A ver si la culpa de esto también va a ser de Internet y del hortera de Marilyn Manson.

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