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Mariano Rajoy, ayer, en la tele frente a los periodistas

Que los gallegos somos una potencia está fuera de toda duda. A lo largo de la historia hemos sido capaces de poner en Madrid, así a bote pronto, dos presidentes de la República, un dictador y dos presidentes de la España democrática. En un alarde de poderío, alguien sugirió hace poco que incluso estábamos a esto de colocar a un nacional en el trono de San Pedro. Al final salió un bonaerense pues tampoco es cuestión de abusar y ahí está Buenos Aires siendo nuestra quinta provincia. Tenemos un delfín, manchado sí; pero si de algo sabemos los gallegos es de mares, siempre lejos de estar limpios. En la lista de Forbes hemos metido a Amancio Ortega, campeón de los pobres, y cuya afición más conocida es competir con Rajoy a escapar de los periodistas igual que sus paisanos escapan de la Santa Compaña en las noches de invierno. Tantos años nos pasamos contra Fraga que ha sido duro descubrir ahora que contra él vivíamos mejor. Si de algo sabía el León de Vilalba era de tratar a la prensa a la que jamás le tuvo miedo. Tampoco respeto. Su forma de despreciarnos era dirigirse a nosotros sin cortapisas, con la confianza que da el ver a alguien todos los días,  hasta que la confianza dé asco. «No moleste, joven», fue lo único que me dijo Don Manuel cuando yo era un simple becario y por una conjunción astral equivocada interrumpí su paso durante una inauguración de algo. La manera que tenía Fraga de mostrar el respeto a la tribu era nombrando conselleiros capaces de disparar titulares como Chuck Norris a soldados del Vietcong. Xaime Pita fue durante años su mejor escudero, actividad que compaginaba en los ratos libres con la Consellería de Presidencia o la vicepresidencia del Parlamento. Siempre desconfió de los periodistas a quienes creía, no sin razón, de naturaleza disoluta. «Los que tenemos la tarea de trabajar y colaborar con el presidente no tenemos ni pito ni flauta que tocar», dijo a la prensa cuando le preguntaba sobre la sucesión del Gran Timonel. Él fue quien mejor definió a Fraga, «presidente del PP gallego, presidente fundador del PP nacional, presidente de la Xunta… ¡Presidente de todo!». El otro fue el conselleiro de Cultura, Xesús Pérez Varela, entre cuyas atribuciones especiales estaba, a veces, la de tratar con la prensa. Durante la entrega de unos Premios Galicia de Comunicación dejó claro de qué iba la correcta relación entre periodistas y políticos. Emocionado y al borde de la lágrima (algo a lo que era dado) espetó: «gracias, señor presidente, por dejarnos escribir en libertad». Es sabido que a Mariano Rajoy, Fraga le dio dos consejos: casarse y aprender gallego. Sólo le hizo caso en el primero y tampoco el pontevedrés ha aprendido de su antecesor a relacionarse con el gremio de plumillas. Siguió la tradición del partido mirando a Bulgaria a la hora de montar congresos y se ha mostrado vanguardista en sus relaciones con la prensa. Lleva tres meses sin comparecer ni responder a un periodista en suelo español. Hoy hemos vuelto a ver por la tele a nuestro querido líder para confirmar lo que algunos nos tememos: China es nuestro faro pues pocas diferencias hay entre cómo habla a su pueblo Rajoy y cómo lo hacen los funcionarios del PCCH. Llegados a este punto no se extrañen cuando nuestro querido líder engrose las brigadas internacionales que está reclutando el camarada Cao de Benós. Lo hará a golpe de plasma y, claro, por solidaridad con su querido líder.

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