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La mejor fotografía del estado actual del periodismo la recordaba hoy, Día Mundial de la Libertad de Prensa, @sihomesi en las páginas de la edición gallega de El País. El decano de los plumillas gallegos traía a colación la tarjeta de presentación de Kirk Douglas a la hora de pedir trabajo en El Gran Carnaval: «Soy un periodista de 250 dólares a la semana. Se me puede contratar por 50. Conozco los periódicos por delante y por detrás, de arriba abajo. Sé escribirlos, publicarlos, imprimirlos, empaquetarlos y venderlos. Puedo encargarme de las grandes noticias y de las pequeñas. Y si no hay noticias, salgo a la calle y muerdo a un perro. Dejémoslo en 45». Si usted está leyendo esto es un afortunado. Un afortunado y también un jetas, porque lo está haciendo gratis. No se altere, en el fondo todos somos unos jetas que nos aprovechamos y después sufrimos las consecuencias de haber contravenido la que debería ser la primera regla de la profesión: el periodismo además de costar dinero es un negocio bastante caro. Sin ir más lejos, yo no he cobrado nada porque nada me pueden pagar. De esta manera, los muchos cadáveres que nos hemos quedado en el camino somos también unos jetas pues contribuimos con nuestro trabajo por amor a al arte a consolidar una espiral que no parece tener fin ni en los 45 dólares semanales que acababa por aceptar el inolvidable Chuck Tatum. El periodismo es una droga muy potente de la que conviene salirse cuanto antes o, por lo menos, morir en el intento. Y en esas estamos, como muertos vivientes camino a una lenta extinción. Seamos claros. No sé en qué momento se jodió el periodismo, lo que sé es que todos, los cadáveres también, hemos puesto nuestro granito de arena en esta gran masacre. Yo no cobro, así que supongo que, por esta profesión, además de puta soy capaz hasta de poner la cama.

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