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MAFO, si yo pudiera…

España puede presumir de mantener la cuota de víctimas por metro cuadrado más alta de la UE. Ahí no hay Alemania que nos gane. Tantas y tan apesadumbradas que a la hora de señalar responsables nos sentimos más perdidos que Paquirrín en una biblioteca buscando la barra. La última víctima en saltar al ruedo de las lamentaciones ha sido Miguel Ángel Fernández Ordóñez, MAFO para los amigos que somos todos los que le pagamos el sueldo, quien tras denunciar ser objeto de una «campaña de desprestigio enorme», ha venido a decir que a él lo que le gustaría de verdad sería montar una rueda de prensa y contarlo todo pero que le parece «una irresponsabilidad» y que, en esto, imagino, ya andamos sobrados con los de Bankia. Supongo que a él le gustaría, a los periodistas se les haría el culo pepsicola y los ciudadanos, entiendo, haríamos cola no sé si para besarle los pies o cruzarle la cara con calcetines sudados. MAFO ha estado durante los últimos años al frente del Banco de España para certificar que el descorche de botellas de champán progresaba adecuadamente y ahora que enfila una jubilación dorada se ha unido a la larga lista de próceres que amenazan con tirar de la manta pero al final mejor que no. Otros en su día hicieron lo mismo desde que la costumbre la pusiera de moda un tal Roldán al que siguieron señores tan bien educados como Mariano Rojo (un antecesor en el cargo de MAFO, pura casualidad) o Mario Conde, que purgó sus pecados con quince años a la sombra para salir hecho un gurú del buen karma, a veces económico, a veces espiritual. Quizá de aquellas tiradas de manta vienen estas cosas. Lo de tirar de la manta es tan español como hacer las cosas a la mecagoen para, al final, dejar la casa a medio hacer mientras el grupo de jubilados dirige las operaciones desde la barrera de alambre. MAFO tiene tantas ganas de hablar como los que lo pusieron ahí de que lo escuchemos. Aprovechando su paso por el Senado podría siquiera mover un poco la manta y explicar cómo consiguió hacer del BdeE una suerte de patronal bancaria que solo salía a la palestra para pedir más madera con la que alimentar las piras de los sacrificios. Pero no. Como todo español de bien MAFO sabe que la boca solo se abre y de la manta solo se tira en el escenario adecuado y previo pago. Es una lástima que a estas alturas hayan clausurado un espacio que para el caso se ajustaría como anillo al dedo: el plató de La Noria.

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