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Un avión de la RAF británica listo para atacar terriorio libio (afp)

Con las potencias imperialistas, ya se sabe. Malo por lo que hacen, malo por lo que dejan de hacer. Hace tiempo que el mundo dejó de dividirse en blancos y negros o en azules y rojos como parecía, a ojos del televidente apostado ante una película bélica de los ochenta, donde el Tío Sam viajaba allende los mares para derrotar al demonio comunista. A los rojos les falló el muro, el sistema acabó por colapsar y el malo pasó de comunista a árabe y dictador. La racionalidad ha conseguido, a fuerza de una intervención más o menos justa aunque muy discutible (en la medida de que estaba avalada por Naciones Unidas, Afganistán) y otra a todas luces injusta además de una chapuza en toda regla (EEUU y RU se lo guisaron y el tonto necesario de Aznar hizo lo demás, Irak) que esté de más hablar del enemigo árabe a secas.

Es por eso que el enemigo dictador gana enteros en los imaginarios colectivos, especialmente desde hace un par de meses cuando occidente asistió impasible a las revelaciones y rebeliones acaecidas en el norte de África. Vaya, nos dimos cuenta, no sólo no todos los árabes llevan barba y turbante en donde esconder bombas, sino que nuestros aliados en la zona son unos dictadorzuelos a los que nosotros, países adalides de los derechos humanos y la democracia, apoyamos contra viento y marea. Resultó que el temporal ha sido del tal calibre que Occidente ya no pudo seguir sosteniendo a Mubarack, a Ben Alí, y, a duras penas al señor de Sudán, al de Baharein… Pero, claro, que no se note mucho.

Ya me huelo todas las objeciones en cuanto al enemigo dictador. Ya sé que hay dictadores y dictadores a ojos de Occidente, ya… Pero eso es otro debate y no estamos en él ahora.

Porque en esto, señores, consiste la política exterior y la diplomacia internacional. En un peligroso juego de equilibrios en el que las palabras y frases rimbombantes con las que los grandes estadistas se llenan la boca y hablan ante pabellones de gente enfervorecida, no sirven para nada. Libertad, democracia, derechos humanos… es algo que queda muy bien en los libros de historia pero que no aguanta la comparación con un oleoducto.

Gadafi con Nicolás Sarkozy en 2007 (Reuters)

Con las potencias, decía, ya se sabe. Bueno porque hacen, malo porque no hacen. Por eso, y porque no tengo problemas en reconocerlo, estoy a favor de la intervención militar en Libia. Llega tarde, llega mal, pero parece que a tiempo. Ha costado. Pero ha llegado y todo hace pensar que era la única manera de parar los pies a un animal como Gadafi (un hijo de puta, pero nuestro hijo de puta, lo sé). Aunque sólo sea por el mal que está haciendo en sus discursos con mi memoria. Es igual que uno de aquellos dictadores de las películas de Chuck Norris que tanto daño hicieron en los años 80.

La acción militar decidida el viernes en París a partir de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (sí, ya sé que la ONU no sirve para nada y tiene tanta validez como un mandato de mi madre pero, desgraciadamente, es lo que hay) cumple con todas las condiciones exigidas para la llamada “guerra justa” o ‘ius ad bellum’ (derecho a hacer la guerra).

Por favor, somos ya mayorcitos para seguir haciéndonos pasar por pacifistas. Existen guerras justas. No se trata del qué, sino del cómo y cuándo. Y ahora, en Libia es justa la causa: se trata de proteger a una población civil libia que se ha creído nuestro rollo de libertad y democracia y ha exigido su derecho a buscarlas.  Se trata de impedir que Gadafi (nuestro hijo de puta, pero ya no) termine aplastando a sangre y fuego la revuelta contra su  (nuestra, pero ya no) dictadura. Hay una autoridad legítima que la ha autorizado, la menos mala: el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. O preferíamos repetir el ensayo de Irak.

Zapatero con Gadafi en España en 2007 (efe)

La intención o el objetivo que se persigue es el correcto, y viene incluido ya en la causa. Nunca en la historia de la humanidad hubo una intención y un objetivo más correcto e incluido en la causa que la entrada en la Segunda Guerra Mundial de EEUU, sin cuyo Ejército habría sido imposible parar el despliegue nazi en Europa. Muchas veces he tenido que escuchar en EEUU una estupidez que, no por repetida, deja de tener su cierto grado de razón A fin de cuentas eso es la diplomacia, medias verdades con medias mentiras. “Si no fuese por nosotros, yankees, ahora estarías hablando alemán”. Una frase esta que sería correcta de ir dirigida a un francés, por poner un ejemplo. En el caso de un español, pierde toda legitimidad. Chico lo siento, pero vosotros os parasteis en los Pirineos. Qué habría pasado si EEUU, con la connivencia de los vencedores, no se hubieran detenido en los Pirineos. Y, más aún, qué hubiera pasado si EEUU y los después aliados hubieran decidido en 1936 que una intervención en España podría haber servido para curar males mayores diez años después. ¿Hubiera sido correcto ayudar al gobierno de la República frente a los sublevados? Nadie lo hizo, nadie se lo planteó más allá de pequeños intereses por parte de la URSS y España se comió 40 años de mierda.

En el caso de Libia, también es justa la proporcionalidad de los medios de acción. No seamos hipócritas. Es una guerra, pequeñita, pero una guerra y en la guerra muere gente. Sin embargo, si no se desencadena esta guerra pequeñita, acción de vigilancia, policial, el mal será mayor. La acción militar es el último recurso y como tal debe de ser aplicado cuando Gadafi, como es el caso, ha sido ya conminado a poner freno a su tropelía.

Y, por cierto, es una acción que ha sido reclamada en repetidas ocasiones durante estas semanas atrás por todos. “Qué asco… ¿es que Occidente no piensa hacer nada?”, he escuchado de gente incluso que ahora se coloca la pegatina de No a la Guerra, aunque disfrazada de “No a la intervención imperialista en Libia“. Eso es, no a la intervención, que Gadafi acabe lo ya empezado, que masacre a los muetrtos de hambre que tiene por súbditos y que todo vuelva cuanto antes a la normalidad: El petróleo por lo que vale.

Por eso es una intervención justa. El dictador y sus hijos no solo no han cumplido ninguna de las condiciones exigidas, sino que además han intentado engañarnos (al fin y al cabo ha tenido grandes maestros) diciendo que los rfebeldes son terroristas de Al Qaeda (no sé a qué me suena esto) y que los jóvenes “están drogados”. Franco les llamaba melenudos.

 

Rebeldes contra Gadafi en las calles de Zawiyah (AFP)

Esta intervención tiene el propósito obvio de la paz y permitir a los libios volver a tener la iniciativa para conseguir después de décadas, ser dueños de su destino. Y sí, pueden decir que, también está el petróleo. Claro que está el petróleo pero, ¿acaso no lo estaba antes también? Me da igual, con tal de que los libios puedan escoger su propio camino. O, al menos que tengan la oportunidad de hacerlo.

Por otro lado, hay quien está levantando el fantasma de Irak y vocablos como imperialismo, están poniendo cachonda a una determinada izquierda causante, en buena medida, de su propio desprestigio. En un mundo, complejo como el actual, hay que elegir. Quedarse mirando enarbolando un supuesto pacifismo inane no es una opción.

Es cierto que EEUU nunca da nada a cambio de nada. Tiene derecho a hacerlo. El suyo no s un comportamiento diferente al de Francia (Operación Turquesa, Somalia), RU o Italia. El caso de Alemania es diferente ya que la culpa que arrastra es demasiado pesada.  EEUU tarda en mover ficha pero cuando lo hace deja ver las vergüenzas de una Unión Europea que es más fraudulenta incluso que esa ONU a la que todos criticamos. No hace falta recordar que las potencias de la UE asistieron impasibles a la vergüenza ex yugoslava (pleno corazón europeo) hasta que a un presidente yankee se le puso en los cojones decir basta.

Lugares atacados por la coalición (El Mundo)

 

Mientras la UE miraba, ha sido de nuevo EEUU la que ha llevado la iniciativa hasta el punto de permitir la resolución consiguiendo las abstenciones de Rusia y China (sí, dos ejemplos de democracia, ya lo sé, pero vuelvo a decirlo, ese no es el debate). Pero esta vez, para acallar a quien enarbola los fantasmas de Irak ha dejado el mando de las operaciones a Francia y a RU, dado qeu Alemania ha pasado e Italia… ya se sabe. Por cierto, dos de los países con más intereses en Gadafi. Eso es diplimacia internacional.

Lo de Libia no es Irak tampoco porque Barack Obama y Hillary Clinton no son Bush y el dúo Cheney-Rumsfeld. Algo hemos avanzado, por lo menos.

Podemos, repito, poner todos los reparos que queramos. Hay más dictadores y no se actúa. No somos nadie para hablar de libertad y democracia. La ONU y la UE no sirven para nada. ¿Qué pasa con China y Rusia, no son dictaduras? ¿Y el resto de reinos de Oriente Medio? Podemos discutir sobre el estado líquido del agua que, en el fondo, es discutir sobre política internacional porque con las potencias y los intereses económicos ya se sabe, malo por lo que hacen y malo por lo que no hacen.

Pero, como ocurre con Libia, hay veces que lo poco que se haga, bien hecho está y supone un mínimo chispazo para que la llama de la esperanza siga viva. No se trata de criticar por qué en Libia. En todo caso, se trata de pedir que haya más Libias en Baharein, Sudán y muchos otros paíeses en los que todos podemos pensar.

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