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Imagen tomada ayer frente a la embajada de Ecuador en Londres // Sang Tan

No me cae bien Julian Assange. Por la misma razón que tiendo a desconfiar de los salvapatrias. Assange nunca ha sido un periodista. Ni siquiera un luchador por la libertad de expresión o un iluminador de huecos oscuros pese a que ese haya sido el papel que, primero, le otorgaron los medios y al que después se acogió él mismo como alimento para un ego de proporciones solo comparables al volumen de información contenida en los cables deWikileaks. Ese fue precisamente su error, curiosamente, el que atenaza a muchos que sí se llaman periodistas: convertirse él mismo en la noticia, ser la reina del baile. Assange es un intermediario. Una fuente, con todas las cautelas, un filtrador y por supuesto un hacker. Lo demás es pura literatura alimentada por todos.

No me gusta Chávez (lo considero un payaso necesario para nuestros intereses) ni el presidente de Ecuador ni el resto de países que enarbolan la bandera demagógica del socialismo del siglo XXI. Pero soy capaz de mantener la suficiente distancia crítica para saber que tampoco es oro todo lo que reluce, más bien al contrario, bajo el sol de nuestras supuestamente perfectas democracias. RU no tiene acuerdos de extradición con EEUU. Ningún país con políticas intervencionistas tiene este tipo de leyes. Es la primera regla para proteger los desmanes de sus peones una vez desplegados en el tablero de ajedrez mundial. Sí lo tiene Suecia, que reclama al australiano por un caso que no sería delito en la mayor parte de las democracias occidentales. Por lo que no es difícil suponer que el país nórdico no es sino la parada en boxes necesaria para que Assange acabe sus días en un agujero militar estadounidense. Resulta llamativo, por otra parte, el empeño occidental en cargarse a Assange mientras se emplean las mismas fuerzas para dar salidas honrosas (léase asilos dorados en terceros países) a dictadores de medio mundo, una vez que sus súbditos han dicho basta. Lo hemos visto antes, lo estamos viendo en el mundo árabe. Lo seguiremos viendo.

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