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Vietnam Revisitado (I)

Foto: Larry Burrows—Time & Life Pictures/Getty Images

Foto: Larry Burrows—Time & Life Pictures/Getty Images

Ha habido otras. Hay otras, demasiadas. A buen seguro habrá más. Pero ninguna será ya como Vietnam. El jodido Vietnam. La Puta Guerra con mayúsculas. Fue de alguna manera la primera y la última porque ya nada ha vuelto a ser igual desde el momento en el que un grupo de marines norteamericanos arriaban la bandera de las barras y estrellas de la azotea de la embajada de EE. UU. en Saigón. La capital de Vietnam del Sur cayó el 29 de abril de 1975. La historia dirá que fue el día 30, cuando los primeros tanques del Vietcong (Frente de Liberación Nacional, la guerrilla survietnamita que apoyaba al Ejército de la República Democrática de Vietnam o Vietnam del Norte, NVA en inglés) enfilan por las calles de la ciudad. Pero lo cierto es que el destino de la capital del sur y de la contienda está ya sellado desde febrero del 68, cuando da comienzo la ofensiva del Tet. Pero entonces aún quedaba lo peor.

Apenas ha amanecido todavía el día 30 cuando sobre la cubierta del buque insignia de la VII flota estadounidense, el Blue Ridge, aterriza un último helicóptero americano. De él desciende el embajador Graham Martin. En sus brazos porta encartada según el ceremonial, la bandera de EE. UU. que horas antes ha sido retirada del tejado de la embajada. El suyo es el rostro de la humillación. La suya y la de la nación más poderosa que el mundo ha conocido. También es el rostro del dolor. Su hijo ha sido uno de los 56.000 soldados norteamericanos que perdieron la vida en esa puta guerra que, ahora, por fin sí ha terminado.

A las 10:00 horas del día 30 terminan los últimos conatos de resistencia y los tanques del Vietcong entran en el patio del Palacio Presidencial de Saigón. La ciudad ha caído. EE. UU. abandona a su suerte a quien dijo que nunca iba a dejar de apoyar. En realidad ya lo había hecho antes, tras la firma de los Acuerdos de París en 1973 de los que ahora se cumplen 40 años y por los que la Administración Nixon daba por finalizada su participación en el conflicto. Hacía ya dos años que Marvin Gaye se preguntaba What’s Going On? y que Freda Payne pedía quetrajeran a los chicos a casa. Demasiados ataúdes. Por delante solo quedaba ya la dura tarea de a recoger los restos del desastre.

Tras la toma de Saigón, se forzó la rendición incondicional de las tropas survietnamitas. El general Duong Van Minh, presidente del Sur desde hace solo tres días tras la renuncia de Tran Van Huong, aparece en la radio para emitir un comunicado en el que declara disuelto el Gobierno de Saigón. Después se dispone a esperar a los vencedores. El coronel Bui Tin, del servicio de prensa norvietnamita entra en el salón presidencial. Minh se levanta:

—Le entrego el poder ―se dirige al soldado comunista.

—Aquí no hay transferencia de poder. Su poder no existe. No puede entregarme algo que usted no posee —responde Bui Tin.

15 minutos después del mediodía, la bandera estrellada del Vietcong es izada en el Palacio Presidencial. Pese a los temores que apuntaban a un derramamiento de sangre, este no se produce como se temía. Pero sigue siendo una guerra. En poco más de 19 horas se producen unos 2000 muertos, incluidos cuatro soldados americanos. El día 1 de mayo Saigón es rebautizada como Ciudad Ho Chi Ming, en honor al legendario líder revolucionario comunista del norte, muerto en 1969. Un año después, el 2 de julio de 1976, se declara oficialmente la unificación del país bajo el nombre de República Socialista de Vietnam. Llegar hasta ahí solo ha costado 29 años de guerra.

Billy Joel, que perdió a un hermano en la batalla de Khe Shan, todavía comenzaría sus conciertos en 1983 con Good Night Saigon. Cerraba su propia herida y la de muchos de sus compatriotas.

Leer Vietnam Revisitado (I) en Jot Down

Bonus: Banda sonora para leer.

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