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Ruinas de la antigua estación de ferrocarril de Detroit

A punto de terminar mi periplo de casi mes y medio por EEUU, es hora de hacer balance. Tras dos años sin aparecer por el país del que también soy residente (y ya van tres, menuda esquizofrenia la mía) las cosas no han cambiado mucho. O sí, todo es cuestión de perspectiva. La última vez que vine, la crisis, la puta crisis, se notaba mucho más que ahora. El euro estaba a 1,50 $ con lo que ir a de compras era como antaño cruzar la Raia. Cadenas nacionales como Barnes & Noble o Circuit City cerraban establecimientos por doquier y prácticamente regalaban sus stocks. He visto televisiones de 60 pulgadas a 300 $. La principal diferencia del sistema capitalista estadounidense con respecto a lo que tenemos en Europa (Sociolismo?) es que aquí las reglas del mercado mandan. Es cierto que primero Bush y después Obama destinaron también cuantiosas sumas de dinero público al sistema bancario (470.000 millones de dólares), a la industria del motor (15.000 millones) y a un plan de estímulo (152.000 millones). Sí. Obama lo ha hecho y la mayor parte de los analistas de este lado del Atlántico coinciden en que quizá eso haya sido lo que haya salvado a EEUU de una recesión más profunda. La recesión en la que ha caído y de la que parece no salir la UE. La diferencia es que aquí la Reserva Federal ha cumplido su papel como sustento del sistema, no como el BCE que solo ha prestado dinero a los bancos (que ya habían recibido pasta de los estados) al 1% y que era utilizado para comprar deuda de los estados al 5, 6 y 7 por ciento para que, después, el BCE y los mercados (bancos e inversores) le reprocharan a los Estados su alto nivel de endeudamiento con la cantinela repetida por nuestros políticos de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades por habernos gastado lo que no teníamos. Y así hasta el infinito. Hoy para entender lo que pasa en Europa, no hace falta saber mucho de economía y basta con los cinco minutos de Tony Leblanc en el clásico Los Tramposos.

EEUU está en campaña y todos los medios tienen la vista puesta en un noviembre donde Obama se juega la reelección. Su principal enemigo sigue siendo la economía y, sobre todo, el desempleo. El dato de julio de 2012 fijaba la tasa de paro nacional en un 8,3%. Un mundo para un país como EEUU. Pero de la campaña hablaré en otro post.

La cosa está bastante mejor, al menos a simple vista. El mercado inmobiliario, eso sí, sigue por los suelos, con casas que en los últimos cinco años han perdido la mitad de su valor, sino más. Aquí se puede ver, un buscador inmobiliario que ofrece información al respecto propiedad por propiedad. Sigue habiendo multitud de casas a la venta por vencimiento de hipoteca. El otro día por la radio, un comentarista hablaba del aumento de casos de personas que ya no pueden hacerse cargo de la hipoteca de la vivienda en la que viven y que deciden dejar de pagarla para comprar una propiedad mucho más barata (40 o 50.000 dólares o incluso menos, en efectivo) y pueden pasarse años viviendo en la casa que han perdido mientras reúnen las cantidades para trasladarse al siguiente. Eso, si alguien no ha comprado antes la casa que ya es del banco.

Sigue llamando la atención la cantidad de anuncios que ofrecen asesoramiento legal. En Chicago, por ejemplo, están por todas partes y ya compiten al mismo nivel que los de la industria de alimentación. El gancho siempre es el mismo. Accidente laboral, accidente de coche, despedido del trabajo, etc. Uno tiende a pensar que, al menos en los dos primeros casos, antes que un abogado es mejor un médico. Claro que después uno cae en la cuenta: el médico te va a cobrar una pasta (sobre todo si no tienes seguro); el abogado también, pero con suerte a lo mejor hasta te hace ganar algo de dinero. De la misma forma que aquí todo es comprable o vendible (basta darse una vuelta por garage sale), todo puede ser materia de litigio. Solo es cuestión de dinero. El capitalismo, baby! Y esto en un país en el que la principal causa de quiebra familiar es, por este orden, el pago del seguro médico (una enfermedad grave puede dar al traste con todos los ahorros de una vida si la póliza de la que se dispone no la cubre); y el pago de la hipoteca.

Veamos. En casi mes y medio, aparte de la casa de mi familia he estado en Detroit (sigue siendo un escenario postapocalíptico pese a que curiosamente los precios se están incrementando exponencialmente) y en el note de Michigan, donde solo hay bosque y lugares de veraneo alrededor de un lago, Michigan, que en algunas partes parece el caribe con sus olas y aguas color turquesa bañando playas vírgenes. He estado en Kalamazoo, la ciudad en la que estudié. Se está convirtiendo en un reducto hipster, esa especie de cultura yankee que mezcla a los hippies de antaño con los modernitos europeos todo con una estética muy trash, de andar por casa. La ciudad ha mejorado desde la última vez que estuve y mucho desde que viví en ella entre 2005 y 2007. Sigue siendo un lugar bastante liberal  al borde del llamado cinturón bíblico, lo cual tiene mucho que ver con el desarrollo de sus dos universidades: la pública Western Michigan University (donde estudié e impartí clases) y el privado y algo elitista Kalamazoo College. La WMU está creciendo. Ha recibido una donación privada de 100 millones de dólares (la más alta que se recuerda en el sistema universitario público del país) y se han construido nuevos edificios y abierto nuevas carreras lo que reportará prestigio a la universidad y, más importante, nuevos y más estudiantes. Además, la ciudad cuenta con una baza muy importante: el Kalamazoo Promise, que la sitúa en la vanguardia de la educación pública nacional. Consiste en un programa por el que todo alumno graduado en el sistema de las escuelas públicas de la localidad tiene cuatro años de universidad pagados en cualquier centro del estado de Michigan, lo que en este país es más que una lotería teniendo en cuenta el precio de los estudios universitarios.

Luego están las anécdotas. Como la del policía de Kalamazoo que se fue de vacaciones a Calgary (Canadá) y que tras volver a EEUU escribió una carta al diario local canadiense quejándose del miedo que había pasado en el país vecino al no poder llevar su arma reglamentaria, provocando el descojone general en una ciudad que según un reciente estudio está entre las diez mejores del mundo para vivir. Sí, esto también es EEUU. Es gracioso, es muy serio también, pero conviene no dejarnos llevar por la anécdota y el tópico fácil. La estupidez no es patrimonio de un solo país.

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