Como ya llevo tiempo en casa me ha dado por pensar que las compañías de teleoperadoras tienen mi número marcado en rojo en su quiniela. Últimamente, menos para ofrecerme un trabajo aunque sea en negro y mal pagado, me llama todo el mundo. Haciendo memoria rápida creo que he hecho dos encuestas políticas (yo era de los que creían que no existían tales encuestas telefónicas y que los resultados que luego salían publicados en las ediciones dominicales de los periódicos se los inventaba un veterano redactor que lleva años encerrado en un despacho, pero no) y he dicho no a un teléfono de prepago que supuestamente salía tan a precio aunque no servía para nada que, después de un cuarto de hora (me aburro), la misma vendedora acabó por reconocer que no valía la pena y acabó por despedirse con ha sido un placer hablar con usted; una suscripción a Jardinería Hoy; y una oferta espectacular (sólo los gastos de envío) por el libro de Saber Vivir. Lo de hacer encuestas, reconozco, me divierte y ante la primera pregunta, ¿cuál cree usted que es el principal problema de Galicia?, suelo contestar a piñón fijo: los gallegos, lo que, desconozco la razón, le hace una gracia de pelotas a la encuestadora (siempre es una mujer) que yo creo que sigue con la encuesta por seguir, porque ya me toma por tarado. Lo del libro de Saber Vivir me ha defraudado un poco. Le dije a la chica que lo lamentaba mucho pero que no me interesaba lo más mínimo tamaña obra literaria y ahí se acabó la conversación. Finito. Yo me quedé un poco desilusionado pues ya tenía en la recámara toda una serie de argumentos con los que rebatir su (inexistente) insistencia. No me imagino nada más jodido que vender por teléfono el libro de Saber Vivir. Sobre todo ahora que ya no está en el programa aquel de busque usted en los pantalones porque su hijo seguro que fuma porros aunque no sepa nombrarme un pescado porque es un analfabeto funcional. Recuerdo a mi abuelo comentando en la mesa lo que por la mañana le había escuchado a Torreiglesias en la tele. Cosas que no hacían sino certificar que ese hombre ha hecho más daño a los viejos que la mitad de las enfermedades que aparecen en el diccionario médico.

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