Etiquetas

, , , , ,

Fotografía extraída del lobro 'Armed America. Portraits   of    Gun   Owners   in  Their   Homes', de Kyile Cassidy (2007)

Fotografía extraída del lobro ‘Armed America. Portraits of Gun Owners in Their Homes’, de Kyile Cassidy (2007)

(…) Ahora en caliente, allí pero también aquí, los medios dedicarán horas a debatir sobre lo ocurrido en un colegio infantil de Newtown, Connecticut. Incluso faltarán expertos en psicología social para tratar de «hacernos comprender», cuando la cosa resulta bastante simple: un tipo entró en un colegio con tres armas, una de ellas un M4 semiautomático, y en pocos minutos se llevó por delante a 27 personas, 20 de ellas niños menores de 10 años. Lo hizo porque podía: tenía las armas. Lo hizo porque quería: puede que algo no funcionara bien en su cabeza pero al fin y al cabo lo que cuenta es que quiso hacer lo que hizo. Las razones son lo de menos. Rápido y sencillo, con la misma frialdad con la que el tirador tras dar por cumplida su misión se descerrajó el último tiro en su propia cabeza. Y también igual de complicado. Porque la cuestión de las armas en EEUU va mucho más allá del simple debate entre el derecho o no a la posesión salvaguardado de forma un tanto ambigua por la sacrosanta Segunda Enmienda de la Constitución: «A well regulated Militia, being necessary to the security of a free State, the right of the people to keep and bear Arms, shall not be infringed.» O lo que es lo mismo: «Siendo necesaria una Milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar Armas, no será infringido.»

No se trata de tener o no tener. Eso sería fácilmente solucionable a nuestro europeo modo de ver el mundo. Y he ahí el problema que así, a lo loco, solucionamos de la siguiente manera: «los yankees están locos». Se trata de que las armas, gusten más o menos, forma parte de la esencia de EEUU. Incluso de su cultura (bizarra, en ocasiones salvaje), la que más impacto tiene el mundo moderno. En mi altar particular figuran tipos como Hunter S. Thompson o Ernest Hemingway, que cuando jugaba al periodismo cargaba una pistola al cinto. Ambos acabaron sus días como vivieron, pegando tiros. Ambos tenían un gusto especial por combinar drogas y armas. Burroughs mató a su esposa jugando a Guillermo Tell con una pistola. Ambos estaban cargados.

(…)

Leer Home of the brave completo en Achtung!

Anuncios