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Es lo que tienen los lunes. Que o fútbol o, de vez en cuando, una entrevista o un reportaje que saque al gremio del letargo en que lleva tiempo instalado. Esta vez ha sido una entrevista que, como suele ocurrir últimamente, no ha sido escrita por un periodista, sino por un escritor. Una sutil diferencia de la que parece que nadie se da cuenta en el río de alabanzas al que intruducen a Millás en su propia casa. Habría que mirar por qué a un escritor se le da siempre vía libre (tiempo y dinero) mientras que un periodista trabaja sólo con lo que hay: Sin tiempo, con lo que hay (justo) y con las líneas que marcan las fronteras de la página (una doble es un estipendio). A Millás le han dado un par de días (con Felipe), no se sabe cuántas jornadas para escribirla y, coño, ocho putas páginas. Si en ocho putas páginas (y dos días de grabaciones) no logras que un entrevistado diga algo, mejor háztelo mirar.

El resultado es evidente. Más que una entrevista, parece una mamada, algo así como uno de los semblantes que, a diario, realiza el programa de sociedad de la Primera. Felipe esto, Felipe, lo otro. Millás está tan entregado a Felipe como todavía lo está mi padre cuando le hablan del sevillano y su presidencia. Todo son luces. Para las sombras, el compañero Isidoro parece que emulaba al inqulino de la Zarzuela el 23-F, que ni estaba, ni se le esperaba.

Resulta que pudo acabar con la cúpula de ETA (una de tantas) por medio de un bombazo pero dijo que no. Cómo lo supo, bueno, no hay que ser un hacha para imaginárselo pero el caso es que a Millás tampoco le interesa mucho. Normal que los del PP hayan saltado a la yugular cuando la vejez y la tranquilidad que da el saberse inmune hace que se digan según qué cosas. Hay quien en las palabras del ex presidente ve motivos para el elogio. No lo creo, por otra parte no hace más que reconocer cosas que, dudo mucho, haya gente en España que no supiera. Es decir, que el presidente del Gobierno entre 1982 y 1996 sabía perfectamente la situación de la guerra sucia contra el terrorismo. Coño vamos a tener que creernos de una vez que el tipo era el famoso señor X que tanto le gusta repetir a Pedro J.

La distancia y el tiempo permite lujos a los ex presidentes. Además de escribir libros les permite decir cosas como que están a favor de la legalización de las drogas para combatir el narcotráfico. En catorce años no se le ocurrió tal cosa. También al darse cuenta, por ejemplo, que estamos viviendo un “totalitarismo del mercado” (dice Millás), a lo que él contesta que sí auque “no quería ser tan duro”. Él, como ex presidente, por supuesto, nada tiene que ver con este sistema.

Pero la perla es el GAL y su repentina confesión, como de pasada, como quien dice te acuerdas aquella vez que… la que pillamos:

Ya hace mucho que no estoy en el poder pero te voy a decir una cosa que a lo mejor te sorprende. Todavía no sé siquiera si hice bien o hice mal, no te estoy planteando un problema moral, porque aún no tengo la seguridad. Tuve una sola oportunidad en mi vida de dar una orden para liquidar a toda la cúpula de ETA. Antes de la caída de Bidart, en 1992, querían estropear los Juegos Olímpicos, tener una proyección universal… No sé cuánto tiempo antes, quizá en 1990 ó 1989, llegó hasta mí una información, que tenía que llegar hasta mí por las implicaciones que tenía. No se trataba de unas operaciones ordinarias de la lucha contra el terrorismo: nuestra gente había detectado -no digo quiénes- el lugar y el día de una reunión de la cúpula de ETA en el sur de Francia. De toda la dirección. Operación que llevaban siguiendo mucho tiempo. Se localiza lugar y día, pero la posibilidad que teníamos de detenerlos era cero, estaban fuera de nuestro territorio. Y la posibilidad de que la operación la hiciera Francia en aquel momento era muy escasa. Ahora habría sido más fácil. Aunque lo hubieran detectado nuestros servicios, si se reúne la cúpula de ETA en una localidad francesa, Francia les cae encima y los detiene a todos. En aquel momento no. En aquel momento solo cabía la posibilidad de volarlos a todos juntos en la casa en la que se iban a reunir. Ni te cuento las implicaciones que tenía actuar en territorio francés, no te explico toda la literatura, pero el hecho descarnado era: existe la posibilidad de volarlos a todos y descabezarlos. La decisión es sí o no. Lo simplifico, dije: no. Y añado a esto: todavía no sé si hice lo correcto. No te estoy planteando el problema de que yo nunca lo haría por razones morales. No, no es verdad. Una de las cosas que me torturó durante las 24 horas siguientes fue cuántos asesinatos de personas inocentes podría haber ahorrado en los próximos cuatro o cinco años. Esa es la literatura. El resultado es que dije que no.

Y uno lee esto y la tostada se le atraganta. A cualquiera menos a Millás, que parece que pasaba por allí y “la literatura” no le debe de intereresar. Insiste González en que todavía no sabe si tomó la decisión correcta cuando dijo que nones. Por supuesto, a Millás no se le pasó por la cabeza preguntarle por qué no lo sabe. Y nos deja en ascuas. Muerto el perro en el jardín del vecino se acabó la rabia? Imaginen las consecuencias de una bomba en la vecina France. Y la contestación de ETA, por no hablar que, coño, bombas, más bombas dónde se diferencia el Estado democrático del terrorismo libertario? A Millás, esto no se le ocurrió preguntárselo al ex expresidente que no sabía de la corrupción y, claro, tampoco de quien estaba detrás de la guerra sucia desde las alcantarillas del Estado.

No contento González con la confesión dice que tanto Vera (bueno de este es del que está menos seguro de nada) como Barrionuevo y el general Galindo eran inocentes de matar etarras y lo que pillasen por banda. Pero claro, se le escapa lo de Marey:

Respecto al secuestro de Marey, lo único en lo que los implicaron y por lo que fueron a la cárcel… Es que todavía hoy no se puede contar eso… A Segundo Marey lo salva la orden de Pepe Barrionuevo para que lo suelten cuando se entera de que está detenido… Pero, como resulta increíble, ¿por qué vas a contar esa historia? Cuando detienen a Segundo Marey -que nadie ha estudiado ni va a estudiar por el momento, ni yo lo pido, qué era o qué significaba Marey en la cooperativa de Bidart…-, y lo relacionan erróneamente con una especie de intercambio de chantaje con secuestrados que teníamos, con mentira en fechas, yo traté de demostrarlo en el Tribunal Supremo, en la única ocasión que me dejaron hablar. Y no me admitieron una prueba: tenía el intercambio de las comunicaciones telegráficas con Francia para reconstruir aquello. Pero el que da la orden de que lo suelten es el ministro.

Si el ministro “da la orden” de que suelten al desgraciado es que algo sabría y algún poder sobre los secuestradores tendría. Claro, a Millás, obnubilado con lo mal pater que ha sido Felipe para sus hijos tampoco se le ocurre preguntar. Vamos, piensa, con lo de la malversación, de lo que, tampoco eran culpables. Son fondos reservados, fondos de reptiles que se decía antiguamente. No hay recino hay delito, viene a decir el ex presidente y todos contentos. A Millás, como buen escritor, se le pasa. Está más interesado por el presente económico del ex presidente que no está seguro de que el terrorismo de Estado sea bueno o no. Al fin y al cabo, después de dos días de conversación, nunca se sabe si habrá suficiente para escribir ocho páginas.

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