Alfredo Pérez Rubalcaba

Lo malo del anuncio de Rubalcaba es que después del listado de palabras buenrollistas sale un señor calvo y con barba que no sabemos si nos está vendiendo un móvil lleno de posibilidades o una compresa de máxima absorción y con alas. El Psoe está echando el resto y como lo de militar es cuestión de fe, la tropa está convencida de que en la cita con las urnas se van a salir del mapa. “Lanzamos un cohete”, se dijo el día de su proclamación como candidato en el Palacio de Congresos de Madrid. Esperomos que el cohete no acabe igual que un 28 de enero de 1986 en Cabo Cañaveral.

Conozco a muchos militantes. Incluso a algunos los considero mis amigos pero siempre tiendo a tratarlos como trataba a mi madrina Preciosa, ferviente creyente en Dios que no en la Iglesia pese a que no faltaba a su cita cada domingo: con sumo cariño y con algo de envidia. En ocasiones me gustaría creer. Sujetarme a algo, una idea, un sentimiento etéreo que me sirviese de asidero ante el precipicio de que hay al otro lado de la ventana. Por eso admiro a los militantes, porque lo suyo es todavía más difícil que lo de los creyentes. Los militantes creen en una idea, sí, pero necesariamente esa idea tiene que ser puesta en práctica por un hombre y creer en el hombre se me antoja, a estas alturas, algo así como creer en Papa Noel.

En casa Psoe creen en un tipo calvo y con barba. Un corredor de fondo de la política que en las pistas coqueteó con la velocidad. Como todo militante están convencidos en la victoria segura aunque en secreto e conforman con la honorable derrota. El fantasma del 2000 sobrevuela Ferraz cuando otro señor, también calvo y con barba, hiciera el ridículo delante de un por aquel entonces poco carismático Aznar. Aquel señor sigue siendo calvo pero ya no lleva barba y hoy ha hecho carrera en Europa que es donde acaban todos los inútiles fagocitados por las políticas nacionales. Y luego alunos se preuntan el por qué del descrédito de las instituciones de la UE.

Las próximas elecciones generales son todo un reto a la lógica de la política. Hasta hace no mucho tiempo cualquier especialista en márketing político sostendría que hay dos cosas que, por nada del mundo, debe tener un candidato: ser calvo y llevar barba. Sabedores en el Psoe de que la cosa no puede estar más difícil cuando hasta los tuyos te dejan a los pies de los caballos, han deciidido jugarse el todo por el todo con la intención de romper encuestas, estadísitcas e historia. A fin de cuentas, pensaron, si en el banquillo contrario hay un señor con barba a secas como definió The Economist a sosoman Mariano, la cosa ya empieza a la baja. Y este el verdadero drama que nadie quiere ver, por eso los partidos de hoy se dedican a hacer anuncios de compresas para sus seguros compradores en lugar de política para los ciudadanos.

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