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Es el francés Bastien Vivès (París en 1984) uno de esos jóvenes autores de la nueva ola de la Bande Dessinée franco-belga especialmente dotado para sumergirse en el proceloso mundo de las relaciones personales entre un hombre y una mujer. Con ese esquema de fondo ha puesto en marcha una especie de trilogía iniciada con la magistral El gusto del Cloro y cerrada ahora con la menos brillante Amistad estrecha. En medio, En mis ojos (Diabolo), una de esas obras aparentemente sencillas en las que no pasa nada pero que se arrojan de una complejidad temática y formal que desprenden la maestría de su autor.

Tal es así que En mis ojos se ha convertido, en mi opinión, en una de esas obras de obligada lectura que deja satisfecho al lector una vez cerrada la última página y que ha sido refrendada con una seria candidatura como Mejor obra extranjera publicada en 2010 en la próxima edición del Salón de Barcelona. Lamentablemente, mucho me temo que no se la acabará llevando, dado el nivel de la competencia con un Asterios Polyp de David Mazzucchelli, hoy a todas luces imbatible.

Como su propio título indica el lector se pone en los ojos de un protagonista que nunca vemos ni oímos. Un protagonista que no habla, que sólo ve, oye y siente y, con él, nosotros. Con él asistimos al proceso de enamoramiento. Vemos lo que él, sentimos lo que él…pero desconocemos sus respuestas. Solo podemos intuirlas y jugar a rellenar los espacios en blanco de las conversaciones con nuestros propios pensamientos e intuiciones. Y, por supuesto sensaciones, porque En mis ojos es un enorme juego de sensaciones en el que somos partícipes.

Hay que decir que el punto de partida de Vivès no es original. No lo es en cuanto argumento, el enamoramiento, uno de los temas comunes del cómic de autor haya donde los haya. Tampoco es original el punto de vista narrativo, esa perspectiva en primera persona. Aunque parezca moderno, no hay que llevarse a engaño pues este mecanismo narartivo se pierde en el tiempo y el propio Will Eisner llegó a ponerlo en práctica con su maestría habitual.

Sin embargo, esto no resta ni un ápice de interés a la obra, que destila sensibilidad por los cuatro costados hasta el punto de que es el lector el que siente, padece, se enamora, se decepciona con los avatares que conlleva el inicio de toda relación amorosa. Es el lector el que acaba rendido a esa muchacha pelirroja un poco ingenua pero infinitamente bella en el lápiz de trazo fino de Vives.

Vivès es un dibujante dotado, casi fotográfico en el plano sentimental a pesar de que su dibujo pueda parecer, en ocasiones, desordenado. Su juego de colores es capaz de expresar toda la vitalidad y emoción que el momento precisa captando exactamente las sensaciones de un protagonista que son las nuestras. Así, el dibujo queda convertido en un abanico de sonidos, olores, tactos… en una estructura narrativa que solo contiene seis viñetas por página y en las que el marco ha desaparecido.

En definitiva, un comic especial, intimista y que coloca a su autor en un lugar a seguir. Y eso pese a que el cierre a au trilogía, Amistad estrecha, no ha sido todo lo bueno que debería, cayendo en un tono anodino donde la riqueza de sensaciones acaba perdida en una historia (la fina linea que separa la amistad del amor entre un chico y una chica) que se hace ciertamente previsible.

http://www.dailymotion.com/swf/video/xg1jun?theme=none
LOS CÓMICS POSTADOLESCENTES DE BASTIEN VIVES por BarcelonaVisio

En mis ojos. Diabolo. 2010. Color. 17,95 euros. Valoración (4)
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