Etiquetas

(Foto de @democraciarealya, más de 29.000 visitas)

Ayer estuve en el Obradoiro, una de esas plazas a lo largo del Estado que se han hecho un poco más públicas desde el pasado domingo. Fui llevado, por qué no decirlo, por la emoción: durante unos minutos, a media tarde de ayer, corrió el bulo de que la decisión de prohibir este tipo de concentraciones había sido de la Junta Electoral Central y no de la Povincial de Madrid, como finalmente se confirmó. Hoy llegará la aclaración. En cualquier caso, olí sangre y tiré para allá con Pet. Llegué con la misma confusión con la que acudí a la manifestación del domingo convocada por una plataforma, Democracia Real Ya, que sigue despertando muchas incógnitas, cuya web funciona a duras penas desde el domingo,  pero a la que hay que darle el beneficio de la duda por haber conseguido lo que hasta hace unos meses parecía imposible: sacar a las calles la indignación que algunos llevamos meses mascando en silencio.

La primera pregunta era clara: quién es toda esta gente. Una amalgama rara, una parte de punkis, otra de personas de mediana edad entre las cuales era difícil distinguir a los movidos simplemente por la curiosidad de los cabreados. Un cuarto de modernitos y otro de gente a la que nunca había visto en saraos por el estilo. La mayoría muy jóvenes, todavía en la universidad.

Soy una persona que tiene por mala costumbre acudir a las manifestaciones y, dado que Santiago es una ciudad pequeña, suelo conocer a casi todos aquellos que se convocan detrás de una pancarta. Puedo contar con los dedos de una mano las coincidencias con otras convocatorias. Y he de aclarar que la mayor parte de la gente que conozco es bien dada a acudir al llamado de la pancarta, generalmente si el convocante tira hacia la izquierda nacionalista. Uno de ellos, ayer, me dijo de estos: son uns ácratas, como pudo decir, uns desclasados. Llegué a la conclusión de que los que ayer estaban en el Obradoiro, en la hora de mayor afluencia, unos 600 contando curiosos, eran básicamente gente normal y corriente si es que esto existe, que lo dudo.

Entre los que ejercían de portavoces, cualquiera podía tirar de altavoz, tampoco nadie conocido. De vez en cuando los más veteranos coreaban a un tal Carlos, o Paco, no recuerdo, el cual eludía cualquier representatividad más allá de ser un simple trabajador que emitía sus opiniones “a título personal”. De entre todos los que intervinieron fue el que puso más cordura.

El Obradoiro se convirtió ayer en un ágora abierta a la manera de la antigua Grecia. Hoy, si no lo evitan los de azul, se repetirá en sesiones de 12.00 y 20.00 horas. El debate, la democracia real, es lo que tiene. Que en ocasiones resulta latoso y, a veces incomprensible, hasta el punto de tener que plantearse a mano alzada cuestiones tan peregrinas como el estado líquido del agua. Un ejemplo: antes de comenzar y ante la presencia de las cámaras (EFE y TVG) a alguien se le ocurrió plantear si deberíamos darle consentimiento para que grabasen la escena. Largo y estúpido debate mientras las cámaras no dejaron de rodar. No tiene sentido pedir en manifiesto una libertad real y un periodismo libre de manipulaciones si, acto seguido, los que lo piden pretenden cercenar el derecho de los trabajadores (que no se le olvide a nadie) de los medios a ejercer su profesión. Por lo demás, un movimiento que nace lo que necesita es cobertura. Que hablen mal, pero que hablen. Las posturas estaban ayer claras y fue sintomático que la inmensa minoría que se manifestó en contra del trabajo de los cámaras fuera el cuarto de punkis y perroflautas, que diría PedroJ.

Superado el primer obstáculo, hubo que lidiar durante el tiempo que duró la asamblea con la evidente precariedad de medios. No se puede hacer la revolución con un altavoz de los chinos. Sobre todo en un lugar como el Obradoiro, donde el viento es semejante al que acaricia la cara difícil del Anapurna. En un momento dado, apareció un altavoz profesional pero dio lo mismo. Alguien leyó el manifiesto, que sigue estando ilocalizable en la web de DRY, lo que sigue siendo curioso. Un puñado de puntos con los que cualquiera, con un mínimo de sentido común, debería estar de acuerdo pese a que ayer, en 59 Segundos un avezado tertuliano, los calificó de “pueriles”. Se le notaba estudiado, al ertuliano. Algo semejante le dijeron en su día a Carlos Marx cuando dijo aquello de la igualdad y los derechos de los trabajadores y, luego, la que se montó. A partir de ahí, asambleas y más asambleas para ir concretando puntos. La democracia participativa, ya lo he dicho, puede ser tediosa.

Cuando el movimiento ha estallado en la cara de muchos que antes lo pedían y ahora temen sus consecuencias, surge la gran pregunta: qué quieren los que están tomando las calles. La respuestas es muy sencilla y es también algo muy complicado: democracia real ya. Una petición que, es cierto, hoy puede parecer pueril cuando el sistema ha pasado a ser una cosa de dos que se reparten votos de un rebaño al que es mejor mantener callado no vaya a ser. El lenguaje debe ser usado en su justa medida. Pese a los trending topics (#democraciarealya, #spanishrevolution, #acampadasol, #nonosvamos, #yeswecamp, #notenemosmiedo, #juntaelectoralfacts, #esunaopcion, #tomalaplaza, #pijamabloc. Además de las etiquetas locales (#acampadavalencia, #acampadalgño, #acampadabcn, #acampadaobradoiro…) no es cierto que en España no exista una democracia. La hay y quien diga lo contrario está manipulando. Cómo la ejerzamos y a quién elijamos es algo que compete a los electores. Sólo hace falta mirar a Valencia o, por tirar más cerca, a Ourense. No es cierto como tampoco lo es que haya una Revolución Española que equipara la Puerta del Sol de Madrid con la Plaza Tahrir de El Cairo. Hay una diferencia sustancial: los que han acampado en Madrid o en Compostela, por el momento, no se juegan la vida como ocurrió con los que salieron a las calles en la capital egipcia. Solo una pulmonía.

Pese a la confusión del eslogan No les votes, tampoco nadie ha pedido que no se acuda a votar el domingo, ni siquiera que se vote en blanco o nulo. Lo que hay es una llamada a la reflexión, un grito que se concentra en la frase apaga la televisión y piensa. Ejerce tu derecho, vota, pero hazlo de una manera crítica, entendiendo “crítica” como sabiendo las consecuencias de meter tu papeleta por la rendija. Ese es tu poder, sólo el tuyo y luego no digas que no te lo avisaron. Por supuesto, hay guías.

En este análisis rápido hay una tercera cuestión que merece ser tenida en cuenta. La recepción del movimiento por parte de la clase política y sus sicarios en las mesas de las tertulias. Muchos de los que hace meses se llevaban las manos a la cabeza ante la inactividad de una juventud que soportaba un 45% de paro y un porcentaje aún mayor de precariedad son ahora los que no ahorran calificativos a la hora de referirse a los piojosos que impiden a los turistas hacerse las fotos de rigor en Sol o ante la Catedral. Un ejemplo es Abc que, en su combate diario por el espacio de la derecha rancia, hoy convierte a España en el salvaje oeste y se erige en Sheriff. En lo más profundo de Montejurra no hay nada nuevo bajo el sol e Intereconomía sigue viviendo en los mundos de Yupi.

captura del noticiario de ayer de Intereconomía

Captura del informativo de ayer de Intereconomía

 

Captura del informativo de ayer de Intereconomía

Otros adalides de la libertad ya no sorprenden a nadie con su festival del humor. Aquí el ejemplo más notorio es el escritor más prolífico de la historia de la humanidad quien sigue abusando de las drogas en sus delirios lujuriosos para, ayer, decir que los concentrados de Sol “están en contacto con ETA y tienen entrenamiento de kale borroka”. En los medios públicos como RNE y RTVE, la ley manda y se atan los machos según las leyes electorales. Ha tenido que ser una oyente anónima, una vez más, la que tire de sentido común.

Hay que tener en cuenta de que todo el pollo que se ha montado no habría sido posible sin la inestimable ayuda de un presidente de la Junta Electoral de Madrid, que más que un guardian del sistema parece un infiltrado de DRY. No hay que ser muy listo para saber que basta con prohibir la marihuana para que te entren más ganas de echarte un porro. Claro que poco se puede esperar de unos guardianes que no ven incoveniente en que un bufón reparta billetes de 50 euros en un mítin, y sí en que un grupo de personas libres y sin siglas pidan el voto responsable sin ser interpretados como una amenaza para que el dia 22, los ciudadanos (consumidores) puedan “ejercer libremente su derecho al voto”.

Mientras la derecha oficial calla (dicen que Rajoy es mudo y que los pocos sonidos que emite están pregrabados) y Aguirre dispara con munición de gran calibre y se pregunta por qué le montan el pifostio en su casa y no en la Moncloa, la que se llama izquierda asiste acojonada ante su inminente suicidio. Porque lo que está claro es que si a alguien preocupa lo que está sucediendo, ese es al PSOE (menos a IU, acostumbrada a pagar el pato de una ley electoral que la condena al ostracismo aunque sus posiciones coincidan casi al cien por cien con las reivindicaciones de los manifestantes) que no sabe cómo reaccionar ahora que ha entendido que son gran parte de los suyos los que han salido a la calle recordando en una pancarta que pude leer ayer en la tele: ZP nos has defraudado.

Porque nada molesta más a un izquierdista por muy moderado que sea que el sentirse traicionado por los que dicen representarlo. El PSOE hace siglos que deberia de eliminar de sus siglas la S de socialista y la O de obrero. Para hacer una política de derechas y de corte neoliberar prefiero que la haga la derecha: el PP. Así por lo menos tendré la conciencia tranquila. La socialdemocracia española ha seguido fiel a su estilo: gana por la izquierda y cuando lo hace, gobierna para el centro-derecha; lo que completa la cuadratura del círculo: perder nuevamente por la izquierda. Es una putada lo de la izquierda, que tiende a ser crítica con los que dicen ser sus representantes. En Galicia todavía escuecen las heridas.

En Madrid, Tomás el hombre corriente, trata de abrazar a los sublevados y dice que lo de prohibir no va con él, que ya se enfrentó a ZP. Ahora, para saber el nivel de la masacre que el domingo sufrirá el PSOE, sólo resta conocer si Interior dará la orden de entrar a porrazos en las plazas rebeldes para mayor gloria de la democracia y de las portadas de los medios internacionales. Una amenaza así es mano dura lo que necesita.

Mientras, corre un aire que hacía tiempo que no sentía tan fresco.