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María Dolores de Cospedal, ayer, a su entrada a la sala del Congreso donde se reunió con los diputados del PP (Emilia Gutiérrez)

María Dolores de Cospedal, ayer, a su entrada a la sala del Congreso donde se reunió con los diputados del PP (Emilia Gutiérrez)

Hubo un tiempo en el que comer parecía una buena idea. Incluso por necesidad fisiológica; ese momento en que comes cualquier cosa que encuentres por el suelo, como dice mi amigo Tallón. Como con todas las cosas buenas, comer, pronto se convirtió en vicio. De entre todas las leyendas históricas, una de las que más carrera ha hecho es aquella que atribuye a María Antonieta la frase «que coman pasteles» en sus múltiples variantes. La esposa de Luis XVI habría respondido así a las protestas de sus súbditos ante la falta de harina en la Francia prerrevolucionaria. Un problema que les impedía hacer el pan que llevarse a la boca pero que, a la postre, les permitiría ver rodar cabezas por los adoquines de la hoy Plaza de la Concordia parisina. Siempre hay un roto para un descosido. Hoy se sabe que María Antonieta no dijo aquello. Lo aseguraron Rousseau, Zweig e incluso historiadores más contemporáneos pero no dejemos que nos rompan el romanticismo. Da lo mismo quién pronunciara aquello ya que en el fondo lo importante es la frase. Más, en un momento donde las palabras pierden su significado con la misma rapidez con que una ministra decide que ya no hay emigración sino movilidad exterior que viene a ser algo muy parecido al falso nueve: un despiste y te la meto. Han dicho que María Dolores de Cospedal ha dicho que «nuestros votantes [los del PP] dejan de comer antes de no pagar la hipoteca». Y lo ha dicho todo; qué más quieren. Surgen dudas, claro. Sobre todo cuando ante el revuelo montado por las palabras supuestamente dichas, la protagonista niega la mayor. Después, la periodista que había escrito lo que, según ella, había dicho Cospedal cambia la versión. Según la nueva, lo que Cospedal dijo es que «Los votantes del PP son los que pagan la hipoteca». No diré yo quién dijo lo que dijo pues no estaba allí como tampoco la periodista, lo que está claro es que la segunda versión es más o menos lo mismo que venía a decir Baltar cuando se calzaba el trombón: si no eres del PP, jódete. En torno a quien dice saber lo que pagan sus votantes (10.866.566) pero desconoce lo que cobran los tesoreros de su partido si no es en diferido, todo son interrogante. A Cospedal, una señora que ingresa tres sueldos y que está pidiendo a gritos un cuarto, podríamos decirle que tenga cuidado no vaya a ser que a fuerza de ayunar forzosamente, sus votantes acaben por desaparecer, mientras ella come pasteles. De lo de la periodista podemos entrar en el eterno debate de las fuentes e, incluso, en el de los off the record, lo que es terreno de lo religioso: una cuestión de fe. Y por lo que se ve, la presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid no tiene mucha en las suyas. No obstante, la conexión pensamiento-habla de Cospedal se explica mejor acudiendo al filósofo francés Hippolyte Taine cuando decía: «el hambre suele producir poemas inmortales. La abundancia, únicamente indigestiones y torpezas». Cospedal lo es todo en el PP menos pantalla de plasma, labor ocupada por nuestro querido líder, y ese don de la ubicuidad le está jugando malas pasadas a una chica que es la prueba de que hay vida más allá de los concursos de belleza. Lo que ni ella ha podido demostrar es que sea inteligente.

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