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El hombre verde tragaba sin masticar. El joven de la barba era alto como las ramas centenarias. Los hermanos Van der Loostreg callaban la mayor parte del tiempo y Loreen observaba al hombre verde que tragaba sin masticar. Canter había preparado con esmero una cena alrededor de un frigorífico blanco con rejillas metálicas rugosas de óxido. Se parecían a los ojos de Loreen cuando no eran como un insecto de puntillas sobre las hojas de cualquier jardín que tuviera una parra como aquella, de esas con las cepas retorcidas buscándose solidariamente, me recuerdan a dos ancianos sentados de la mano. Loreen era un lagrimal redondo perfecto, repleto, rojo colérico cuando tenía las mañanas de óxido de frigorífico, si, así de vetusta y amarga. Pero no era muy lista, Loreen no era lista. El pequeño de los Loostreg gimió algo sobre un animal que cayó de una montaña, ¡¡paff!! Sobre la mesa. El hombre verde dio un respingo y la sonda que colgaba de su silla se desprendió como una manzana madura encima del desagüe. Todos callaron de repente. Papá, déjalo, yo me encargo. Loreen lanzó una mirada oblicua hacia Tim Van der Loostreg mientras alargaba una rama del hombre alto para alcanzar la bolsa manzana y devolverla a su lugar de origen. Esta nevera sesea, replicó Tim, no me mires así, es la nevera que sesea. ¿No la oyes? Y encogiéndose de hombros, balanceó la nevera de un lado a otro, ras ras ras, ¿no oyes? Prosiguió. Aquel animal era enorme ¿verdad Joseph? Joseph callaba, como casi todo el tiempo. Tienes ideas de tonto, dijo al fin, come y no des la lata. Tim hundió la cara en las lentejas y sorbió ruidosamente. ¡Basta! Comes como un cerdo y hablas mucho peor. Canter descolgó la vista de las tetas de Loreen e intercedió, deja en paz a tu hermano, es una lástima pero no es culpa suya. Cuenta Tim, ¿qué le sucedió al animal? Salió de la montaña, explicaba el pequeño Loostreg. Es verdad, (narraba con los ojos abiertos como un cortinaje teatral) escuchamos algo crepitar en lo alto, si, Joseph estaba en la tienda con el abuelo, por eso no lo vieron pero Megan y yo lo vimos saltar, tenía la boca llena de dientes grandes como los del abuelo, ¡no, más grandes! Te habrían sorprendido Canter, ese oso que cazaste habría muerto entre aquellos dientes. ¿Y no gritaste?, preguntó Canter. Eso es lo que cuenta el abuelo, gritaste más alto y hondo que Megan, ja ja ja. No te burles, increpó Loreen. Es cierto, pequeña, interrumpió el abuelo, pero no fue como un chillido, se parecía más al barullo que meten esos pollos que trajiste de la granja. Vamos, papá… Esta silla de mierda se mueve demasiado Loreen, hay que cambiarla, me piso la bolsa constantemente. ¡Qué asco abuelo! ¿Qué asco?… me cago en tu raza, niño. Tim no pudo en ese momento continuar con la historia de su enigmático y misterioso animal de las montañas. El abuelo había formado un gran desastre en el patio sobre el desagüe al intentar abofetear al pequeño de los Loostreg. Su respiración cansada y grajosa casi les da un disgusto a todos los asistentes. Canter observaba a Loreen quieto como un árbol muerto.

El abuelo de repente hizo girar las ruedas de la silla y de una patadita abrió el estuche que estaba posado al lado de las escaleras. En su interior un viejo banjo con la caja blanca, mástil floreado y tamizado cuidadosamente en los trastes. Le apasionaba el tono marfil. Al verlo, los comensales iniciaron algo como un rito solemne abandonando sus asientos y poco a poco cimbreaban como poseídos por la melodía, un ligero movimiento variado de manos, brazos y gaznate…

I want to come home. It’s been so long since I’ve been away

And please don’t blame me ‘cause I’ve tried

I’ll be coming home soon to your love to stay.

De esa manera, persiguiendo las notas por el aire, ninguno se percató de que el pequeño de los Loostreg se había plantado hacía un buen rato ante la parra advertido por el balanceo liviano de algo que pendía descuidadamente de un hilo, y mientras tanto el abuelo y Lynyrd Skynyrd en el plató de la danza

I want to come home. It’s been so long since I’ve been away

And please, don’t blame me ‘cause I’ve tried

Daba la sensación de que solamente Tim percibía aquella cosa temblando y alzando la mano acompañó el balanceo de derecha a izquierda sin perder el ritmo de ―I’ll be coming home soon to your love to stay― derecha e izquierda, sin perder el ritmo, sin perderse en el ritmo y había que observar el rostro de aquel chiquillo como un hueco de ladrillo, y lo que quedaba de aquel pájaro de derecha a izquierda, abordando un compás ajeno como si las cuerdas vocales del viejo fueran las responsables de sus espasmos y nadie se acordaba ya de la mierda por el suelo, del monstruo o de la cena misma.

Transcurridos unos minutos la música cesó y cada culo a su tablero, la barba muy verde del viejo pegadísima al pecho como si alguien le hubiera pegado un tiro y Canter a lo suyo, golpeándose el corazón con una cuchara de palo ―no puedo más―, jadeaba. Recogió la quijada del pavimento con los brazos larguísimos y se instaló de nuevo en el ramillete de la diadema de Loreen como quien posa la jarra de vino en la barra exigiendo más.

Te quiero, pensó como un bobo allí plantado como si alguien lo acabara de extraer de una lata. Me quedaré esta noche y saldremos a fumar a la cornisa. Así, divagando, unas imágenes tras otras como cuadrados descomponiéndose en el tendal hasta las pestañas de la otra.

―Me encanta como se frotan los dedos de los pies bajo los calcetines, adoro observarlos, moteados por la lluvia o por las babas cuando jodemos rápido. Adoro lentamente joderte rápido. Canter, ―interrumpió Joseph―, la trampa para pájaros funciona ―pausa dramática― y eso último lo has dicho en alto. ―¿Qué? ¡Oh! mierda niño, ¡calla!

Santiago Meis,  Pontevedra (1978) es licenciado en Historia del Arte. Ha impartido clases en la Escola de Arte e Superior de Deseño “Antonio Failde” de Ourense entre 2007 y 2010 y ahora mata sus horas entre los pinceles y la escritura. Jamás habla de política aunque su compromiso en contra de una realidad escrita en renglones torcidos le ha llevado a liderar la candidatura de Esquerda Unida (EU) a la alcaldia de Pontevedra en las próximas elecciones municipales. Otros, la mayoría, sólo hablan.
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