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Sarkozy durante un acto de campaña

«Voluble, impulsivo, impaciente, autoritario y susceptible». Son algunos de los calificativos utilizados por los diplomáticos estadounidenses para describir en los mensajes a sus superiores la personalidad de Nicolas Sarkozy, según los documentos revelados por Wikileaks en 2010. Precisamente en uno de aquellos cables estaba uno de los secretos mejor guardados por el presidente francés, la confesión que le hizo a su padre, muchos años atrás, de que algún día sería presidente de Francia. Su progenitor se tomó a chanza las aspiraciones de su hijo y le contestó que lo tendría más fácil en un país como EEUU que en la Francia de los valores republicanos. Con un ego inversamente proporcional a su tamaño ―al presidente le molestan especialmente las bromas en torno a su estatura―, NicolasSarkozy fue escalando los difíciles peldaños del poder francés hasta conquistar en 2007 el Palacio del Eliseo. Cinco años han pasado de aquella elección y mucho han cambiado las circunstancias en las que Sarkozy afrontará la primera vuelta de las Presidenciales el próximo 22 de abril.

Un reportaje publicado el 18 de febrero en Le Monde y titulado «Nicolas Sarkozy, el hombre que iba a cambiar» abordaba la evolución política, pero sobre todo personal, del presidente. Sobre aquella cita de hace cinco años señalaba: «Fue un gran malentendido. La elección de un hombre que iba a romper los códigos y encarnaba cierta ruptura. Los franceses eligieron a Nicolas Sarkozy en 2007, sin saber si era el neo-conservador liberal de los años 2000 o el hombre que, durante unos meses, habló en sus discursos para la Francia que sufre, haciendo referencias a Jaurès y Blum [dos de los líderes históricos del socialismo galo]».

El Sarkozy que ahora busca su reelección poco o nada tiene que ver con aquel que vapuleó a Ségolène Royal en la segunda vuelta de las presidenciales de 2007. O sí. Con Nicolas nunca se sabe y prueba de ello son los vaivenes discursivos de los últimos años y su eterna aspiración de reformador ya sea del capitalismo, el mercado, los valores, la Unión Europea o la inmigración. Lo que sí ha cambiado y radicalmente es la percepción que del presidente tienen sus conciudadanos. El que llegó a ser el mandatario más popular de la V República es hoy el peor valorado. El problema fundamental no es de gestión, que también. El principal escollo es sencillamente personal: los franceses no soportan a su presidente.

«El balance de estos cinco años a nivel presidencial ha sido desolador. Su excesivo personalismo en todo momento y lugar para llevar años diciéndonos que él sabe lo que hay que hacer y es el único capaz de hacerlo, pero la gente ya se ha hartado de ese discurso». Es la explicación de Pierre-Paul Gregorio, jefe del Departamento de Español de la Universidad de la Borgoña y con una amplia trayectoria en el análisis del discurso político a través de los medios de comunicación, área de su especialidad. Francia es un país muy presidencialista donde quien ocupa la jefatura del Estado lo hace con un carácter casi plenipotenciario. Pero ha sido durante los cinco años de Sarkozycuando esta característica se ha llevado al extremo del personalismo. «En Francia tenemos un largo historial de líderes personalistas, MitterrandDe Gaulle… Lo que pasa es que nunca se presentaron como un punto y aparte en la tradición republicana situándose por encima del cargo», considera. «Todos aquellos que han ocupado la Presidencia sabían que venían de algo previo, una tradición y unos valores que, de alguna manera, Nicolas Sarkozyha conseguido echar por tierra» explica el profesor Gregorio.

La derecha francesa se declara por tradición heredera de general De Gaulle, el héroe local de la Segunda Guerra Mundial y todopoderoso presidente inaugural de la actual República de 1958 a 1969. Un chiste local lo recuerda como el hombre que hizo pasar una dictadura como una democracia efectiva a ojos de propios y extraños. En el otro lado, Mitterrand es la referencia más inmediata del socialismo galo, una vez que en 2002 iniciase la larga travesía por el desierto en la que lo dejó sumido su último primer ministro, Lionel Jospin, quien vergonzosamente quedó apeado de la segunda ronda de las Presidenciales por el Frente Nacional de Jean Marie Le Pen.

Seguir leyendo Sarkozy o el ocaso de la grandeur I y II en Achtung! Magazine
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