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Primero fue la prensa la que se dio cuenta de que en eso de los cómics había pasta. No en vano el cómic como medio de masas alcanzó su primer clímax en las publicaciones diarias de la prensa de principios del siglo pasado de la mano de magnates como W.R. Hearst o el mismisimo Pulitzer. Ambos, de hecho, constataron que había tanta pasta que tuvieron más que palabras a cuenta de una de las series consideradas hoy fundacionales del medio, Hoggan´s Alley, más conocida como The Yellow Kid.

Después fueron los editores quienes, visto lo visto con la prensa ordinaria, decidieron cambiar la publicación de revistas pulp por revistas de cómics a secas: nació el comic-book que todos conocemos. Las historias se hicieron más largas (to be continued) y los primeros héroes de la ciencia ficción herederos del pulp (Buck Rogers, Flash Gordon, Trazán, Mandrake, The Phantom, etc.) dieron paso a los primeros superhéroes conocidos hoy por todos: Superman, Batman, Spiderman, Wonder Woman y el Capitán América.

Mucho ha llovido desde entonces hasta el punto de que los cómics han pasado de ser objeto de burla y ataques por cuanto supuestamente contribuían a la degeneración de nuestros jóvenes (años cincuenta y el nacimiento del Comic Code) a ser hoy elevados a la categoría de obra de arte. Entretanto, Hollywood, que está a todo, combate la sequía de ideas que padece desde hace años con la recreación de los héroes de la viñeta en adaptaciones, con mayor o menor fortuna, para la gran pantalla. Los últimos años han sido especialmente escenarios propicios para la invasión. Ya que no hay ideas, por lo menos que los fans se arriesguen previo paso por taquilla.

Es cierto que la gran industria editorial también se ha aprovechado de ello a base de reediciones de viejos títulos en lujosos y caros volúmenes para profanos y neófitos. V de Vendetta y Watchmen (aquí lo de matar al héroe es ya casi deporte) son buenos ejemplos. Especialmente el segundo, una de esas obras maestras del género sobre las que es posible discutir largo y tendido en relación a cómo le han sentado los años y cuya versión fílmica está la altura de las expectativas, pero cuyas reediciones más que libros son una trampa mortal para el que se atreva a llevárselos a la cama por la noche: corre el riesgo de morir por aplastamiento.

Entre diferentes medios pues, retroalimentación. Dentro del medio, transformación o muerte. En este sentido se entienden las decisiones por parte de las grandes editoriales (Marvel y DC) de jugar a matar -y llegado el caso, resucitar-, a los iconos de las viñetas. Al menos se aseguran dos cosas: peleas por el número de la muerte del héroe y peleas por el número de la resurección y/o la reencarnación del mismo.  Desde las editoriales dicen que este magnicidio de enmascarados cumple dos funciones básicas. Por un lado, relanzar aquella colección que no pase por sus mejores momentos. Por otro, la adaptación a los tiempos y a los escenarios de lo que llamamos realidad.

Y no cabe duda que es un buen negocio. Tanto que esto de matar al superhéroe iconico se ha convertido ya en vicio que, como todos, puede resultar algo cargante, impostado. El último en perecer por obra y gracia de los designios de sabe dios quien ha sido Spiderman. El Hombre Araña tal y como lo conociamos ha dejado de existir, al menos en parte. Nada que objetar a la desaparición del viejo Peter Parker. A decir verdad me cargaba bastante este tipo. Ahora bien, tengo que reconocer que es probable que mi percepción se deba en buena medida a que desde que vi a Tobbey Maguire colgarse de los rascacielos de Manhattan haciendo de Spidie, cayó sobre este actor mi odio eterno y puede que, por extensión, sobre el mismo personaje.

Lo llamativo es que esta vez se trata de una muerte a medias sin que por ello no dejen de valer los argumentos explicativos expuestos anteriormente. Peter Parker moría hace un par de meses, sólo en la serie Ultimate, no en la regular y la editorial, Marvel, ya avisó de aquella que habría otro Spiderman. Hay que decir que en esto consisten más o menos estas series paralelas: en estirar el maná hasta el infinito. Un rollo pero que permite que los nuevos lectores puedan acercarse de vez en cuando a una colección como si acabara de empezar.

Miles Moreno en el papel de Spiderman (Marvel.com)

El nuevo héroe, y su identidad que es lo importante, se conoció ayer con la llegada a los kioskos de EEUU del número 4 de la serie Ultimate Fallout, miniserie que supone la continuación del arco arumental conocido como La muerte de Spiderman. El uevo Hombre Araña, se llama Miles Morales y, oh! casualidad, es negro e hispano a partes iguales. ¿Recuerdan eso de tener un ojo puesto en la realidad? Pues, una vez más, los mandamases de la todopoderosa Marvel han dado una lección de perspicacia. A fin de cuentas, Obama, ya se había dejado caer por las páginas de Spiderman poco después de aterrizar en la Casa Blanca.

La historia tiene a Brian Michael Bendis, Jonathan Hickman y Nick Spencer al mando de los guiones, mientras que las viñetas corren a cargo de Sara Pichelli, Salvador Larroca y Clayton Crain. La portada del nuevo número es de Mark Bagley.

Portada de Ultimate Fallout nº4

Portada de 'Ultimate Fallout' nº4

Bendis, un escritor que goza de una fama desmesurada en los últimos años y al que este servidor aun le cuesta cogerle el punto (no sé si me gusta o no) llevará la voz cantante en el proyecto y quizás, para curarse en salud y prevenir alguna que otra crítica ha tirado de guión conocido. “El tema es el mismo: un gran poder conlleva una gran responsabilidad […] él va a aprender eso, luego tendrá que darse cuenta de lo que significa” y bla, bla, bla. Lo único que me viene a la cabeza ahora es qué será lo próximo si los números no resultan los esperados.

El último de una larga lista
La muerte y posterior resurección de Spiderman es la más reciente pero seguro que no será la última. Haciendo un repaso rápido a las víctimas que el cómic de superhéroes carga a sus espaldas me salen ya unos cuantos empezando por su gran icono, Superman.

Portada de nº 588

El luto más reciente se vivió también en la casa Marvel cuando los directivos decidieron que 4 Fantásticos eran una multitud por lo que se cargaron a La Antorcha Humana. Fue en el número 587 de la serie reular americana cuando el fuego de Johny Storm dejó de arder para siempre. Exactamente 50 años después de la creación de la familia por parte de Stan Lee y Jack Kirby.

Lo cierto es que la vida de los 4 Fantásticos ha estado llena de vaivenes: la Cosa abandonó el grupo durante un tiempo -se fue a su propioa serie y no podía compaginar el tiempo-, por lo que fue sustituido por She-Hulk; el Dr. Reed Richards, Mr. Fantástico, amagó con la muerte a manos del Dr. Doom, mientras su esposa Sue Storm, la Mujer Invisible y hermana de La Antorcha, también estuvo a punto de irse al otro barrio.

El caso del Hombre de Acero es sintomático y habría que hacérselo mirar. El tipo se ha ido a criar malvas ya unas cuantas veces. Lo de morirse es rentable, a fin de cuentas. De todas sus muertes, la más lucrativa para DC tuvo lugar en 1993, momento en que las ventas del personaje pasaban por un bache. Para hacer el trabajo sucio apareció un tal Doomsday, un monstruo llegado de Kripton, planeta natal del superhéroe, empeñado, como no, en acabar con el mundo. Se dieron tanto el uno al otro (cuatro capítulos) que al final acabaron palmando los dos, si bien la estirada de pata de Superman es memorable en brazos de Louis Lane que, para colmo, acababa de pasar por la vicaría. La serie fue un éxito en todos los sentidos y hoy se puede tener completa en uno de esos volúmenes-arma que todo buen coleccionista debe almacenar si el bolsillo se lo permite.

Otro de los grandes en pasar por la funeraria ha sido el Capitán América. Creado en 1941 por Joe Simon y Jack Kirby con la identidad real de Steve Rogers y a punto de estrenar película, durante la década de los cuarenta se convirtió en uno de los iconos de la lucha contra el nazismo y fue utilizado como reclamo patriótico. Encarnó los valores de EEUU como nadie, para algunos los más recalcitrantes, y no en vano su muerte tiene mucho que ver con estos. Tuvo lugar en 2007 poniendo el punto final (o el inicio según las versiones) al arco argumental conocido como Civil War (la guerra civil entre superhéroes) que no es otra cosa que la lectura comiquera de la Patriot Act que el expresidente George W. Bush se sacó de la manga en su lucha contra el terrorismo y que todavía sigue en vigor. Quién sino el Capi para oponerse a una legislación que ataca como nunca a algo tan americano como las libertades individuales. Fue un éxito. Con una viñeta final llena de simbología y el Capitán abatido por un francotirador en las escaleras del Tribunal Supremo. Obviamente resucitó y también a Steve Rogers le siguieron otros.

La casa de los mutantes también ha sido visistada por la de negro. Le pasó a Jean Grey, la Chica Invisible de los X-Men, creados en 1963 por… sorpresa!! Jack Kirby y Stan Lee. Los guionistas decidieron la convirtieron en un personaje llamado Phoenix, supestamente todopoderoso. Pero resultó que no, y en una saga argumental que llevaba por título Dark Phoenix, la heroína se volvía loca y se pasaba al otro bando llevándose por delante una galaxia entera. Al final Grey recuperaba la cordura y, horrorizada, decidía suicidarse. Pero ni así. En sucesivos episodios hasta tres personas diferentes han resucitado al Phoenix.

Otra heroína que jugó en el filo de la navaja fue Elektra. Apareció en 1981 como personaje secundario de DareDevil, en el tiempo en que Frank Miller se hacía un nombre al frente de las aventuras del vigilante ciego del neoyorquino barrio de Hell Kitchen. Primero enemiga, luego amiga y hasta amante del prota de la serie, una de mis favoritas por otra parte. Matt Murdock, DareDevil, es un tipo con la mala suerte de que se le mueran las novias y Elektra no fue una excepción.

En su caso fue el asesino Bullseye el encargado de trincharla con una de sus propias dagas. Malherida, como mandan los cánones, morirá en brazos del amado. Interpretada en el cine por Jennifer Gardner en una horrorosa película (DareDevil en la piel de Ben Affleck no tuvo mejor suerte), el personaje tenía cierto tirón y los editores decidieron traer a una secta ninja para que la resucitara y por ahí sigue.

El que sí que la palmó y bien fue el Capitán Marvel. Quizá el nombre, poco afortunado, tuvo algo que ver. Obra de Gene Colan y Stan Lee en 1967, resultó ser un oficial del Imperio Kree que viaja a la Tierra como avanzadilla ante una eventual invasión del planeta por parte de los suyos. Pero como en el caso de Silver Surfer acaba por pillarnos cariño y prefiere defendernos. Su muerte, más que a un archienemigo, se debe a un amor no correspondido por parte de los compradores lo que acabó por llevárselo por delante en un número memorable escrito y dibujado por Jim Starling en 1982. Marvel pilla el cáncer después de vencer a Nitro y esa enfermedad si es mala es mala. Si bien es cierto que no ha vuelto a resucitar, su fantasma recorre de vez en cuando el universo Marvel y alguna que otra serie de otra editorial donde hay parecidos razonables.

Posteriores son las muertes del primer Flash, Barry Allen y del segundo Robin, Jason Todd. El compañero de Batman es asesinado por el Joker en la espectacular Una muerte en la familia. Flash, por su parte, desaparece en la serie Crisis en Tierras Infinitas, no sin antes acabar con el villano Antimonitor al precio de envejecer hasta la muerte.

Otro muerto ilustre es Hal Jordan, el segundo Linterna Verde (todavía en cartel en algunos cines) y también el más famoso. En la saga La noche final, el poli intergaláctico sacrifica su vida para salvar el sol de nuestro sistema y fenece consumido por una nebulosa viviente que responde al nombre de Devorador de Soles.

Pero no hay por qué alarmarse. Los tres personajes siguen dando guerra ya que han tenido diversos sucesores para enfundarse sus trajes como en el caso de Spiderman.

Para el final he dejado a mi favorito: Batman. Con él se repite la historia del casi pero no, pero de una forma un poco más complicada. El primer intento de matar a Batman fue en 1986 con Miller de nuevo a los lápices en aquel memorable Regreso del Señor de la Noche. Bruce Wayne aparece retirado y amargado con el mundo en el que ha de vivir. En el último capítulo, Batman se lía a tortas con un Superman bastante derechista (más que un personaje ya de por sí reaccionario como es Batman) que se erige como gran defensor del régimen de Reagan. Aparentemente, él fenece de forma trágica en los brazos de su ejecutor, Superman. Pero no, al final a Miller le tembló la mano y Batman, en dos páginas más, acaba por resucitar. Esta fue la primera vez que el Detective estuvo a punto de palmarla.

Más recientemente la muerte se ha consumado aunque sobre este tema hay interpretaciones para todos los gustos. En las dos versiones está Grant Morrison al guión. En Batman R.I.P se supone que al final muere víctima de una conspiración y se deja entrever que será su hijo, Nigthwing, nacido de la relación de Wayne con la hija de Ra’s Al Ghul, el encargado de seguir con el legado. Otra de las versiones de la muerte es semejante a la de Miller. Aquí Batman perece en el arco Final Crisis a manos de Darkseid. Finalmente, de nuevo Superman será el encargado de aparecer con el cadáver del Caballero Osrcuro.

En cualquier caso, lo que queda claro después de tantos juegos, es que detrás de cada muerte lo que hay es la desaparición del hombre y el nacimiento y reinvención del mito. Y, claro, el negocio de las editoriales.

 

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