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MOU

El único que no se ha pronunciado todavía sobre Mourinho ha sido Rajoy. En ésta como en otras cosas, el presidente del Gobierno llegará tarde y posiblemente tras una pantalla de plasma. Lo único que ha impedido a los españoles conocer la opinión del segundo de ellos ha sido su miedo atávico a los micrófonos y el no disponer de Karanka. Todo hace indicar que el presidente de la Casa Blanca saldrá esta tarde a las 20 horas a entregar la cabeza del culpable de todos los males a los leones. Será un sacrificio en diferido ya que no se consumará hasta el último partido de la temporada, y quedan dos. Florentino repite la historia y como los emperadores romanos expiará sus propias culpas entregándole un general al circo. Después, todos podremos volver a nuestras labores con la tranquilidad que deja la sensación del trabajo bien hecho. No es que importe mucho mi opinión pero a mí Mourinho no me cae especialmente bien, es más, diría que hasta me produce un cierto rechazo. Más allá de eso, lo cierto es que me da un poco igual si se va o se queda. En esto y otras muchas cosas soy un antiguo y como Vujadin Boskov sigo creyendo que fútbol es fútbol y a veces incluso sólo un juego, el más bello de todos. Desde el punto de vista gremial, mejor nos vendría a los juntaletras que el luso mantuviese su puesto, más ahora ante la carestía de encontrar buenos sparrings en las salas de prensa. Ese es precisamente, el territorio en el que Mourinho se mueve como nadie. Uno, que siempre ha visto con sospecha y hasta con oxímoron al periodismo deportivo, no entiende cómo aquellos que lo practican han hecho tanto por prescindir de su principal mina de oro. El paso de The Special One por Chamartín puede definirse con el título shakesperiano de mucho ruido y (más bien) pocas nueces. Mourinho ha dejado en las vitrinas blancas una Copa, una Supercopa y una Liga. Básicamente lo trajeron para acabar con la hegemonía del Barcelona y hasta en eso su bagaje sale a deber. En sus tres años en Chamartín el eterno rival se ha llevado ocho títulos. Al Barça no se lo ha cargado Mourinho sino el Bayern en Europa y en casa, bueno… Dicen los acérrimos que ha sido el luso el que provocó la estampida de Pep lo cual es una teoría interesante como la del viaje en el tiempo pero sin posibilidad de ser probada. Pero no dejemos que lo urgente nos impida ver lo importante. Desde que el dedo del luso marcara el camino de algunos, el país ya no se divide en blaugranas y merengues sino que por obra y gracia de Mourinho, dentro de la última categoría hay que añadir las nuevas anti y pro Mou. Tal división ha creado que sorprende a estas alturas que no haya que ver en ello el origen de lo que algunos llaman el desbarajuste autonómico. Mou se va pero nos deja el Mourinhismo que como todos los ismos es una boutade sin importancia pero de gran repercusión sociocultural. Yo no sé si ganar a cualquier precio está bien pero sí sé que es lo único que cuenta. Y en esto, mal que nos pese incluso a los madridistas por imposición paterna, ni siquiera el luso ha sido infalible. Por eso si el anti Mou se ha pasado tres años en busca de la conspiración, también el mourinhismo debería hacérselo mirar. Defienden los seguidores del apóstol luso que Mourinho ha sido pasto de los lobos como nunca nadie antes y da la sensación de que lo dicen en serio, como dando por cierto ese «nadie» y ese «antes» en el banquillo de Chamartín. Un banquillo por el que pasaron con desigual fortuna gentes como Del Bosque, Pellegrini, Schuster y muchos otros a los que la prensa machacó en términos semejantes a los que al profeta del Waco blanco. De eso sabrá mucho un tal Jupp Heynckes que el próximo fin de semana puede convertirse en el primer técnico de la historia en ganar dos Champions y el despido de forma seguida. La cabeza del alemán tuvo precio durante todo aquel año y fue cobrada el mismo día que la séptima orejuda. Se marcha Mourinho y más que el fin de una era parece que el quinqui-guay de la clase deja el instituto provocando la misma división de opiniones entre empollones y populares. Llegados a este punto quizá el próximo entrenador del Madrid debería ser sometido a referéndum. O, como dice Tallón, superar unas primarias. Puede que así descubramos que la cacareada regeneración democrática era esto. Hasta dentro de unos años cuando Mou vuelva para poner orden.

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