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Jugar a la nostalgia siempre reporta beneficios. Lo saben los de Cuéntame, esa serie que lleva doce años en antena y en cuyos protagonistas se parecen peligrosamente a los miembros de nuestra propia familia. Cuéntame comenzó en el 68 y enfila ya los años de La Movida madrileña. Por un momento creímos que cualquier día los Alcántara nos sobrepasarían y la serie se convertiría en un ejercicio de ciencia ficción a la española. Sin embargo la realidad ha llegado para poner las cosas en su sitio y, ahora hay quien los jueves se sienta delante del televisor en una suerte de regreso al futuro pero sin Michael J. Fox. Intentando descifrar la cuadratura del círculo que le permita ir al día siguiente a comprar al mercado. El futuro ya llegó y todo hace indicar que no era como lo esperábamos, sino más bien semejante a lo vivido. Pasa en una ciudad de provincias como Pontevedra que parece que va a quedarse sin cines. No será mayor problema para los que tengan ordenador, convertido en la nueva pantalla. Al menos allí siempre podemos hacernos la ilusión de ver cumplida la advertencia de Groucho Marx: él nunca iba a ver películas en las que el pecho del héroe era mayor que el de la heroína, lo que a mí me parece un consejo de los de seguir al pie de la letra a la hora de sentarse a ver algo. En torno a la desaparición de las últimas salas pontevedresas a todos nos ha dado por recordar el pasado en unas butacas en las que ya no se sienta nadie. El ejercicio ha sido tan popular que incluso hemos participado los que hace siglos que no íbamos por algo tan prosaico como la calidad de la cartelera. Es una pena, sí. Sobre todo por esa facultad terapéutica del cine que muy bien describió Pedro Ruíz al señalar que lo bueno de éste es que durante dos horas los problemas son de otros. Más allá de romanticismos, no creo que haya que excluir a bote pronto las posibilidades de un cine cerrado. Yo, sin ir más lejos, buena parte de lo que sé de mujeres lo aprendí en el antiguo Teatro Cine Victoria de Benito Corbal. Y la sala llevaba meses cerrada.

Seguir leyendo El pasado nos sienta tan bien en Achtung!

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