Etiquetas

Amy Winehouse

 

Hay quien dice que el obituario es el más puro de los géneros, el momento en el que se desatapan todas las esencias para re-descubrir al desaparecido. Hoy la noticia -asesinos de masas aparte- es la desaparición de Amy, la última gran dama de la canción. Como si de una broma infinita se tratase Amy muere a poco de cumplir los 28 haciendo buena, una vez más la cifra de los 27 para pasar a la historia maldita de los genios de la música (Brian, Jim, Jimy Janis, Kurt…) Como ellos, Amy vivió rápido y su cadáver no ha debido de ser precisamente bonito víctima de sus excesos. No siento nada con su desaparición. Más allá de discursos de cara a la galería, Amy vivió como le dio la gana y se metió y se bebió lo que quiso. Puede que precisamente gracias a sus excesos, hoy Amy se haya convertido en historia. Amy consiguió ser un personaje de sus propias canciones y que nadie se equivoque, más allá de un talento infinito para revivir el recuerdo de las voces más rotas que son las más hermosas, eso era lo que más gustaba al común de los mortales. En el fondo, a todos nos sentimos atraidos por el cuento de la niña rebelde. Los mismos que hoy lamentan su pérdida y montan funerales esporádicos en las esquinas de Candem disfrutaron comentando con sus conciertos fallidos en los últimos dos años. El último en Serbia, fue un espectáculo digno de una mala boda y se convirtió en trending topic para jolgorio general. Amy vivió y murió (suponemos) como quiso, en una huída perpetua hacia ninguna parte y con el equipaje repleto de sustancias de dudosa reputación. Puede que alguien quiera decir que en el fondo fue una víctima, de sí misma, pero también una una industria musical ávida de nuevos éxitos. Nadie debe olvidar que esa misma industria musical fue la que la elevó a categoría de icono mundial y a nadie le gusta prescindir de su gallina de los huevos de oro. Basta echar un vistazo al reverso positivo en sus competidoras. Niñas buenas como Duffy o Adele pero tan lejos en calidad artística como mortalmente abrurridas. Somos así y con una muerte anunciada desde hace tiempo, el espectáculo debe continuar.

Anuncios