Etiquetas

, , , , , , , ,

El presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, salta en el balcón de la sede de su formación, en presencia de Ana Mato, su esposa Elvira Fernández, María Dolores de Cospedal y Soraya Saéz de Santamaría. (Gorka Lejárcegi)

Lo peor de la victoria aplastante del Partido Popular es que a partir de ahora voy a tener que dejar de ver Intereconomía. No me quedará más remedio que volver a revisar las pelis de los Hermanos Marx para irme a la cama entregado a la carcajada. Lo mejor del advenimiento del nuevo régimen que se cierne sobre las Españas es lo que hará por desarrollar el ingenio general que en Galicia se llama retranca y que, pese a las apariencias, yo nunca le encontré al presidente in pectore. Es un gran contador de chistes, del tipo «en España hay españoles». Ayer, después del bote en el balcón de Génova, volvió a hacer alarde de humor: «no esperen milagros ya que nunca los prometimos». Lo de la crisis y la confianza era coña, pareció decir. No sé por qué tanto pesimismo en los foros izquierdistas. Venga, coño, no notas que la crisis ya se ha acabado, le dije a un colega mientras la pantalla del televisor seguía lanzando puñaladas sobre la espalda socialista. «Ah, era eso ese sudor frío que corre por mi espalda», me contestó N.

Cuando era plumilla en activo me gustaban las noches electorales. Ahora simplemente las soporto. De lo visto ayer me quedo con dos cosas: Pepa Bueno salió de un rojo tan apasionado que parecía estar provocando. Ana Mato, por su parte, apareció de blanco inmaculado y se ocupó de desvelar el misterio que envuelve a un político el día de reflexión, que en su caso transcurrió encerrada en el solárium, al que se desplazó, probablemente, en el Jaguar que un día apareció por arte de magia en el garaje de su casa.

Rajoy se asomó al balcón dichoso entre todas las mujeres. Es cierto que eran las suyas (Elvira, por lo menos en apariencia) pero se olvidó del champán que, en aquel mismo instante imagino, corría a raudales en la fiesta de Alfonso Rus. La militancia, entregada, gritaba eso de presidente, presidente para después lanzarse al Paquito Chocolatero y al célebre yo soy español, español, por si la proliferación de banderas con gallina de serie no lo había dejado claro a la audiencia.

Del futuro Congreso no habrá nada que esperar. Una mayoría semejante a la conquistada ayer por el PP (186 de 350) debería de servir para que el resto de la cámara se tomase cuatro años de vacaciones pagadas. El hecho de que los diputados multicolor vayan a ocupar sus escaños es algo puramente circunstancial. Entre ellos figurarán nuevos invitados, los abertzales de Amaiur, que con 333.592 votos, han conseguido siete asientos. La Ley D’Hont es lo más cerca que ha estado el hombre de reproducir el milagro de los panes y los peces. Que Mariano tenga que contestar a los que para su partido siguen siendo «los de ETA» es algo que no tendrá precio. De igual manera hay en Euskadi quien ya se apresura a imprimir camisetas con el número de preso de Otegi. Hace décadas, alguien lo pensó con un tal Mandela y se hizo millonario. Ayer, dicen que Otegi se pasó la noche eligiendo la corbata con la que será nombrado Lehendakari en un futuro no muy lejano y en esta misma galaxia.

Ironías del sistema electoral que idearon los padres de la patria: con menos votos de los que tuvo José Luis Rodríguez Zapatero en 2008, Mariano Rajoy ha alcanzado la mayoría absoluta más holgada que ha disfrutado la derecha en España. Claro que este es su tercer turno en el poder. Comprendo el cabreo general hacia un gobierno que primero no quiso ver la que se venía encima, incluso la negó, y luego no supo gestionar la crisis. Pero me sigue llamando la atención la esquizofrenia política en la que vive España capaz de pasar de la euforia a cortarse las venas en cero coma. El PSOE ha pasado de 169 diputados a 110 y haría bien en hacérselo mirar. Hay quien ayer se apresuraba a pedir la dimisión de Rubalcaba sin saber que el candidato socialista no tenía puesto del que dimitir. En España, quizás por falta de práctica, nunca las dimisiones arreglaron nada. Y menos cuando el problema deja de ser de nombre y va incluso más allá de las siglas. El PSOE es un partido cadáver que carece de lo que se suponía que tenía: legitimidad para representar unos postulados de izquierda de los que ha abjurado más allá de eslóganes baratos. Por Europa circulan muchas formaciones semejantes en igual situación. Puede que el único socialista contento ayer fuera un tal Joaquín Almunia.

En todo caso, creo que algún día la historia devolverá al presidente apestado lo que los ciudadanos nos hemos encargado de arrebatarle. El leonés se parece cada día más a aquel Suárez al que arrancamos la piel en vida y casi santificamos una vez que su mente decidió decir ahí os quedáis todos desagradecidos.

IU entera se fue ayer de borrachera. De dos a once escaños. La alternativa a la izquierda se queda con nueve de los 59 diputados que pierde el PSOE. Mañana con la resaca haría bien en mirárselo también ya que el futuro no parece alentador.

Por la derecha, toma carrerilla Rosa Díez, cuyo ego sólo es comparable a la impronunciabilidad de su partido: Unión Progreso y Democracia, lo que suena a una mezcla de PRI mexicano más lema de bandera brasileña. Toni Cantó ha entrado en el parlamento. Por fin podremos decir, sin temor a equivocarnos, que los políticos no hacen sino interpretar un papel. Parece que se quedará sin grupo lo que hará de las comparecencias algo menos lesivas a la sensibilidad de los ciudadanos con dos dedos de frente.

El BNG mantiene sus dos sillas en Madrid y, visto el percal, seguro que ayer los de Paco Rodríguez y Guillerme Vázquez echaban cohetes. Juntos de la mano hacia la extinción, que diría Siniestro. El panorama gallego, tras tres años de luto Feijóoiano es desolador. El PSdeG confirma lo que muchos pensamos. Gran favor nos haría a todos si decide, de una vez por todas, a qué quiere jugar. En cualquier caso, el año que viene los gallegos votaremos. Probablemente un nuevo cheque en blanco a Núñez Feijóo. Hay cosas que no tienen arreglo.

El resto es morralla.

Decía Manu ayer que de paso que las urnas las montan en colegios era una pena que el personal no hubiera aprovechado para estudiar algo antes de votar. No creo que haya que ser tan radical. Con que la lectura proliferara más allá del prospecto del Ibuprofeno estaría bien. Pero el ejemplo es desalentador. Los niños del mañana saben desde ayer que si te echas a dormir durante ocho años te conviertes en presidente del Gobierno. Y todavía hablan del sueño americano.

 

 

Anuncios