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Lo de despedir a la gente por e-mail es una nueva muestra de lo que la actual dirección de El País entiende por el cambio digital. Dicen que no ha sido la empresa misma, sino el Comité el que ha ido, uno a uno, diciéndole a sus compañeros que su nombre estaba incluido en la lista que el lunes presentará la dirección en el Ministerio de Trabajo. Cómo te lo digan es, a fin de cuentas, lo de menos. Lo importante no deja de ser el hecho: que la dirección del que se vanagloria de ser el principal periódico en español decida al amparo de una crisis de la que ellos mismos son grandes responsables prescindir del único capital con el que cuenta un periódico, sus periodistas. En concreto 129 nombres entre los que figuran algunos de los mejores profesionales de España, maestros para los que un día nos dedicamos a este noble arte de juntar palabras para contar historias. Más allá del hecho, el cómo te lo digan no deja de ser sino un síntoma de en qué nos hemos convertido y al amparo de qué tipo de personas y políticas hemos puesto las cosas importantes.

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Yo ya no trabajo en una redacción. Ni siquiera vivo en España. Ahora escribo donde quiero y de lo que quiero. A veces me pagan, la mayoría no. Me prostituyo, lo sé. Para pagar las facturas doy clases en una universidad extranjera. Algún día acabaré la eterna tesis que estoy escribiendo por trámite y, supongo, necesidad. Viendo cómo está el negocio dudo que algún día vuelva. Mentiría si digo que no vivo mejor que antes. Mentiría si digo que ahora no gano más dinero que antes. Mentiría si no digo que no hay mañana en la que me despierte pensando que vuelvo a una redacción, a un juzgado, a un parlamento, a un ayuntamiento o a la calle en busca de una historia. Solo yo sé cómo lo echo de menos. Cómo echo de menos el aire irrespirable de una redacción a las siete de la tarde. El silencio de la redacción vacía a primera hora de la mañana. Las prisas de la hora de cierre y la adrenalina recorriendo el cuerpo al escribir una historia que sólo tienes tú y que mañana, inocente de ti, puede hacer cambiar las cosas. Una noche electoral. El postpartido con los compañeros. Comerse las lágrimas el fin de semana del 11-M.

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Hoy el miedo es solo la espera ante la muerte de mañana. Cada uno es libre de mantener a raya su miedo como crea más conveniente. Decían ayer que El País no volverá a ser el mismo. Puede ser. Lo que es seguro es que dentro de unos meses o un año nadie se acordará de lo que pasó con los 129 despedidos de la misma forma que nadie parece acordarse hoy de que no se puede ser director de un periódico inexistente o de los 6.000 periodistas que ya se han quedado en el camino desde que comenzó la crisis. Algunos volverán a escribir en otros sitios. Otros, los menos conocidos, caerán en el olvido. Los que peor lo tienen son los más veteranos y, sobre todo, las mujeres. Si aludimos a la fórmula mujer y veterana, lo siento chica, pero estás jodida. La vida es dura ya has leído la carta sin firma de El País. El show debe continuar.

Leer Un cementerio de valientes en Achtungmag.com

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