Etiquetas

, , , , , ,

Alberto Ruiz Gallardón

El alcalde de Madrid será diputado. No cabe duda. Probablemente también será ministro. Entonces dejará de ser alcalde de Madrid. Alberto Ruiz Gallardón da un paso más en su particular podium olímpico de la política.

¿Un paso más? Según el protocolo, el presidente de la Comunidad Autónoma va antes que un ministro. Y, por supuesto, un ministro, antes que un alcalde. Así, sus pasos, aparentemente, han ido hacia atrás: fue presidente de la Comunidad de Madrid, “bajó” al puesto de alcalde (al ser la capital del reino es un paso atrás que no está del todo mal) y, ahora, bajará al cargo de diputado. Porque el de ministro dependerá todavía de algunas cosas.

Sin duda, Gallardón da un paso atrás para darse impulso. Probablemente su objetivo a largo plazo es ser presidente del Gobierno. Y, probablemente, lo conseguirá tarde o temprano. Lo creo sinceramente: es una persona lo suficientemente capaz y lo suficientemente ambiciosa para conseguirlo. Pero no es el estilo de Contraportada dorarle la píldora a los poderosos. Y menos por adelantado…

Lo cierto que es, con todo, Gallardón da un poco de pena. Porque es un político con ganas de hacer cosas. Cosas importantes. Que perduren. No quiere sólo el poder por el poder, sino hacer un uso de él que deje huella. Sin embargo, en vez de por el gran parque sobre el soterramiento de la M-30, como le gustaría, va a ser recordado por los madrileños durante años como el alcalde de los parquímetros. El de las multas. El que convirtió Madrid en una maquinaria de sacarle dinero a los madrileños.

La Calle 30

La M-30 dejó de llamarse así porque, si seguía siendo considerada una autopista, las obras hubieran tenido que pasar un informe de impacto medioambiental que difícilmente hubieran superado. Al menos en los plazos establecidos previamente: para su inauguración antes de las elecciones de 2007. El parque, qué casualidad, tuvo justo que esperar a las de 2011. Así, la Autopista M-30 tuvo que convertirse en calle, puro trámite.

Francisco Granados, secretario general del Partido Popular en esta comunidad, se congratuló en una conferencia frente a un nutrido grupo de futuros periodistas de que “Madrid no va a necesitar grandes obras en los próximos veinte o treinta años”. Era en las instalaciones de El País, la boca del lobo. Le pregunté si se podrían acometer en el caso de que por cualquier motivo hicieran falta y confesó que no, que no habría dinero para ello. Eso era antes de estallar la crisis en la que estamos inmersos.

Fue en la misma conferencia en la que, ante la indignación general, confesó que en política a veces se miente (se tiene que mentir). Desde ese momento me calló bien este hombre. “Para una vez que un político os es sincero, no os enfadéis con él… indignaos cuando os mienten, no ahora que os dice la verdad”, les decía yo a mis compañeros sin éxito alguno.

Sobre la M-30 hay algo que no he visto publicado en ningún sitio. Me lo contó un capataz de las obras. Se quejó de que las vigas que estaba poniendo para cubrir el techo del túnel superior, sobre el que se apoya el parque del Manzanares, eran mucho más gruesas de lo necesario. Era un derroche inútil, decía, salvo que se vaya a construir sobre el túnel. La respuesta que obtuvo fue que Gallardón es muy listo: cuando, en veinte o treinta años –le dijeron– el túnel se quede pequeño y haga falta ampliar la M-30, lo han pensado de forma que sólo haya que retirar el césped del parque y poner asfalto… pero la infraestructura de la autopista ya está puesta. ¿Autopista he dicho? De la calle, perdón.

Efectivamente, es muy listo. Pero buen cuidado ha tenido de no divulgar ese aspecto de las obras de la M-30. Por suerte, la crisis ha cambiado las proyecciones de crecimiento de Madrid y, probablemente, ni la población ni el parque móvil de la capital van a crecer tanto como se pensaba entonces. Quizá para cuando la M-30 sur se quede pequeña (porque en otras zonas ya lo es) los coches vuelen y podamos disfrutar del parque unos años más de lo previsto.

Las Olimpíadas

Si Madrid hubiera ganado los Juegos Olímpicos de 2016, Gallardón no dejaría la alcaldía. En ese caso, habría cosas que hacer en la ciudad aparte de gestionar la deuda. Sería un paso de Gallardón hacia el podium de sus ambiciones olímpicas, digo políticas. Ni que decir tiene que si en 2012 hubiera Olimpíadas aquí, ni lo dudaría. Pero para 2020 o 2024 habrá pensado, como buen castizo: “Largo me lo fiais”.

Cuando un ateniense ganaba en los Juegos Olímpicos de la antigüedad, los jóvenes de la ciudad derribaban parte de la muralla de la Acrópolis. Se decían: no la necesitamos para defendernos. Bien hubiera valido, el ganar las Olimpíadas (ganar la celebración de los Juegos Olímpicos, se entiende) derribar un trozo más de M-30. Pero no ha podido ser, así que el arquero Gallardón ha de apuntar más alto que al pebetero olímpico.

Alberto el conquistador

Algunos quisieron ver un lío de faldas cuando se descubrieron tratos de favor a una imputada en el caso Malaya. No es de extrañar, dado su fama de conquistador. Eso no deberíamos comentarlo porque no tiene nada que ver con la política (bueno, ya vimos que sí) porque es su vida privada… siempre que los regalos caros que, según dicen quienes se atreven, gusta de regalar a sus amantes, no salgan del erario público. Y que no tenga trato de favor alguno con los corruptos. Pero si fue realmente un lío de faldas, desde luego, algo le honra: al menos no fue por dinero.

No sabemos si la conquistó, igual que ha conquistado a Rajoy. En las últimas elecciones locales, Gallardón obtuvo treinta mil votos menos que Esperanza Aguirre para la Comunidad. Rajoy va a perder votos en Madrid por incluir a Gallardón. Pero va a ganar a un buen ministro. Es lo que va a necesitar en esta época de turbulencias. No obstante, el hasta ahora alcalde de Madrid, se ha caracterizado más por crear deuda que por gestionarla. En el Gobierno seguro que va a hacer cosas muy buenas. Pero tendrá que poner parquímetros por donde vaya. Aun así, popular es, desde luego. Sobre todo fuera de Madrid, donde despierta simpatías hasta entre los votantes de izquierdas. Y es que, quizá como Cristo a San Pablo, alguien le ha dicho a Rajoy que tiene que echar las redes al otro lado de la barca. Porque son los votantes descontentos de centro izquierda y centro derecha los que le van a dar la victoria a Rajoy. Y no esos treinta mil que votan a Esperanza pero no a Gallardón.

Anuncios