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Traveler at Hotel Reception Desk --- Image by © Elke Van De Velde/zefa/Corbis

Tiene las puntas de los dedos arrugadas y comidas. En parte producto de pasarse varias horas al día con ellos bajo el agua. En parte porque es bastante nervioso y suele matar el gusanillo mordiéndose la piel que rodea las uñas. Mejor eso que fumar una cajetilla diaria. Por los pulmones y el bolsillo. Porque el precio del tabaco es otra de esas cosas con las que se penaliza a los menos pudientes. Impuestos indirectos, le llaman los ministros del ramo propensos siempre a subir el gravamen a este tipo de productos. Porque todo el mundo sabe que gasolina o tabaco inciden por igual en la economía de un alto directivo con un sueldo de cinco cifras, que en la de un parado con prestación mínima o un afortunado mileurista. La fiscalidad progresiva de la que habla la Constitución.

En agosto del año pasado aterrizó en Birmingham, Inglaterra. Al aeropuerto fueron a llevarlos sus padres. Durante el trayecto, su madre, con el gesto contenido de quien aguanta unas primeras lágrimas para no explotar en llanto, no cesó de repetirle que tuviera cuidado y que con cualquier cosa llamase que ya iría ella donde hiciese falta. Él contestaba que sí, repetidas veces sí a la misma retahíla maternal. Aparentaba tranquilidad. La procesión iba por dentro y se comía la piel de los dedos. Ya en el avión volvió a revisar los papeles. Por enésima vez desde que se había montado en el coche. El billete de tren que desde Londres lo llevaría a Birmingham, el pasaporte que no necesitaba pero ya que lo tenía nunca estaba de más. El DNI, las tarjetas, una de crédito, nueva, recién recibida y con cargo a la cuenta de sus padres pues el saldo de la suya le impedía tener acceso a una propia. El bolsillo derecho con mil libras en efectivo con las que hacer frente a las eventualidades e imprevistos de los primeros días, incluidas las 500 que tenía que pagar por la habitación que había conseguido en un suburbio de la nueva ciudad. Todas las preguntas. Ninguna respuesta. La aventura. El miedo.

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