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El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en Ferraz. / JAVIER SORIANO (AFP)

El presidente Rodríguez Zapatero llegaba ayer a la sede del PSOE en la madrileña calle Ferraz en un coche tan negro como el color que iba a tener la noche para los socialistas. Lo hizo acompañado del consejero de Telefónica, Javier de Paz. Hay quien se preguntó en calidad de qué, de Paz, estaba tan cerca del líder en su otoño. Muchos, los mal pensados, aventuraron que la llegada no era más que un presagio: perdida la batalla, al líder no le queda otra que el exilio y la multinacional de las telecomunicaciones es más que un retiro dorado. Pero todo tiene su explicación y esta resultó mucho más prosaica que ver al leonés maleta en mano en Barajas rumbo a un exilio incierto. De Paz es hombre de la casa, antiguo dirigente de las Juventudes Socialistas y consejero a propuesta del PSOE.

Salió Zapatero ante los leones cuando no estaba previsto. Y lo hizo siguiendo el guión de la autoinmolación que comenzó a poner en práctica el 9 de mayo del año pasado cuando los teléfonos de la Moncloa no pararon de sonar ante la amenaza de o reformas o rescate. Zapatero eligió la primera “cueste lo que me cueste” y ayer se vio que el primer peaje ha sido muy caro. No hizo falta que Fran P. utilizara su afilada pluma: sólo tiró de la historia: “en el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo han alcanzado las tropas Nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado…” Y lo de ayer sólo ha sido el principio.

A unos cientos de metros, Génova era una fiesta, sin tiendas de campaña pero llena de catequistas tan emocionados como si el Papa fuera a salir al balcón a bendecir a toda la prole congregada. Mariano Rajoy, tan exultante como lo puede estar un tipo carente de la más mínima empatía social, salidaba a las barras bravas del partido. Las mismas que hace un año pedían, en el mismo sitio, su cabeza al grito soterrado de maricomplejines, ayer bailaban a ritmo de Shakira, que hasta parecía que la copa dorada iba a hacer acto de aparición sostenida por Esperanza. El de Pontevedra es uno de esos políticos con especial querencia a soltar frases para la historia aunque la historia, en ocasiones, le estalle en la cara. Ayer no fue una excepción y entre la euforia general articuló unas palabras que bien podrían servirle de epitafio: “Yo mañana me voy a poner a trabajar”. Estos ramalazos de sinceridad son lo que hacen de Rajoy el vivo ejemplo de lo que más le gusta: la gente normal y corriente, en caso de que exista. La celebración era tanta que a falta de un viva el vino, Mariano pareció en un momento tirar de hemeroteca y, como un leonés en un lejano 2004, se creció: “Les aseguro que no se van a arrepentir nunca’, dijo amarrado a la barandilla y flanqueado por Abott y Costello que dejaron lo recelos y las miradas de soslayo para una mejor ocasión. A más de uno a pie de calle se le heló la sangre. Si toda promesa es difícil de mantener, hay algunas que implican una soga al cuello del que las hace. En Génova el futuro está despejado y la larga marcha hacia la Moncloa parece que, desde ayer, está a tiro de piedra. Entre tanta euforia habrá que ver ahora si los populares son capaces de seguir instalados en ese perfil bajo del que han hecho gala hasta el momento. Sin habernos dicho plan de gobierno alguno van camino de gobernar. Por qué hacer hoy lo que ya verás que hago mañana. Nadie pide cuentas. Es posible que cuando nos despertemos del sueño lo hagamos a golpes.

 

Políticas ficción y la excepcionalidad municipal

Un rápido análisis de los resultados de la noche electoral del 22-M arrojan una serie de titulares que bien podrían ser encuadrados en la categoría de política ficción que no deja de ser otra cosa que cualquier futurible electoral. Una victoria del PP en las elecciones generales previstas para el año próximo parece segura. Solo resta saber por cuánto. No es esta una conclusión infalible ya que las hemerotecas están para ser consultadas y hace cuatro años, el PP ya superó en votos al PSOE en las municipales para luego perder las generales. Ocurre que ahora la distancia de los azules sobre los rojos es mucho mayor lo que la hace difícil de revertir. Con los resultados en la mano el PP se situaría a 13 escaños de la mayoría absoluta en el Congreso, con 164 diputados, según algunos análisis. El hundimiento del PSOE sería tal que la derrota de Almunia en 2000 pasaría a ser considerada una anécdota y el arco parlamentario sería testigo de la entrada de partidos minoritarios, algunos tan saludables como la ultraderecha catalana. A veces, la democracia nos estalla en la cara.

Mariano Rajoy celebra el triunfo del PP en las elecciones del 22M / DANI POZO (EL PAÍS)

 

Es cierto que lo de ayer fueron unas municipales. Pero unas municipales que han dejado el mapa de España del mismo color que un sugus de piña. Lo que ocurre con las municipales de ayer es que a) el bipartidismo ya no es un problema y b)lo de que la Moncloa resista hasta mayo del año que viene va a ser tan difícil como lo de aquella aldea gala rodeada de campamentos romanos con la salvedad de que aquí no hay pócima que valga. Para el optimismo, el análisis que ayer mismo me volvía a hacer un socialista: lo más positivo de llevarte una hostia de esta categoría es que la hostia ya te la has llevado y ahora sólo te queda reponerte de ella a sabiedas de que el dolor no va a ir a peor. Lo de la militancia es algo muy parecido a la fe, por eso hay quien cree en el PSOE que, si bien en un año mantener la presidencia es más que una quimera, el castigo infligido ayer hará que los descontentos (nuestros) impidan una mayoría absoluta del PP. Nadie duda que en ciertos sectores, la sola mención del bigote del inefable sigue siendo suficiente para montarla.

El último de Filipinas ya ha demostrado que le va la marcha. Ante la amenaza de siucidio colectivo, es el cadáver es el único capaz de mantener la cabeza fría. Rodríguez Zapatero tiene, al menos, dos razones para evitar el adelanto electoral. La primera es de simple sentido común y ayer mismo, ante los leones, lo dejó claro: quedan pendientes de aprobar algunas reformas contra la crisis por lo que no puede permitirse el lujo, con los tiburones oliendo sangre, de abrir un paréntesis para unas elecciones que supondrían, al menos, unos dos o tres meses de impasse. La otra es puramente visceral y por lo tanto se la guardó: el PSOE necesita respirar y como los ejércitos derrotados tras una batalla, reorganizarse para un nuevo choque de la guerra. Es preciso que el resultado de ayer se vaya diluyendo en la memoria de los peces de los españoles antes de que tengan una papeleta entre las manos nuevamente. Por lo demás, a nadie se le escapa que el PSOE afronta ahora una lucha fratricida y nadie como los socialistas para despellejarse en guerras civiles. Chacón permaneció ayer (como en toda la legislatura) desaparecida en combate. Rubalcaba ejerció de ministro pero su calva y sus ojeras aumentaron superficie a medida que las computadoras escupían pocentajes. A ver quien el es guapo que se atreve a coger una nave cuyo rumbo parece inalterable hacia el acantilado.

Insisto: lo de ayer fueron unas municipales y se trata ahora de ver cómo el PP, con el abanico de poder más grande de su historia entre las manos, gestiona la bicha que nadie ha mentado durante la campaña: el grueso de la deuda española está precisamente en las administraciones que ayer estaban en liza. El PP va a tener que poner en práctica ahora su repetida teoría de la austeridad. Cuando la tijera se convierta en realidad tangible vía funcionariado y servicios básicos (sanidad y educación) veremos cómo responde una sociedad a la que el grueso de la crisis todavía no ha golpeado de lleno. Las comunidades no han tenido su noche de cristales rotos, la misma que sufrió Zapatero el pasado 9 de mayo. El presidente se convirtió en el bellaco que denuncia y acometió el mayor recorte del gasto público de la democracia española. Y lo hizo defraudando a los que lo habían aupado a la Moncloa, muchos de los mismos que ayer se lo recordaron.

 

Sin noticias de la Izquierda

Los resultados de ayer volvieron a certificar que a la izquierda del PSOE (si es que el PSOE sigue siendo izquierda) sigue haciendo mucho frío. Cayo Lara seguía esta mañana insistiendo en lo que parece una batalla perdida por lo complicado que es de trasladar a un electorado. En la Ser volvió a reclamar un cambio en la Ley Electoral situando ahora el ejemplo en Castilla-La Mancha, donde ha habido más votos de izquierda pero ha ganado la derecha. Sin embargo, un escrutinio más profundo de los resultados no arroja nada bueno para la coalición. En las municipales, la ley electoral no es tan importante, con el PSOE victima de la masacre y en medio de una crisis sin precedentes IU sólo sube poco más de un punto: del 5,48% del 2007 al 6,31% de 2011. El PSOE ha perdido un millón y medio de votos, sólo 200.000 los ha pescado IU. Es cierto que crecen en votantes y concejales y que vuelven a los parlamentos de Castilla La Mancha y Extremadura (donde serán llaves de Gobierno). Pero también que han perdido su emblema: Córdova.

 

La esperanza se llama Bildu

De los de ayer hay otra lectura interesante. A medida que se conocían cifras, algunos comentaristas no disimulaban su estupor. Más escándalo causaban los resultados de una candidatura hasta la fecha inmaculada como la de Bildu que los cosechados por muchas más manchadas por la sombra de la corrupción. El ejemplo flagrante es Camps que volvió hacer buena ayer una máxima de la política española: sólo a la izquierda le pasa factura la corrupción en sus filas, ahí está Andalucía. Lo de Bildu es, para mí, además de una llama de esperanza, la única noticia positiva de la noche y la constatación de que el final del terrorismo será político o no será. No se puede meter en la cárcel al 25% de la población de Euskadi. La coalición formada por Eusko Alkartasuna, Alternatiba y los abertzales se convirtió en la primera fuerza en Guipúzcoa y la segunda en Vizcaya, por encima de todas las previsiones. Es hora de que los pistoleros tomen nota ya que se repite la historia: el independentismo vasco agradece el silencio de las pistolas. El 22-M fortalece a los pragmáticos abertzales frente a una ETA que sobrevive escondida a duras penas. Ahora el nacionalismo es de nuevo mayoría en las instituciones y se complica mucho la formación de gobiernos municipales y forales. El Gobierno de Patxi López, de la mano del PP, tiene un futuro incierto.

Este sapo tendrá que ser compartido pero hay otros que se comerá sólo el PP. El primero se lo servirá al propio Rajoy un Cascos que buscará olvidar la afrenta sufrida hace meses con las cabezas de algunos ex compañeros de partido. Rajoy, como es costumbre, accederá a las peticiones de sus barones como rey feudal carente sabedor de la necesidad de contar con el apoyo de ejércitos ajenos para mantener el trono.

Spanishnorevolution

La excepcionalidad parece haberse convertido en la norma de las elecciones de los últimos años. Ayer, de nuevo una circunstancia singular, empañaba la cita con las urnas. Aunque, la verdad sea dicha, su incidencia apenas se dejó notar más allá de en los titulares. Si, como anunciaban, los partidos no representan a los manifestantes de las plazas, cabe suponer que, estos manifestantes acogerán como ajenas a las instituciones que vomitaron ayer las urnas y en las que están presentes la mayoría de las formaciones repudiadas. La pregunta es si se atisba ahora una crisis institucional además de social y política. Más allá de los árboles el bosque está claro: por muchos titulares, los que están acampados al raso en las plazas de España y los que los acompañan a ciertas horas del día siguen siendo, pese a que la cobertura mediática pueda hacer creer otra cosa, una inmensa minoría. Descontenta sí, pero minoría. La verdadera protesta comienza ahora. Cuando los políticos responsables no tengan excusa para aguantar a los azules dentro de sus lecheras y cuando los días sobre la dura piedra y bajo la fría noche comiencen a pasar factura. Ayer en Génova faltó tiempo para reclamar un desalojo. Nada como el olor de la sangre para enfervorecer a las masas.

 

Imagen de Sol, ayer, durante la noche elctoral. PEDRO ARMESTRE (AFP)

La peor noticia para los acampados son, como siempre, los números: la participación fue un 2,26% mayor que la de 2007, con lo que el discurse abstencionista ha sido superado.   Los votos en blanco y nulos superan en más de un punto a los emitidos en los comicios anteriores, de 3,09% a 4,23%, según datos del Ministerio del Interior. Poco premio aparente. De ser una fuerza política, blancos y nulos serían la cuarta más votada, por delante de Convergència i Unió (3,46%), y por detrás de Izquierda Unida (6,31%). En concreto, los votos en blanco han aumentado un 0,62% -de 1,92% a 2,45%-, su mejor marca en democracia, y los nulos en algo más de medio punto -de 1,17% a 1,69%-. En cualquier caso, el llamado Movimiento 15-M no ha supuesto una desmovilización de votantes. El 66,23% de los electores ha acudido a votar, frente al 63,97% de los comicios anteriores, lo que supone un aumento de la participación de 2,26 puntos. La abstención cae del 36,03% al 33,77%, un dato a tener en cuenta por las plataformas al frente de las protestas a la hora de planificar el futuro camino a seguir.

Conde Roa, ayer, celebra su victoria en Santiago. (XOÁN A. SOLER, La Voz)

 

 

Galicia renuncia a su singularidad

En clave gallega, la cosa resultó como se esperaba y el país sigue a piñón fijo en el camino iniciado hace dos años cuando el bipartito PSdeG-BNG fue desalojado de San Caetano. No existe excepcionalidad gallega. Galicia, lamentablemente nunca será como Euskadi y mucho menos Cataluña. Y no lo será porque no lo quieren así los gallegos, contentos con el papel secundario que hace siglos nos impusieron y que desde entonces nos empeñamos en mantener más allá del recurso al victimismo (que enarbola una derecha más madrileña que nunca) y al mexan por nós e temos que dicir que chove. El nacionalismo aguanta a duras penas y pierde cotas de poder en Santiago y A Coruña por vez primera en manos populares. Hoy el día en más plomizo en Compostela y hay quien piensa que a la Nasa le quedan dos telediarios si Conde Roa cumple su amenaza de cerrar la sala cultural por su filiación filoterrorista. Si la amenaza se cumple nunca habrá tenido Santiago una excusa mejor para tirarse a las drogas y el botellón con todas sus consecuencias. Pontevedra se afianza como plaza fuerte nacionalista. Lo que es una realidad aparentemente antinatura (Pontevedra es cualquier cosa menos una ciudad nacionalista) se erige como la excepción que marca la regla de la política errática del Bloque. No es que el BNG no entienda Galicia, lo hace perfectamente, lo que pasa es que no le gusta lo que ve. Después vienen los resultados. Lores, enfila su cuarta legislatura sabedor de que el poder bien vale un lavado de cara dogmático. Y lo ha hecho un tipo de la U. El PSdeG… los socialistas gallegos siguen confirmando su inutilidad como agente político en Galicia demostrando su vacio identitario además de ideológico. La pérdida de A Coruña, más allá del titular son pura lógica natural. Tanto Paco Vázquez como Javier Losada eran accidentes evolutivos. Tan socialistas eran ellos como el popular Carlos Negreira que ahora pondrá las cosas en su sitio en una ciudad incapaz de ver más allá de sus límites municipales. Lo de Ferrol simplemente no tiene explicación en una ciudad de naturaleza esquizoide y con tendencia a vuelcos electorales cada cuatro años. Es la dualidad de una ciudad encajonada entre el uniforme de la marina y el mono de soldador que tiempo ha que está colgado de una percha donde no se vea.  Lugo y Ourense no se movieron. Si lo hicieron las diputaciones que vuelven todas a manos populares, salvo la de Lugo. Aquí no hay nada de qué preocuparse. El PSdeG volverá a la coherencia y seguirá  sin reclamar su supresión en un gesto de austeridad bien entendida, lo que en el caso de los socialistas gallegos ya es mucho que decir.

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