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Mi relación con Mario se ciñe a un cúmulo de fatalidades. La segunda tuvo lugar a finales de 2009, cuando comenzaban a caer las primeras cajas y sus responsables aún no se iban de rositas con indemnizaciones millonarias bajo el traje de diseño. Me pregunté qué pensaría Mario Conde (Tui, 1948) de todo aquello. El otrora símbolo de la España triunfadora de puerto deportivo y gomina era el único banquero de la historia de la democracia moderna que había sido condenado (hubo otros, a su alrededor, pero no tan conocidos) por el vaciado de una entidad financiera y que había ingresando en prisión unos cuantos años por ello. Banesto, un banco privado, también había sido intervenido por el Estado para, dijeron, garantizar los depósitos de sus clientes. Lo que estaba ocurriendo con las cajas, entidades semipúblicas, a priori parecía más grave. Pero nada. Hoy Mario sigue siendo el único banquero que puede presumir de compañeros de celda en Alcalá Meco. Al menos en eso es único.

Me puse en contacto con él y le pedí una entrevista. Muy amablemente, el señor Conde me respondió diciéndome que se encontraba fuera de Galicia y que en cuanto volviera fijaríamos una fecha para que yo fuera a su residencia ourensana. A los pocos días me avisó de que había vuelto a lo que yo respondí que pusiera él la fecha para nuestro encuentro.

Unos días después mi periódico me despidió.

Le volví a escribir al señor Conde comunicándole el cambio de mi situación profesional y también mi intención de seguir adelante con la entrevista con la determinación de colocarla en algún otro medio.

De manera inmediata, Mario Conde me respondió diciendo que había cambiado de idea y que dado que ya no trabajaba para el periódico bajo el cual me había presentado originalmente ya no “creía conveniente” realizar la entrevista. Intenté convencerlo pero fue inútil. Podría reproducir nuestro breve intercambio de e-mails pero fueron enviados desde la cuenta corporativa de mi ex periódico y estas cosas son las primeras que desaparecen de la empresa después del trabajador despedido.

No le guardo rencor. Cada uno es dueño de su silencio. Luego descubrí que la entrevista, entre otros, se la había hecho Jabois no una, sino dos veces.

Digo que no le guardo rencor. En serio. Claro que no sé si mis padres pueden decir lo mismo pues ellos fueron unos de los miles damnificados por el agujero de encontrado en el banco (de alrededor de 450.000 millones de pesetas, unos 2.704 millones de euros) en el que tenían sus ahorros, parte de los cuales estaban depositados en acciones que se esfumaron como la espuma.

Desde entonces, a mi madre se le hicha una vena en la sien derecha cada vez que escucha el nombre de Mario Conde. Y cuando a mi madre se le hincha esa vena, la experiencia dice que es mejor salir corriendo. Esa fue la primera de mis casualidades fatales con Conde.

Desde hace unas semanas, Conde está de nuevo de actualidad con motivo de su segundo intento de saltar a la política tras la tarea fallida de resucitar el viejo CDS. Los chistes no se han hecho esperar. Todos los hemos hecho. Mario Conde será candidato a la Xunta de Galicia como cabeza de lista de un nuevo partido, Sociedad Civil y Democracia (SCD) que, vista su presentación en sociedad el pasado sábado, más que un partido parece una iglesia. Y no lo digo por las maneras de pastor baptista que se gasta su líder para mayor disfrute de su audiencia, sino por lo mesiánico de su programa.

Estoy super a favor de que Mario Conde concurra a las elecciones. Y eso a pesar de que la tercera fatalidad que nos une es que el paso adelante haya tenido lugar a mil y pico de kilómetros de donde resido; y no era plan. Habría pagado por cubrir el acto de SCD en Santiago.

En esto del periodismo, yo he pasado de querer cubrir guerras a soñar con escribir dos crónicas: la presentación de Conde y el show en A Coruña de la vidente de Telecinco. Dos espectáculos dignos de ser presenciados pero, sobre todo, contados. Esas dos crónicas serían mi canto de cisne en esta profesión. Supongo que seguiré esperando nuevos retos.

“No queremos parecernos a los demás políticos” dijo Conde el pasado sábado. “Queremos que los demás políticos se parezcan a nosotros”, remachó en un arranque de sinceridad que bien haría en mirárselo el que ahora pretende asaltar la presidencia de la Xunta de Galicia. Desde aquí se lo digo, señor Conde: los demás se parecen cada día más a ustedes. Usted solo ha sido hasta el momento la vanguardia.

Mario Conde tiene todo el derecho legal de presentarse a unas elecciones y nadie le puede recriminar nada. Sería hipócrita utilizar su pasado carcelario cuando, como mínimo, el señor Conde ha pagado su deuda con la sociedad con unos cuantos años a la sombra pese a que 7.200 millones de pesetas que siguan en paradero desconocido. Otra cosa es colocar el debate en una dimensión ética y preguntarse si una persona con sus antecedentes penales debe aspirar a ser un gestor de la cosa pública y supuesto modelo. La realidad es tozuda. Basta con echar una ojeada a las listas que la mayor parte de los partidos presentarán a las elecciones. No hay una inmaculada, lo que no impide a los votantes acudir a las urnas a depositar una papeleta como quien va, cada sábado, a ver jugar a los portadores de los colores de su equipo de fútbol. Y después se hacen preguntas a las que dicen no tener contestación cuando no hay más ciego que el que no quiere ver.

Tal y como bajan las aguas no entiendo que Conde no saque más partido de su experiencia carcelaria. Dicen sus defensores y acólitos que está de sobra preparado. No me cabe duda al respecto. Además, dejando su CV a un lado, se encuentra en posición de predicar con el ejemplo. Si yo fuera su asesor le recomendaría hablar de bancos, agujeros, banqueros y cárcel cada vez que tuviera un micrófono delante aunque, no nos engañemos, no serán muchos.

Su flanco débil es su vínculo con Galicia. Nació en Tui y vive en Ourense. Hasta ahí. Hay que decir que esto no debería suponer un mayor problema. Hace años desembarcó Don Manuel con un cartel que decía Galego coma ti y los votantes le regalaron 16 años de mayorías absolutas, dejándolo entrar tan hasta la cocina que parecía uno más en casa.

Caso aparte ha sido su inteligencia contrastada a la hora de manejar el tema del idioma (a partir del min. 27:30). A la primera, Mario pega en la frente de su primo “galego pensante”, el escritor Alfredo Conde. Con primos así uno entiende mejor los dramones familiares en plan Dallas. Como un mal actor en una obra de segunda en la parte baja de Broadway, Mario demostró una tenacidad impenitente a la hora de imitar un acento del que carece y que por otra parte es del todo innecesario. Lo hizo amorrado al micro, como para darle mayor sentimiento a la actuación, contando anécdotas de gente que se se le “acercaba por la calle”.

Más tarde remató la faena en Twitter, en un intercambio dialéctico un tanto surrealista con el que será candidato de Converxencia XXI, Carlos Vázquez Padín:

Hay que reconocerle algo a Mario Conde. La velocidad para dejar en evidencia sus propios argumentos es de récord. Después de decir que “gracias al español, los emigrantes gallegos pudieron irse a América”, resulta que a Mario Conde, su acento galaico le impidió ser entendido en Alicante. Lo que no sé a quién deja en peor lugar: si a Mario o a los alicantinos.

En serio. Me parece muy bien la presencia de Mario Conde en la carrera política. La diversión está, como mínimo, asegurada. Haciendo un ejercicio de política ficción, un Estado como España presidido por un ex banquero condenado me parece de lo más apropiado para la últimamente tan cacareada Marca España.

Al menos, en su caso, nadie podrá decir que no estaban advertidos.

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