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«Vamos a imaginar. Este artículo que usted está leyendo y los que llevo escritos en las últimas semanas le han gustado tanto a los supuestos lectores de la revista que mi jefe ha decidido recompensar mi buen hacer en el arte de darle a la tecla con una extra de 300.000 pavos. Para que cuando ponga a tostar mi huevo izquierdo en una playa de las Maldivas me acuerde de él. Ya sé que es mucho imaginar (lo de la pasta) y que más que ciencia ficción estoy a punto de poner la piedra de una nueva iglesia pero aunque sea por un momento, salgan de su letargo intravacacional televisivo. La cosa es bien sencilla: gracias a mis artículos, el negocio va como la seda, la crisis no se ha notado nada y en el marasmo en el que se encuentra el mercado de la publicidad, la revista, ya pueden verlo, a duras penas consigue meter unas líneas con sentido entre las planas de grandes marcas de moda, perfumería de la cara y coches con rubia de serie. Y así hasta el infinito. Después de años de hambre, la revista nada ahora en la abundancia hasta el punto de tener que organizar, como hace unos cuantos siglos, audiencias públicas para que los anunciantes muestren sus ofrendas a cambio de un espacio en sus páginas.»

«Pedir que los jugadores donen sus primas no hace más que confirmar que estamos a un paso de que la caridad sustituya al Estado. El sueño liberal a punto de concretarse. No hay nada más inútil e hipócrita que la caridad. Una acción muy de lavar conciencias y que triunfa especialmente en el mundo anglosajón, donde términos como justicia social o solidaridad siempre han tenido un tufillo rojeras poco soportable y solo comparable al disgusto protestante para con otros como impuestos.»

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