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Muchas cosas son las que se econden bajo un nombre tan sugerente como The Drip Dry Man, El hombre del goteo seco. Porque como un áspero y duro goteo resuena la voz de este hombre que se acompaña de guitarras construidas ex proceso con latas y cajas de madera y que producen un sonido indescriptible jalonado con los golpes de un farm drum que traslada al oyente a la época en la que hombres orquesta amenizaban las ferias de esos pueblos perdidos en la América más profundamente asquerosa.

Pero nada más lejos de la realidad. Este hombre del goteo seco no es ni del Missisiippi, ni estadounidense. Aunque nacido en Birmingham, el hombre del goteo seco es un bluesman de 24 años criado en Gales y que responde al tan occidental nombre de Rajinder Qumarq. Con su primer disco This is primitive se ha colado en los mentideros más independientes de la música anglosajona y lleva varias semanas de gira por Europa donde ha pasado por España a principios de mes. Un espectáculo, el suyo, que convierte pequeñas salas en salones oscuros y húmedos, impregnados de una atmósfera húmeda y pesada como la que se respira en el delta de ese río mítico que sirvió de cuna en la que mecer al blues más primitivo.

El hombre del goteo seco ha conseguido gracias al uso de instrumentos artesanales un sonido característico. Aunque en ocasiones se acompaña de otros músicos a la guitarra o los teclados, normalmente sale a escena sólo. Tan sólo su voz y una puesta en escena no menos tenebrosa. Frecuentemente aparece con la cara pintada como uno de esos payasos diabólicos que hace llorar a los niños en los circos de perdedores que, a principos del siglo pasado, viajaban de un pueblo a otro repletos de freaks para mayor goce y adoración de personas que se creían a sí mismo normales.

El suyo es un espectáculo que recuerda mucho, por voz y puesta en escena, a un grande de las pequeñas salas llenas de humo y alcohol: Tom Waits. Sin embargo, la voz del gigante no es la única referencia mientras el hombre del goteo seco golpea nuestros tímpanos con su tambor de manufactura casera. Ahí están el recientemente desaparecido Captain Beefheart o Howling Wolf, para muchos la voz más legendaria de la historia del blues de factura más clásica.

Hace años, en una vida que dice haber dejado atrás, Rajinder se encontraba viajando por el sur de Gales bañado en eflubuios alcohólicos, cuando entre sus manos calló una novela titulada precisamente The Drip Dry Man (1963) firmada por un tal Eric Lambert, uno de los históricos del Partido Comunista australiano. Un nombre tan sonoro no pasó desapercibido y Rajinder se convirtió en ese hombre del goteo seco. Seco por su voz y seco porque el propio Rajinder ha dejado atrás aquellos viajes etílicos pese a que su música vuelva, una y otra vez, a recordarnos que no es posible el blues sin la tragedia que propicia el alcohol y el tabaco rancio.

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