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Podemos tirar de tópicos. Lo que no nos mata nos hace más fuertes. Lo importante no es como se empieza, sino como se acaba. El fútbol es así (aunque el así nunca lo tuve muy claro). El que perdona pierde. Y así unos cuantos más. También podemos tirar de tradición que, en eso, por estos lares somos unos expertos. Jugamos como nunca y perdemos como siempre. Mucho favorito, mucha mierda y al final para casa. La suerte nos ha sido esquiva una vez más. Esto nos pasa por ir de sobrados… Si es que, en el fondo son (obsérvese que antes era somos) unos mantas. El problema fue que no se jugó por las bandas… Mucho tiqui taca y luego ná. En definitiva, España por sus fueros, de cero a 100 e tres segundos y su eterna duda de si cortarse las venas o dejárselas largas. Esto ahora, porque lo normal en España es cortarse las venas cada tres minutos veinte segundos con cualquier gilipollez que salga en los periódicos, escuchemos en la radio o denuncie el artefacto que Pedro Piqueras llama informativo en Tele 5. A lo mejor es eso, que los partidos de España los televisa Tele 5. Por eso ahí va el último tópico. Lo que mal empieza, la acaba. Puede ser. Pero a mí lo anterior me vale mierda, como dicen en Latinoamérica. Tengo edad como para llevar unas cuantas hostias encima en cuanto a partidos de la selección se refiere. He visto a Cardeñosa tomar a un defensa ante portería vacía por un trasatlántico apostado bajo los tres palos. He visto un balón dentro de la portería salir escupido por el verde lo suficiente para que el árbitro diga que no ha visto nada. He visto a un italiano romperle la nariz a Luis Enrique en el área pequeña a tres minutos del final de un partido agónico. Y he visto a un árbitro renunciar a hacer su trabajo por imperativo FIFA para llevar el fútbol al sol naciente. Ahora he visto a Mouriño ganar un partido en un Mundial sin ni siquiera estar en Sudáfrica. Y todo apunta a que el año que viene tendrá un millón de jaleadores vanagloriando el juego de los que no juegan a nada a cambio de copas. Pero no me resigno a creer que esto es lo de siempre. No, esto ha sido como nunca hasta ahora. Prefiero morir con este estilo que hacerlo apelando a la hombrada como antaño. No voy a decir que España mereciese ganar este partido. Pero estoy seguro de que no merecía perderlo. Con esta forma de jugar se rompió el maleficio y con este estilo de juego es como se puede seguir adelante con el sueño. La heróica, y eso lo saben bien los que se dedican al mal llamado arte de la guerra, sólo sirve para llenar cementerios. De las cosas más estúpidas que he escuchado en las últimas horas me quedo con tres. La falta de alternativas, es que no jugamos por las bandas. A lo mejor estoy ciego, pero desde que Navas pisó el verde se dedicó a poner la zapadora, por no hablar de que fue lo que se hizo durante todo el puto juego. La segunda es que hemos pecado de favoritismo. El favoritismo, sobre todo desde que las apuestas por Internet han generalizado la estadística para el gran público, es puro objetivismo empírico. Después de un título y veintitantos partidos sin morder el polvo, hasta Mozanbique sería favorita. El resto, lo que pasó, es fútbol. Y por eso es un deporte tan grande. De otra manera, si se jugase a puntos, el fútbol sería justo, pero dejaría de ser el deporte que es. Y, a lo mejor sería baloncesto. Si uno quiere ser campeón debe saber que está obligado a ganar. Y eso es lo que convierte a uno en favorito. La tercera estupidez, y quizá la que más me molesta, es la reacción de los ventajistas. Ves, ya te lo decía, si es que… Son los mismos que, si el resultado hubiera sido un tres cero a favor de la roja, estarían subidos a la parra certificando el favoritismo del que ahora reniegan. No. Esto es muy sencillo. El futbol, ese deporte maldito y maravilloso, consiste en meter la pelota entre los tres palos superando a diez jugadores de campo y un portero con una camiseta diferente. Y ayer, la puta pelotita no quiso entrar. Ni por activa, ni por pasiva, ni por perifrástica, como decía ese profesor que todos hemos tenido en la primaria y de cuyo nombre nadie se acuerda. El resto son milongas, palabras para llenar espacios de radio y verborrea para llenar páginas en blanco. Por no hablar de un fuera de juego no pitado y gracias al cual estamos escribiendo esto. Es mentira que todo pasado fue mejor. Prefiero esto. Lo que no impide que volvamos a lo de siempre en esta malnación llamada España. Quienes somos y a dónde vamos. Con los fantasmas de siempre llamando a la puerta. Lo demás es sólo ruido o silencio.

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