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La-verdadera-historia-de-la-pelicula-El-Exorcista

Ha sido aparecer El Inefable en televisión y ponerse Rouco a nombrar exorcistas como si la vida le fuese en ello. Que el reino de Aznar no es de este mundo es algo que confirma la rápida reacción del jefe de la Iglesia española. Una palabra suya el pasado miércoles y ha puesto a rezar media España. Unos por su vuelta y otros por que un país los acoja si ésta finalmente se produce. A mí los temas que tienen que ver con el Maligno siempre me han dado un poco de yuyu. Con Aznar directamente me acojono. Es verlo en televisión moviendo el labio y se me encojen las entrañas. Yo, por ejemplo, nunca he sido capaz de ver El Exorcista y eso que soy uno de esos modernos que acuden raudos a ver todo aquello que suele llevar pegada la coletilla «de culto». Luego me pasa lo de siempre, ni fu ni fa, y vuelvo a mi tradicional agnosticismo desordenado. Digo que no he visto la película pero eso no impide que me sepa de memoria escenas y los diálogos importantes. Tengo un colega que cuando cerraba el último garito siempre proponía acabar la noche en su casa mirando lo que hace la cochina de tu hija. Hay gente para todo. Que no haya visto El Exorcista tampoco es grave. Para ser sincero, salvo los zombis por su naturaleza manejable, no soy muy dado a sentarme delante de la tele a pasar miedo. Dicen los aficionados que es por puro placer pero yo cuando quiero un oxímoron que echarme al cuerpo me leo el Marca. Aznar me atrae, al fin y al cabo, como la película de William Friedkin y el miércoles tampoco pude resistirme. Poseído estuvo el ex presidente media hora vomitando mientras ―no sé si Carmen Lomana o Gloria Lomana, qué más da―, le recordaban «el milagro económico del 96». Puede que fuera Victoria Prego, que lleva desde el 78 haciendo la misma pregunta y ahí sigue, intentando que alguien se la responda. Yo tengo «el milagro económico del 96» entre mis lecturas de ficción favoritas, justo al nivel de Watchmen.

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