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Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior.

Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior.

Maricones que nos llevan a la extinción y ahora putillas terroristas. Así está el país en su año estelar 2013, según el cuaderno de bitácora del ministro Fernández Díaz. Porque es ministro y andará ocupado. Con menos de eso Chuck Palahniuk te monta una novela y Pedro Almodóvar se lleva otro Oscar. No ha dicho nada de nazis pero todo es cuestión de tiempo. Los donetes cubiertos de chocolate blanco algo tienen que ver con ETA, pero no demasiado. Si no, no me explico yo cómo algo tan bueno puede ser tan malo. Dicen que gobernar en estas circunstancias no es nada fácil. Lo que parece imposible es decir una tontería más gorda que la anterior cada vez que te ponen un micro delante. Esa capacidad está al alcance de muy pocos. Quizás sólo el añorado Arzálluz tenía un poder semejante al de nuestros ministros para levantar a las masas a que hagan la revolución en Twitter. Ese parece nuestro destino: como Arzálluz en su día, de no existir nuestros actuales ministros, habría que inventarlos. Dice Tallón que no entiende cómo todavía no nos escupen. Lo hacen, lo que pasa es que estamos tan ahogados en su saliva que ya ni nos damos cuenta. Primero nos dijeron que las clases habían muerto. Hay quien se esfuerza en hacernos ver que no, como demuestra la realidad. Yo simplemente creo que sólo hay dos tipos de seres vivos, los que tienen y los que no. Todavía no he decidido a cuál de los dos pueden ser catalogados de personas. Supongo que va a gusto del consumidor, en función del lado que en que le haya tocado. Hay que reconocer también el don de la oportunidad del actual Ejecutivo. Justo en el momento que desimputan a la princesa y el país se llena de republicanos a un ritmo sólo comparable al de la aparición de demócratas en el 77. Ya lo ha dicho Felipe González: con las cosas de comer no se juega. Y lo ha dicho el hombre que en el 82 pudo comerse a las mujeres de media España. De eso ha pasado ya bastante tiempo. Tras años engordando con ahínco, Felipe lo ha conseguido: es un jarrón chino. Nadie mejor que él sabe que con las cosas de comer no se juega pues él come de según qué cosas. Como el dedo de Mourinho ilumina el camino a un sector de Bernabéu, algunos de nuestros próceres no dejan de agitar los suyos al aire. Parece ahora que Mou se hace el remolón. Imagino que en el Gobierno son los máximos interesados en la continuidad del luso pues Mariano sabe de los límites de su tropa. Es muy complicado que sus ministros anden mostrándonos la luna a diario y nosotros nos empeñemos en seguir viendo sus dedos. Al final se irá y lo hará como vino: rompiendo la vajilla. Se irá por desamor y por lo que lo haríamos todos, dinero. No se siente querido, dice que es difícil ser portugués en España. No puedo imaginar lo jodido que tiene que ser serlo en Portugal. O, ya mismo, español en España. Al final, lo de la nación es un puritito accidente y todos somos, en realidad, hijos de la chingada, como dicen los mexicanos. A ellos, José Vasconcelos los bautizó como «la raza cósmica» en 1925 para luego olvidarse de todas las de alrededor, las que según el Subcomandante Marcos eran «las del color de la tierra». Ya lo dijo Larry Holmes, conocido como «El asesino de Easton» y campeón del Mundo de los pesados entre el 78 y 88. Una vez le preguntaron si se sentía «negro» (lo es) y el púgil contestó: «Yo fui negro una vez, cuando era pobre».

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