Tras el rechazo, lo primero que sobreviene es la decepción. Después una infinidad de preguntas son las que te asaltan. Pero la decepción es lo peor. No por uno mismo, más bien por los que te quieren, los que se preocupan por tí e incluso te han llamado impacientes durante las últimas horas.

El horrible pensamiento de creer que, de alguna manera, los has decepcionado, ya que seguirás a velas vir durante un tiempo que se ant

oja indefinido es, sin lugar a duda, lo que peor se lleva. Ante la cascada de preguntas, no aciertas a encontrar ni una sóla respuesta. O quizá sí y las éstas se antojan demasiadas hasta el punto que te ves incapaz de decantarte por ninguna. El CV no era bueno. Dos carreras y un máster internacional no son suficientes para llevar la comunicación de una asociación en la que trabajan dos personas (ahora, supongo, tres). Igual seis años en prensa tampoco es sufici

ente experiencia. Va a ser que la cagaste redactando un comunicado tan aséptico como los miles que has recibido cuando trabajabas de juntapalabras en una redacción. Es posible que dijeras algo inconveniente en una suerte de entrevista que fue interrumpida un par de veces para que alguien le hiciera unas chascas a la entrevistadora. Es posible, incluso, que los tres candidatos (dos chicas) tuvieran, y cito, “un CV similar y unas aptitudes similares demostradas en la prueba” por lo que simplemente a tí y a otra persona la suerte os haya resultado esquiva cuando el elector se jugó el todo por el todo al pito pito golgorito. Lo mejor es pensar precisamente en el pito pito. Y repetir la frase que has escuchado un millón de veces en las últimas horas, ya aparecerá otro. Mientras hay que seguir disfrutando de los beneficios del paro. Que, aunque no lo parezcan, son muchos. Así que paso a enumerarlos.

1. El primero y más importante. Te pagan por no trabajar. Esto, evidentemente, tiene muchas lecturas, la mayoría de ellas, negativas. Por ejemplo: Que si es tu propio dinero y que si lo gastas ahora no habrá para luego, etcétera, etcétera. Pero tampoco vamos a comenzar esta lista deprimiendo. Estamos para pensar en mañana.
2. Como te pagan por no trabajar (al menos por un tiempo) y el sueldo que cobrabas cuando lo hacías tampoco te daba para muchos lujos, más o menos mantienes el mismo tren de vida: a vapor y en vía de ancho español. El mañana queda muy lejos.
3. ¿He dicho que te pagan por no trabajar? Que levante la mano aquel que diga que nunca ha tenido sueños húmedos al respecto.
4. Es un factor de igualdad que Bibiana, por tiempo, no ha podido poner en práctica como se merecía. En hogares con él en paro y ella no, es el primero el que juega a ser amo de casa. Te vuelves cocinitas y un as en el manejo de la escoba y el plumero. El baño, lamentándolo mucho, sigue siendo harina de otro costal. Pero no hay nada que resista a la fuerza de la costumbre.
5. Vas al Inem y te pasan un montón de aventuras.
6. Hay mucha gente que te da consejos.
7. El compadreo con los hermanos de situación. Siempre hay un gracioso que dice eso de “bueno es la empresa más grande del país”.
8. Cada vez que habla la derecha te entra la sensación de estar, como Gregorio Samsa, convirtiéndote en un parásito a exterminar.
9. Cada vez que habla la izquierda sabes que alguien es imbécil. Lo que no aciertas a ver es quien, si ellos, o tú.
9.a. Esta es una variante de la anterior. Pasa cuando alguien de la izquierda habla de la reforma laboral y luego ves las cifras de paro mensuales. Ahora lo que piensas es que te toman por gilipollas.
10. Estar en un bar y escuchar el comentario de ese especímen tipo que hay acodado en la barra de todos los bares, preferentemente aquellos de barrios populares y a la hora de comer: “A todos esos parados los ponía yo a trabajar, que son unos vagos”. No tiene precio.
11. Gracias a que estás en el paro puedes poner tu granito de arena a lo que mejor define la cultura española: la picaresca para sortear al sistema. Hoy se le llama corrupción, en su vertiente política, y economía sumergida, en su vertiente monetaria. Un par de cientos por dar clases de español cuatro horas por semana en una academia a la que le viene bien que no haya contratos de por medio dan para pagarte las cañas del mes. Le viene bien a la academia y al parado. Ponte a cotizar 200 euros y perder el paro. Ofreces un par de reportajes por ahí y como nadie quiere pagar por ellos acabas por regalarlos, por puro amor propio, allí donde albergas ciertas simpatías. Allí donde acabarán otros más.
11.a. Variante de la anterior: Los que no manejamos sumas importantes somos los que andan con dinero negro. Que suena a peligroso cuando lo escuchas por la radio. Los que manejan grandes cantidades hablan de dinero B. Suena bastante más profesional y glamuroso. Es porque quien a esto se refiere suele ser un tipo que trabaja en una financiera. Conoce tan bien ese tipo de dinero porque se dedica al nunca bien ponderado arte de convertirlo en A. Los tertulianos que todo lo saben hablan siempre en negro.
12. ¿Y qué me dicen de ese orgullo de pertenecer a esa “generación mejor formada de la historia de España”?
13. Somos carne de reportaje. Siempre estuvieron pero sólo ahora les hacen caso y de paso hay quien se cuelga medallas por abrir los ojos.
14. La cara del tipo del banco al que le sugieres un préstamo para emprendedores y montar un negocio y después le dices que estás en el paro. Unas risas que os echais juntos.
15. Una lástima que todo esto no impida ver la realidad más verdadera.

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