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Una mujer increpa a los antidisturbios dispuestos frente al Parlamento griego en la huelga del pasado junio (Reuters)

Una mujer increpa a los antidisturbios dispuestos frente al Parlamento griego en la huelga del pasado junio (Reuters)

La cosa viene siendo tal que así. La crisis, por llevarse por delante, se va a llevar hasta los libros de historia. Aquellos por los que estudiamos usted y yo, aquellos que decían eso de que la democracia nació en Grecia y cuya definición viene siendo, si no la han cambiado ya, que lo de la UE ya sabemos que es actuar rápido, la forma de organización de un grupo de personas (pueblo, país, estado), donde la titularidad del poder recae por igual en todos sus miembros (la soberanía popular). Esto es, la toma de decisiones responde a la voluntad general. En la práctica, la democracia es una forma de gobierno, la menos mala posible,  y de organización de todo Estado que esté libre de pecado según nuestros estrictos cánones (el caso Chino es diferente, que para eso son 1.000 millones de potenciales consumidores, no como los cubanos) Estado. Por medio de mecanismos de participación directa (referendums, elecciones) o indirecta (el Congreso, el Senado en sus muy diversos nombres), el pueblo elige a sus representantes. Hasta hace unas veinticuatro horas, esos mismos libros de historia sostenían que la democracia es una forma de convivencia social donde todos los habitantes son libres e iguales ante la ley, y las relaciones sociales se establecen según determinados mecanismos contractuales. Eso que los ilustrados franceses dieron en llamar el contrato social y que en estos últimos tres años hemos mandado a tomar por saco donde, allá por donde Cristo perdió el mechero. Luego, entrando más a fondo podíamos leer aquello de la soberanía nacional de los Estados, pero eso ya era para sacar nota.

Parece mentira que después de tantos siglos y de haberla inventado ellos, los griegos todavía no hayan entendido de qué va esto de la democracia. Porque no se le ha ocurrido otra cosa a su primer ministro, Yorgos Papandreu que organizar un referéndum para consultar a sus representados si están por la labor de que la UE los ponga, como su propio nombre indica, a hacer el griego los próximos… Ni hasta los economistas más clarividentes (sé que son términos contradictorios pero no perdamos la esperanza) se ponen de acuerdo hasta cuando. Ya ven, un simple ejercicio de democracia directa y los mercados han empezado a chirriar como una olla a presión con el cocido de carnaval. Pero por eso de que todo ha ocurrido en Halloween hay quien en la UE ya tildan la maniobra de Papandreu de broma macabra. Tanto que Sarkozy y Angela Merkel están pensando en devolvérsela a su homólogo heleno en forma de cabeza de caballo cortada elegantemente ensangrentada, que Papandreu se encontrará esta misma noche en su cama si tiene tiempo de acostarse. Lo que en tiempos en los que el lenguaje tenía significados objetvos se denominaba un chantaje en toda regla. Pero no se dejen engañar, no se trata de democracia, demócratas somos todos pero… Ahí estaba esa mañana el español López Garrido sacando a pasear su bigote ausente para darnos al resto de los mortales una lección de teoría del Estado. «Los referéndum son para reformas constitucionales», ha dicho y no, no se le han movido un ápice los pelos que ya no adornan los bajos de sus narices, grandes, por cierto, lo que deja entrever un morro aún mayor, y que como el brazo del manco nunca se va del todo. Garrido, un converso a la vieja usanza que ha pasado por todos los caminos e ideologías para acabar enchufado a un puesto de secretario de Estado para la UE que viene a ser lo mismo que presidente de la comunidad de vecinos, ya se ha olvidado de la reforma expréss que el Gobierno al que pertenece nos metió a los españoles hace escásamente un mes. La memoria sigue sendo la gran asignatura pendiente de España y especialmente la de sus políticos. Con lo poco que parecía Garrido como diputado de algo que se llamó Nueva Izquierda cuando me lo encontré una noche del caluroso mayo madrileño bajando la basura en chanclas y pantalón corto. Revivo esa imagen ahora y recuerdo lo que le dijo hace tiempo un viejo maestro de escuela a un alcalde de una localidad gallega: «hay que ver… con lo tonto que parecías de pequeño y a lo que has llegado». El alcalde, como buen político, no supo sino sonreir y abrazar a su antiguo mentor.

En descarga de Garrido cabe la posibilidad de culpar al periodista por no haber devuelto en envite recordándole a don Diego su pequeño lápsus. Pero ni para eso hemos quedado ya. Porque la memoria falla ya hasta en la prensa de mayor tirada, más preocupada de sus propias cuentas que de ejercer su labor como vigilante del poder. Ahí están los titulares que versan sobre una inminente y necesaria recapitalización bancaria para salvar al euro. Sin más. En ningún sitio he leído la continuación al titular: como ya se hiciera hace dos (o tres) años sin que sirviera de mucho. La memoria, la maldita memoria que nos juega malas pasadas.

Papandreu dialoga con Sarkozy y Merkel el pasado septiembre (AFP)

Maldito Papandreu que se ha empeñdo él solito en acabar con el capitalismo mundial y nos ha pillado a todos por delante que hasta se ha tenido que poner Obama al teléfono y dejar, por un rato, sus coqueteos por debajo de la mesa con Nethanyahu. Alguien debería decirle a los griegos que la democracia es algo demasiado importante para dejarla en manos de los ciudadanos. Que luego le pillan el gusto y nada bueno puede salir de ahí. Justo ahora que estaba todo arreglado y el griego nos sale perroflauta. Aunque también podríamos reclamar a Papandreu que no hiciera de rogar tanto la caída del caballo de la que ahora presume. Igual un par de años antes y nos habríamos ahorrado muchas cosas. Pero igual que Roma no se hizo en un día, el político sólo gusta de sacar su pedigrí democrático cuando ya tiene puesto el precio sobre su cabeza.

El primer ministro heleno dice que la pregunta del referéndum será clara: sí o no al rescate y a la dura factura que conlleva. Más recortes sociales, más impuestos, menos sueldo y probablemente más paro. O dónde se creen que van a parar los miles de funcionarios que se irán a la calle. Dicen que si gana el no, los griegos estarían firmando su inmediata expulsión del euro y, con ello, el contagio se propagaría a los demás países (España encabeza la lista) como las llamas en los montes de Ourense un día soleado. Difícil elección la de los griegos. ¿De qué quiere usted morir? De morte morrida, ou morte matada. Se pega usted el tiro o prefiere que sea yo quien apriete el gatillo. Al menos, dejémosle a los helenos que elijan. Pero ya hasta eso se lo queremos arrebatar.

Esto antes no pasaba. Especialmente cuando el nuevo y flamante presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, se presenta ahora para salvar el euro cuando entre enero de 2002 y diciembre de 2005, era alto ejecutivo de Goldman Sachs, el gran banco de inversiones estadounidense que durante esos mismos años estaba ayudando a Grecia a ocultar su deuda, a quítame de aquí esas cuentas que total…, a través de instrumentos financieros opacos. Lo que los mortales no sabemos pero se conoce en idioma inmortal como swap. Draghi, por cierto colaboraba por entonces con el anterior ejecutivo heleno, en manos del partido conservador, el mismo partido que ahora sólo pide la cabeza de Papandreu para hacer la marianada del quítate tú que me pongo yo.  Si mi abuela viviera diría eso de que como poñer ao raposo a coidar das galiñas, pero mi abuela era una de esas simples mortales que nada sabes de economía. Tal y como definió un analista financiero esta mañana en la Ser a los ciudadanos griegos. El rescate es algo demasiado complicado para que lo entiendan los simples mortales, vino a decir, por eso por qué complicarles la vida preguntándoles por el pan de sus hijos.

El rescate. El famoso rescate griego del que dicen que depende toda la UE. Lo bueno de esto es que lo mismo dijeron cuando la rescataron por primera vez y al final no pasó nada. Bueno sí, pasó lo mismo. Uno siente pena por Sarkozy. Al fin y al cabo entre biberones y griegos está el hombre que no pega ojo últimamente empeñado en salvar a la UE. Cuando dicen la UE debemos entender gran banca griega y alemana, las cuales tienen la mayor parte de la deuda helena. Pero eso, claro, es difícil de entender para unos simples mortales como nosotros. Gracias que contamos con avispados políticos para solucionar las cosas.

 

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