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El pasado 19 de marzo, pese a la interesante oferta de conciertos existente para ese día en nuestra comunidad (Standstill o el duelo de Dos bandas y un destino), el equipo de Bajo Escucha decidió acudir a la capital da Terra Cha al acontecimiento musical que suponía el pistoletazo de salida al curso 2011 de festivales, festivalillos y verbenas varias.

Con nueva fecha en el calendario (antes se celebraba a finales del mes de Agosto) y un cartel en el que se podía ver algo de lo más granado de la escena indie gallega y nacional actual, se presentaba este FIV 2011 como una buena manera de pasar el fin de semana y aprovechar para hacer que Bajo Escucha se estrenase con la primera crónica festivalera.

Tras pasar una agradable jornada de sábado degustando la gastronomía local, alrededor de las 21h nos dirigimos hacia el lugar de los hechos, la Plaza de la Constitución, engalanada para tal ocasión con una carpa que cubría el escenario y los consiguientes puestos de avituallamiento y que acogía además varios puestos con diferentes artículos de compra, como todo buen festival que se precie. En la entrada al recinto nos encontramos con la agradable noticia de que se podía acceder al mismo con cualquier tipo de alimento, tanto líquido como sólido, lo cual unido al hecho de que se trataba de un festival gratuito muestra que aún quedan organizaciones festivaleras que no tienen como objetivo principal a la hora de organizar estas citas obtener el mayor de los lucros posibles. A ver cuánto duran…

Pero vamos ya con lo que realmente interesa, que no es otra cosa que los conciertos:

 

 

Con cinco minutos por encima del horario previsto arrancaron su concierto los vigueses. Si ya de por sí suele ser difícil abrir un festival, todavía más complicado resulta cuando la situación tiene lugar ante no más de 47 espectadores, de los cuales la mitad son individuos bajados de los valles, montañas y desiertos próximos, a los que igual les da que los que toquen sean Munich, Juan Pardo o el mismísimo Ian Curtis resucitado para tal ocasión, y donde el que más bailaba la música que sonaba era un pintoresco elemento subversivo equipado con auriculares, que tanto podía estar disfrutando de la victoria del Barcelona ante el Getafe, que en ese momento se producía, como de la programación al completo de esa gran emisora de radio llamada Cadena Dial.

 

 

Con un sonido menos oscuro que el que les recordaba de una edición pasada del Festival do Norte, los cinco de la ciudad olívica acabaron dando un aceptable concierto que sirvió para dar la bienvenida a los Fivers (muy simpático el nombre) que se iban acercando a la carpa fucsia. Está claro que nos encontramos ante la vigésimo novena copia a nivel nacional de grupo con claras referencias al postpunk más clásico, pero a diferencia de otros y aunque no aporten nada nuevo, por lo menos llegan a ser una buena imitación.

 

 

 

Pasados unos minutos de las 22h, llegaba el primer plato fuerte de la noche con la banda liderada por Rodrigo e Isa. A lo largo de estos años los gallegos han tenido tantas variaciones en su formación titular que ya he perdido la cuenta, y en este caso no iba a ser menos y el cambio afectó a los teclados.
Acercándose al final de su gira de invierno, el grupo ofreció un concierto en el que desgranaron gran parte de su último y alabadísimo trabajo, Año Santo, aderezado con algunos temas del disco con el que debutaron y que en 2007 los aupó a los primeros puestos del indie nacional.

 

 

Desde el minuto uno se mostraron con una gran garra conectando varias canciones seguidas, intensidad que mantuvieron a lo largo de toda su actuación, en la que nos encontramos en la batería a un Rafa Mallo con cada vez mayor peso en los directos de la banda y a una Isa algo menos dispersa y más parca en comentarios absurdos hacia el respetable.

Buen sabor de boca dejado por los gallegos en la carpa, que al final del concierto ya mostraba el gran número de asistentes que se habían acercado hasta la tierra de Don Manuel a disfrutar de la música… o de lo que fuera.

 

 

 

Y llegamos al que inexplicablemente era el concierto mas esperado por el respetable y que depararía la mala noticia del festival. Digo inexplicable porque desde que nos dejaran atónitos con Viaje de estudios y Hostal Pimodán, cuánto ha empeorado la música de los granadinos en sus dos últimos trabajos, llevándose la palma el más reciente Cuando el destino nos alcance. Eso sí, el bajón en su calidad musical ha sido inversamente proporcional al número de público que consiguen reunir en sus conciertos.

 

 

La mala noticia la comunicaba Noni al salir al escenario y no era otra que la de que Alfredo, batería de la banda desde sus comienzos, se encontraba ingresado en el hospital, lo que les obligaba a realizar un set más acústico de lo habitual. Por suerte, la cosa no fue grave y esa misma noche le dieron el alta al enfermo. Ahora bien, mi pregunta es la siguiente: por qué Antonio Lomas, encargado de la percusión del grupo desde la gira del Cronolánea y que ha tocado y toca la batería en otros grupos de su musicalmente hablando prolífica ciudad, no fue el elegido para ocupar los platos en esta ocasión? Quizás en ese caso hubiésemos asistido a una actuación, cómo decir… menos mariquita.

Abrieron el concierto con el “Tokio ya no nos quiere” de su primer trabajo, para luego centrarse en temas del que hasta la fecha es su último álbum, ya mencionado anteriormente. Acabaron los granadinos la escasa hora de concierto con un Noni en plan krooner, pero no a lo Morrissey precisamente, más bien a lo Michael Bublé, deambulando de un lado a otro del escenario ante la admiración de muchas y la incredulidad de unos pocos, entre los que me encontraba.

 

 

 

Continuaron los cinco de Guecho que convirtieron el recinto del FIV en una gran pista de baile, con sus dos baterías haciendo vibrar al respetable. Y es que un festival cerrado por el futbolero Deu y sus secuaces es como una película porno: nunca sabes cómo empieza pero siempre como termina, y en el caso que nos ocupa, el final fue un auditorio entregado y danzando a ritmo de los vizcaínos.

Con un Deu menos bailongo e interactivo con el pueblo llano de lo que nos tiene acostumbrados (y es que no debió de ser a mí al único al que afectó el frío), los chicos que en 2005 se alzaron como ganadores del Proyecto Demo que organiza el FIB, nos deleitaron con su intensidad de siempre tocando temas de los dos trabajos que han publicado hasta la fecha, además de su habitual versión en los directos del “Waiting for the man” de la Velvet Underground.

En los bises de un concierto enteramente dedicado al compañero Alfredo de los Lori, vimos lo mejor y lo peor del mismo: por un lado ese TEMAZO rompe pistas del 3.000V 40.000W que es el “On the floor” (otro temazo de nuestro tiempo), y por otro ese final de fiesta acompañados en el escenario por los integrantes de Munich y Lori Meyers, que por un momento me hizo pensar que me encontraba ante la Orquesta Poligonera Versión 2.0.

A pesar de este último desliz, a los chicos de We are Standard los podemos declarar sin lugar a dudas como los claros triunfadores de la edición del FIV de este año.

 

 

 

Con los acordes de las primeras bailas con las que eMe DJ empezó a amenizar al público que continuaba la fiesta, la comitiva de Bajo Escucha decidió dar por finalizada su labor de cronistas y retirarse a descansar a sus aposentos.

 

En conclusión, creo que organizar un festival en Galicia al aire libre a mediados del mes de Marzo es un poco arriesgado debido al frío reinante. Por otro lado, dejar entrar al recinto a las cámaras de ese nefasto programa que ocupa la parrilla de la telegaita en la noche de los jueves no me parece lo más apropiado, a no ser que la intención del festival sea la de convertirse en una romería para celebrar el final del invierno.

De todas formas, y siempre que el cartel acompañe un poco, en 2012 nos dejaremos caer nuevamente por Villalba, esperando encontrar, esta vez sí, a la prima de Fraga entre las oriundas.

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