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Manel Fontdevila

Hace tiempo ya que Europa demostró carecer de un House. Pese a la mala hostia que se gasta con sus pacientes, léase Grecia, y a que el primer remedio impuesto ha sido a todas luces inútil, los gerifaltes de la UE insisten en seguir sangrando a los griegos como los médicos en la Edad Media al paciente moribundo. Hasta la última gota. Si muere a causa de la enfermedad original o desangrado carece de importancia en una Bruselas que no había estado más dividida desde que los Ex Yugoslavos, en los noventa, se echaron a las calles a practicar el deporte que los había hecho famosos a lo largo del siglo XX.  Cuando los griegos digan basta, siempre podrá salir un alemán a advertirnos de que ellos ya lo sabían, pero que nadie les hizo caso. Una pena que pese a los esuerzos de todos, no quede ya otra opción que la de comprar, ahora como si de una leira en el Pedroso se tratara, una de esas islas griegas que tan bien quedan en las fotos de los que se van de crucero. Claro que llegados a este punto, advertirá el avispado germano, comprenderán ustedes que los precios del mercado han variado considerablemente. No se descarta que en los próximos días aparezca una partida de musakas en mal estado.

Marx se equivocó (con un titular así Pedrojota te monta una portada). El espectro que recorre Europa ya no habla francés como hace un par de años ni tampoco pide la reundación del capitalismo. Ahora se ha reencarnado en una tabernera de la baja Baviera que, al grito de capitalismo o muerte, mantiene en vilo a los demás países de la anciana Europa. EEUU está a su bola enfilando ya la enésima carrera electoral en la que, como hace sesenta años, el negro es el trofeo.

En Grecia van por la tercera huelga general y el enésimo gobierno de Papandreu, aunque por el apellido podría ser el mismo de los últimos cuarenta años. Y es que hay países que no necesitan borbones porque ya están otros para cuidárselos. El caso es que la oposición griega, haciendo gala de lo que se espera de una oposición, ha decidido jugar a tú la llevas y aguarda impaciente recoger la nave a la deriva. No le será difícil ya que fue precisamente ahí donde la dejó la última vez que tuvo el timón entre las manos. Imagino que en las cuentas griegas estará contabilizado el monto de lo que ellos dieron hace un par de años para salvar a un mercado que ahora pide hasta la última piedra del Partenón. Es el capitalismo inútil!!

Un tertuliano venía a decir ayer en una radio progubernamental que las revoluciones, como las bicicletas, son para el verano. Según él todas las grandes revueltas de la historia (y cito) se habían producido bajo altas temperaturas. Equivocado estaba uno que siempre ha creído que en febrero en Rusia hace un frío del carallo y ahora tampoco consigo imaginarme a los bolcheviques de Lenin bañándose en las aguas del Volga en pleno octubre. Que se aten los machos en Atenas donde el verano es demoledor.

El caso es que lo del calor venía a cuenta de lo de Barcelona y sus señores diputados siendo abucheados y vilipendiados (La Razón parecía hoy echar de menos un diputado muerto que poner en su portada) por los indignados que viene siendo un calificativo que vaya usted a saber ya qué significa: antisistema, perroflauta, putojipi o terrorista en vista de cómo se las gastan los ofendidos en sus declaraciones.

No seré yo quien defienda a aquellos que le amargaron ayer el día a los señores diputados pero me da por pensar que estaría bien disponer de un helicóptero en el que salir cuando no me quiero encontrar de frente al jefe que pide mi cabeza a causa de una crisis que yo no he provocado por dejación de mis responsabilidades.

De los sucesos de ayer y sus lecturas me quedo con esta y me llama la atención lo leído en determinados comentarios en los que sobra la carga política que dicen que le falta a un movimiento que sigue siendo una gran incógnita. Da la sensación de que a cierto nacionalismo, lo que más le jode del 15M es que le haya salido un hongo borroko que le dispute el derecho que creían exclusivo de llevarse las hostias por parte de la policía.

Yo lo de gritar en público lo llevo tan mal que un día en el Obradoiro, en medio de la efervescencia de la grada, un tipo me preguntó si me estaba aburriendo con el partido. Como Aznar con el catalán, soy más de berrearle al televisor en la intimidad de mi salón. Pero hay cosas que hacen que uno se plantee sus escrúpulos. Por ejemplo, a diferencia del señor Jaime Botín, a mi la declaración me sale a pagar exactamente 165,3 euros. Y eso que llevo desde diciembre de 2009 en paro. Pero va de retro que alguien le pida explicaciones a una su señoría a las puertas de la mismisima casa del pueblo.

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