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Protagonistas de 'American Horror Story' (FX.com)

Se anunció como uno de los estrenos más importantes de la nueva temporada de series norteamericana. Para abrir apetito dejó uno de los openings más interesates de los últimos años y un teaser más que inquietante que, sin embargo, tiene la particularidad de no adelantar el cúmulo de sorpresas que están por venir.

American Horror Story es la nueva apuesta de la cadena FX para esta temporada recién comenzada. Una historia que bebe de las fuentes de terror clásico, una familia que busca comenzar de cero, una casa encantada, asesinatos, personajes siniestros y muchos, muchos secretos sin desvelar constituyen el cóctel explosivo de la nueva creación del dúo Ryan Murphy y Brad Falchuk (Glee y Nip/Tuck),). En su estreno, el pasado 5 de octubre consiguió incluso eclipsar la vuelta de la genial y shakesperiana Sons of Anarchy, que después de cuatro temporadas se ha convertido en el buque insignia de la casa.

Visto el piloto, la sensación que a uno le dejaba era contradictoria, buena, pero hacía falta algo más y, por eso, antes de escribir esta crítica hemos preferido esperar a ver el segundo episodio que, esta vez sí, ha respondido a las expectativas y anuncia una temporada llena de felices sobresaltos. La fórmula es sencilla y los creadores no hacen otra cosa que bucear en las pasiones, filias, fobias y obsesiones de la condición humana. El resultado es una mezcla de terror (lo justo, se trata de televisión destinada al gran público), suspense y sexo, aunque esto último se queda más bien en morbo que otra cosa, eso sí, bastante logrado.

El elenco de personajes está fantástico, incluyendo a una Jessica Lange en estado de gracia en el papel de vecina fisgona. La historia se centra en la familia protagonista, los Harmon, Vivien y Ben (Connie Britton y Dylan McDermott, respectivamente) que enfrentan una crisis en su matrimonio fruto de la pérdida de un hijo en el séptimo mes de embarazo y una posterior infidelidad de él. Con su hija Violet (Taissa Farmiga) buscan una segunda oportunidad dejando atrás Boston por L.A. donde deciden comprar una casa victoriana a precio de saldo. Uno se pregunta si por su historial como escenario de crímenes violentos o simplemente por el estallido de la burbuja de la vivienda. Con ellos se traen todos sus traumas: ella carece de apetito sexual como consecuencia del aborto, mientras que él, que ejerce de psiquiatra, simplemente está obsesionado con el sexo. Como resultado, la hija es una adolescente un tanto problemática y con tendencia al masoquismo que, sin embargo y en ocasiones, parece ser la única en darse cuenta de que la casa guarda cosas raras. En otras parece una psicópata más.

Alrededor del trío protagonista se deslizan los demás personajes, una vieja ama de llaves pelirroja y siniestra, a ojos de las mujeres, e increiblemente atractiva y con tendencia a la ninfomanía a ojos de Ben (y obviamente a los de cualquiera). La vecina fisgona (Jessica Lange); su hija, una muchacha con síndrome de Down que entra y sale por la casa como perro por su casa con la única frase de “Vais a morir!” (lo suyo sí es realmente inquietante); Tate, el joven paciente de Ben y el misterioso Dennis O’Hare (Russell Edington en la sobrevalorada True Blood) además de los extraños habitantes del sótano de la casa completan una nómica de personajes que reúnen como nadie todas las obsesiones por las que ha caminado el cine de terror clásico en los últimos años a una y otra orilla del Atlántico.

No hay nada nuevo en American Horror Story. No hace falta ser un amante del género, yo no lo soy, para darse cuenta de que los creadores han bebido de varias fuentes, principalmente La semilla del Diablo, de Roman Polansky y Amenaza en la sombra, de Nicholas Roeg. A esto hay que unir los toques de casa endemoniada e, incluso, ciertos de terror patrio como el de Amenabar en Los Otros o el sufrido por Belén Rueda en El Orfanato. Si la originalidad de la temática brilla por su ausencia, no lo hace así el tratamiento. La trama no busca tanto horrorizar como inquietar al espectador y la tensión se palpa en cada segundo de metraje, condimentado con una sucesión de imágenes y sonidos, cortos pero intensos, que no permiten bajar la guardia en ningún momento. Y después, claro, está el sexo. Como ya he dicho más implícito que explícito pero que se superpone como un ingrediente indispensable para la pócima.

Lo peor es la sensación racional que acompaña a este tipo de productos. Puestos en el papel, uno no puede comprender cómo la familia decide quedarse en la casa sólo un minuto después del primer suceso aterrador. Uno no puede entender que al protagonista no le resulte sospechoso que a su mujer le parezca de lo más normal contratar un ama de llaves con minifalda, escote y ligas a la vista, de las que muestran todo nada más pasar la bayeta. Lo que sí puede entender es la obsesión del dúo creador con las pelirrojas, tres nada menos, a viva imagen de lo que le ocurría a Hitchcock con las rubias. Claro que puestos a utilizar la razón nos quedaríamos sin serie.

Vistos los dos primeros capítulos, American Horror Story ha impresionado por lo novedoso del producto en el ambiente televisivo y por su cuidada manufactura. Desde los títulos de crédito al escalofriante opening. Con poco retraso, dado que ya se puede ver en varios sitios de la red, Amrican Horror Story se estrenará en la FOX española el próximo 7 de noviembre. Habrá que seguir atentos a como evoluciona una serie que, por ahora, promete.

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