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Antes de seguir con la segunda parte de Misión votar desde Francia me gustaría hacer unas aclaraciónes debido a algunos comentarios recibidos.

Cuando ayer utilicé la palabra “privilegiado” para referirme a los ciudadanos inscritos en el CERA lo hice de una forma irónica. Me refería exclusivamente a las atenciones que, especialmente desde Galicia, reciben desde los candidatos de los dos principales partidos políticos. Visitas, mercadeos, campañas etc. Nada más. Quizá no fue la expresión más adecuada y por eso pido disculpas. Por lo demás, insisto en que no es lo mismo un residente ausente permanente que un residente temporal en el extranjero. Aunque a efectos electorales puedan ser semejantes, las figuras son diferentes y hay formularios diferentes. El propio consulado informa de que “es muy importante que el interesado se asegure que se le inscriba como no residente ya que, en caso contrario, perdería su empadronamiento en el municipio de procedencia”. Por supuesto, aunque es recomendable inscribirse en el consulado correspondiente, no es obligatorio, solo es una facilidad administrativa. Sí es obligatorio para votar.

Finalmente quiero dejar clara otra cosa. En ningún momento he hablado sobre el derecho a votar de personas con la ciudadanía española de primera, tercera, cuarta o enésima generación. La posibilidad de influir con su voto en la elección política de un lugar en el que no residen, nunca lo han hecho y, en muchos casos, nunca lo harán no es el debate. Por lo menos no el mío.

Personalmente no tengo nada en contra de que voten si disponen de ciudadanía. Entiendo las reservas de algunos y la supuesta y dudosa legitimidad de sus votos a la hora de determinar resultados en elecciones apretadas, según otros pero, repito, a mí me da igual. Lo único que digo es que deberíamos votar todos de forma presencial el día de las elecciones —o antes dependiendo de los usos horarios— presentando nuestra documentación en regla. Un voto, una persona, (TODOS) y recuento de papeletas depositadas una vez cerradas las urnas, sin dejar que trámites administrativos, sacas de papeletas y envíos por correo puedan poner en duda el funcionamiento del sistema. El objeto de estas crónicas es contar mi experiencia para conseguir votar hasta el final, tanto si lo consigo como si no. Nada más.

Dicho esto, continuemos.

Ayer me pasé buena parte de la mañana intentando llamar al Consulado español en Lyon. La única respuesta recibida ha sido una máquina que me ofrecía opciones administrativas a elección tras marcar un número correspondiente. Lo he hecho en lo relativo al apartado de “trámites electorales” pero todas las veces el resultado siempre era el mismo: un callejón sin salida hacia una melodía pastelosa sin fin.

Cansado, he vuelto a llamar a la Embajada de París. Una señora (desconozco si la misma que el martes me colgó el teléfono) ha accedido a desviar mi llamada al consulado “a ver si así hay más suerte”.

Pero antes, un inciso. Cuenta la leyenda, confirmada por una “Orden AEC/3779/2006, de 15 de noviembre, por la que se crea una Oficina Consular Honoraria en Dijon (Francia) (BOE de 13 de diciembre de 2006)” que en esta ciudad hay una representación oficial española. El problema es que resulta difícil de encontrar si no sabes dónde. En la página de la Embajada española en París no hay información al respecto en el apartado de representaciones consulares. En la web del Consulado General de París tampoco. Pruebo en la página del Consulado General de Lyon pero sin suerte. Tras mucho buscar la he encontrado aquí. Pero esto fue después de hablar con el consulado de Lyon.

Volvamos a la llamada que he dejado en espera. Tras cinco minutos pegado al auricular, alguien contestó. Al otro lado del teléfono, en el Consulado español de Lyon, R.E. Le expliqué mi caso y R.E., muy amable y atento me confirmó que para situaciones como la mía (dificultad de horarios para desplazarme, costes, etc.) había una vicecónsul honoraria en Dijon.

—Eso creo, dije, pero soy incapaz de encontrar teléfono o e-mail para comunicarme con ella y preguntar si es posible hacer este trámite sin ir Lyon.

—Ah… Bueno. Toma nota de su número de móvil (…) su nombre es Laurence Karoubi.

Según me informó R. E., “desde hace unos meses” se había decidido que los vicecónsules recogiesen documentación y la enviasen a los consulados para realizar algunos trámites que antes había que hacer de manera presencial. También me envió por correo el formulario para darme de alta en el Registro de Residentes no permanentes.

Después de la conversación con R.E. llamé a Mme. Karoubi y un tanto extrañada me confirmó lo que me habían dicho en el Consulado. Con los papeles cubiertos, y las fotocopias requeridas me fui al viceconsulado de España. Existe. Hasta tiene una placa oficial con escudo y bandera. Lo que no entiendo es por qué no hay constancia del en las páginas web antes mencionadas.

Así que finalmente he tenido suerte. Me he ahorrado el viaje a Lyon y, en teoría, ya solo queda confiar en el buen funcionamiento de la burocracia y de Correos. La carrera de plazos ha comenzado. Entre el 25 de septiembre hasta el 1 de octubre debería recibir la documentación (papeletas de las candidaturas). A ver.

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