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En la mejor revisión sobre el mito del perdón que el cine nos ha regalado en los últimos veinte años, un crepuscular ex asesino purga sus pecados tras quedarse viudo cuidando de dos niños y unos cuantos cerdos en una granja de mala muerte en medio de ninguna parte. La moraleja del personaje interpretado magistralmente por Clint Eastwood en Sin perdón, que vuelve a la carretera tras aceptar el encargo de hacer justicia por parte de unas putas, está clara: el perdón no se pide; el perdón se gana en silencio, purgando las culpas; el perdón, mucho menos se otorga, simplemente se resarce haciendo justicia.

Un grupo de militantes socialistas han decidido ponerse ante las cámaras para entregar a la audiencia su particular interpretación del mito. A lo largo de tres minutos y medio varias personas desfilan ante la cámara para «pedir perdón» por los errores (traiciones) y males ocasionados por los últimos gobiernos socialistas. Reconocer los errores ―¿y hacer autocrítica?― es el mensaje que quieren lanzar quienes han participado en la grabación y quienes la apoyan de alguna u otra forma, pese a que la travesura no ha sentado muy bien en la sede de Ferraz. El resultado de tamaña desfachatez, lejos del objetivo inicial resulta en patetismo y cae por su propio peso en los segundo iniciales con la intervención de una de las participantes: «pedir disculpas, a quién, para qué, por haber hecho qué». Pues eso.

(…)

Me dice un amigo que ese vídeo es la típica gilipollez que solo se le puede ocurrir al PSOE. No lo creo. Las gilipolleces, sobradamente demostrado está, no son patrimonio de ningún partido aunque en el PSOE llevan tiempo empeñados en liderar en solitario esta liga del absurdo. Yo creo que este vídeo es todavía peor: es la idea de un militante de base aburrido (como todo militante de base) y con una cámara de vídeo familiar. Se echa en falta que alguno salga a recitar sus disculpas con un matasuegras y un cono de cartón en la cabeza. Así al menos la cosa sería más creíble. El vídeo del perdón ha acabado por convertirse en una de esas grabaciones familiares con las que torturar a los amigos que vienen de visita. Las cámaras domésticas son instrumentos del diablo de las que solo puede salir, en el mejor de los casos, un vídeo guarrillo. En el peor, uno de militantes del PSOE.

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