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Place Francois Rude, Dijon, hace unos días (D)

Desde la ventana veo las copas de los árboles mecerse al son del viento que se levantó ayer por la mañana. El tiempo ha decidido amoldarse al calendario y parece que hemos dejado atrás el verano indio que hacía insoportables los últimos días en Dijon. Verano indio, le llaman los franceses en una expresión cuyo origen desconozco pero que me puedo imaginar recordando el tiempo en que Francia era potencia colonizadora en la zona de los grandes lagos estadounidenses, allí donde un marques apellidado Cadillac fundó el fuerte Detroit en la desembocadura de un río al que le puso el mismo nombre. Y eso mientras peleaba con los indios de la zona bajo un calor de mil demonios. Más o menos como el que hacía por aquí hasta ayer y que convertía los pasillos y las aulas de la universidad en el vestuario de un gimnasio hasta el punto de preguntarse si los franceses, en lugar de especializarse en la fabricación y venta de perfumes de alta gama, no debería plantearse lo del negocio del desodorante a gran escala. Pero eso es otro tema.

Después de algo más de un mes, Di y yo nos vamos habituando al nuevo país. Ya tenemos casa, facturas de gas, luz y, lo más importante, internet. Es raro vivir sin televisión pero uno se da cuenta de que los días sirven para algo más que para perderlos delante de una pantalla. Y claro, está Internet. Ahora los días sin Internet parecen tan lejanos como los días sin electricidad y, sin embargo, fue, como quien, ayer.

Precisamente ayer murió Steve Jobs uno de los santos patrones de la nueva era de las comunicaciones, que gustan de llamar los profetas de los nuevos mundos. Después de ver y leer (algo de lo dicho) he tenido la sensación de que en cualquier momento alguien iba a pedir el proceso de canonización de San Esteban del Curro, patrón del Ipod, Iphone, Ipad y demás artilugios que nos han hecho libres esclavizándonos a ellos. Pero no. Las jaculatorias no han dado para tanto todavía. El caso de Jobs es paradigmático de lo que nos espera en la nueva era que estamos creando desde las ruinas que nos ha dejado el crack de los mercados. Ha desaparecido un multimillonario, señor, ruega por él y por todos nosostros que nos quedamos en este mar de lágrimas o, al menos, envíanos un twit.

Decía que después de un mes ya nos estamos asentando. La burocracia sigue siendo la amenaza más inmediata a la que hemos de hacer frente. Este país que hizo una revolución para acabar con sus reyes y expandir la liberté, la égalité et la fraternité por sus campos de dios, coló de paso algo llamado burocracia y que aquí ha alcanzado su máxima expresión, por mucho que Larra retratase la española hace más de un siglo. Luego llegó Kafka y, desde Praga, escribió el manual de instrucciones para hacerle frente y acabar muriendo en el intento. Porque de eso se trata, de una carrera de fondo a la que no se le ve el fin. Y tanto da que se trate de la Administración pública -y en España dicen que hay funcionarios-, como de la privada. Primero, no eres nada sin una dirección justificada. Ni cuenta bancaria, abono al transporte público. Una vez que tienes una dirección es hora de cambiar la transitoria por la definitiva. Ahora vas al banco y se lo cuentas, ya verás qué risa le entra al de la Societé Generale.

Uff… Se pone a teclear una señorita al otro lado del mostrador, consulta dos veces con Philippe, que pasaba por allí y dice: ya está.

Muchas gracias, señorita, ahora, ¿me podría dar usted un justificante de mi número de cuenta (RIB) en donde aparezca mi nueva dirección?

Uff (segundo)… Philippe vuelve a socorrer a señorita. N’est pas possible, monsieur hasta mañana.

He vuelto al banco dos veces desde entonces y ya no tengo claro cuál es mi dirección, el hecho es que no me pueden dar un RIB donde figure dónde vivo.

Bueno, al menos ¿podrían, por favor, darme un extracto de mi cuenta?

Uff…(tercero, tercer día de consulta bancaria). Otra señorita teclea, viene Philippe que es el hombre para todo de la sucursal y me dice rápido y veloz.

N’est pas possible monsieur (educación ante todo), no al menos hasta que lleve un mes como cliente de nuestro banco y haya recibido la primera comunicación vía correo ordinario.

Dudo de si volver a empezar y preguntar por mi dirección registrada en los ordenadores del banco pero no me siento con fuerzas. Decido dejarlo en manos del destino.

El telefonillo de mi casa es electrónico. En Francia es costumbre que el apellido de los inquilinos figure en él para que el visitante haga sonar el timbre, nada de letras ni piso. En mi telefonillo figura el nombre del anterior inquilino, un tal Chesneau, que resultó ser el contable de la agencia inmobiliaria en la que he alquilado el piso. De ese momento va ha hacer tres semanas. Tres semanas en las que he ido tres veces a reclamar inútilmente que, por favor, introduzcan mi apellido y el de Di para que cuando el cartero venga, pueda hacer su trabajo. Si el cartero no encuentra mi apellido se lleva la carta de vuelta, así de sencillo. Ni de casualidad. He ido incluso a la compañía que se encarga de gestionar los telefonillos de mi barrio para pedir lo mismo. Una señorita muy amable que, milagro o irresponsabilidad pues uno ya no sabe qué pensar, no me pidió justificación alguna de que yo vivía donde le decía, tomó nota en un ordenador y dijo, ya está monsieur. De ese “ya está” ha pasado ya una semana y mi telefonillo sigue sin rastro de mi apellido o el de Di. Me dicen que la burocracia va lenta en Francia pero que siempre llega y que esté tranquila.

Estoy seguro de que llega pero ya he comprobado que unas burocracias llegan antes que otras. No hace ni una semana que pasadas las diez de la noche iba por la autopista camino Rennes cuando me saltó un radar de velocidad. Aquí no hay fallo, la mayoría están orientados hacia el sentido de donde viene la circulación. Sentí el inconfundible flash, tan claro, que si me hubiera avisado tres segundos antes habría aprovechado para sonreír o hacer una mueca porque en las fotos hay que salir bien, sobre todo si son para el Gobierno. Hoy he abierto el buzón como quien prueba y allí estaba la carta con mi multa. Ni una semana para reclamar 45 euros de sanción. El Estado es igual en todas partes y para cobrar, su burocracia viaja a más velocidad que yo la semana pasada cuando el radar me sacó la foto.

Bien es verdad que yo le di pistas a papá Estado. Era un coche alquilado y cuando me pidieron una dirección tras dudar unos segundos me decidí por darle la francesa en lugar de la española y jugar al ratón y al gato en caso de que pasara lo que finalmente acabó pasando. Jugar a la legalidad y dejar a un lado la picaresca española tiene un precio que, sin embargo, creo que visto lo visto, me parece bastante justo.

Por la pasta y por los votos. Debajo de la multa encontré la papeleta para votar en las primarias del Partido Socialista. Para las presidenciales del año que viene han los socialistas -igual que los españoles pero todavía más divididos en familias- han decidido imitar a los americanos y no hace falta estar afiliado para poder elegir al candidato. Lo que no estoy tan seguro es que me dejen votar con mi carnet español, pero aunque sea por curiosidad voy a intentarlo.

De izquierda a derecha, Baylet, Aubry, Valls, Hollande, Montebourg, y Royal en el último debate (afp)

De izquierda a derecha, Baylet, Aubry, Valls, Hollande, Montebourg, y Royal en el último debate (afp)

Hay seis candidatos a enfrentarse a Sarkozy el año que viene. Lo de Sarkozy es casi seguro aunque últimamente se baraja la posibilidad de que lo deje ya que le crecen los enanos y, para más inri, no va a tener tiempo de lidiar con la crisis mundial y nacional mientras calienta biberones. Tal y como aparecen en la papeleta que me ha llegado, los precandidatos socialistas son: Arnaud Montebourg, Martine Aubry, Jean-Michel Baylet, Manuel Valls, Francois Hollande y Ségolene Royal (no me sale la tilde al revés sobre la segunda e). Los más conocidos son Aubry, Holande y, su ex mujer Royal. Esto último, las historias de cama, es algo muy francés y, por lo visto con DSK, muy del PS. Hollande es la viva imagen del funcionario francés, ni chicha ni limoná y el perfecto político de carrera del socialismo mundial, algo que, a la sazón, está acabando con los partidos socialistas allende fronteras. Se llaman socialistas como podrían llamarse liberales, conservadores, autonomistas etc, da lo mismo, la misma concepción de la política. Es tan vacio como su manido lema, lograr el cambio en 2012.

Royal no puede evitar la imagen de mujer despechada y ya fue derrotada por Sarkozy hace cuatro años.Para mí sigue siendo una incógnita y en uno de los debates que he escuchado por la radio llegó a decir: “Seré la garante del orden público moral y de la moral pública”. No sé muy bien a qué se refería pero a mi hablar de moral siempre me los pone de punta.

Aubry ha mamado política desde la cuna. Es la primera secretaria del PS, hija de es hija de Jacques Delors, quien fuera presidente de la Comisión Europea entre 1985 y 1995 y madre política de la jornada de 35 horas que, en un tiempo fue lavanguarda en política social y laboral y que hoy los políticos (todos) intentan borrar de nuestras mentes bajo la premisa de trabajar más y cobrar menos. Tiene fama de dura y la llaman “la Merkel de la izquierda”, lo que no sé si es bueno o mal. Habla de recuperar la “dignidad” de la izquierda y plantar cara al liberalismo.

Valls es hijo de catalanes y nacido en Barcelona por tanto nacionalizado francés, con excasas posibilidades. Mejor, porque el tipo va de Blair, de unificar el liberalismo económico con la socialdemocracia y es considerado el líder del ala derecha del PS, algo que aunque cueste creerlo, no es una contradicción en los tiempos que corren por la socialdemocracia europea. Da la sensación de que no se ha enterado de nada. De Montebourg, la verdad, no tengo opinión, se declara ferviente crítico de la globalización y defiende un proteccionismo europeo frente a las economías emergentes del G20, entre las que suele mencionar a China y Brasil. Baylet es el líder de los Radicales de Izquierda, lo que no necesariamente quiere decir lo que indican las palabras. Hace tiempo que las palabras significan lo que se supone. Va el último en unas encuestas lideradas por Hollande al que le siguen Aubry y Royal como terceto con posibilidades. Entre las propuestas de Baylet, ex periodista, están la legalización del cannabis y la eutanasia, lo que no digo yo que esté bien pero bueno, sólo hace falta mirar ahí fuera para saber de qué propuestas hacer.

Ellos, no son pocos, son los seis del apocalípsis para enfrentarse a Sarko y devolver a la France su pasado glorioso (Royal dixit).

Lo del pasado glorioso ya se lo he escuchado varias veces a distintos porlíticos de camino a la universidad en France Info, la radio que me da clases de francés y compañía por el mismo precio. Esto no ha hecho más que confirmar mi teoría de que Francia es el país más parecido del mundo a EEUU, es decir, EEUU y Francia son el mismo país, lo que ocurre es que no lo quieren desvelar al mundo. Ellos prefieren mantenerlo en secreto. Son las dos caras de la misma moneda, el yin y el yan. Por eso se envidian y se odian a partes iguales. Di, americana, se resistía a aceptar mi alocada teoría. Un mes aquí y ya se ha convertido en una conversa hasta el punto de que ha desarrollado un nivel de adaptación que supera, en mucho, al mío.

Pero esta, como otras cosas, la contaré en la próxima correspondencia.

 

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