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Pep Guardiola // Foto: AFP ALEXANDER HASSENSTEIN

Pep Guardiola // Foto: AFP ALEXANDER HASSENSTEIN

Pep Guardiola se presentó en Múnich como se presenta un perro en casa ajena: meando alrededor del Allianz Arena para marcar territorio. Aquí estoy yo, vino a decir Pep; y para sorpresa de todos lo dijo en alemán. Decía el escritor Richard Porson que la vida es demasiado corta para aprender alemán pero se ve que Guardiola tiene todo el tiempo del mundo. Un año sabático da para mucho, especialmente si será por dinero. Desde que Pep se marchó de nuestras vidas las hemos sentido medio vacías, sólo ocupadas por Mourinho y su séquito de feligreses. Frente al Mourinhismo ilustrado y el que no lo es, el Pepismo (éste siempre ilustrado por obra y gracia de la deidad) ha vagado por el desierto en espera de la vuelta de su mesías redentor. Pep, genio y figura que mea colonia, sorprendió a propios y extraños al aceptar la oferta del club bávaro. Tanto por lo exótico del destino, una Bundesliga que nunca ha sido considerada entre las “grandes” del continente, como por el nivel de un Bayern que esta temporada ha pasado por encima de sus rivales como un Panzer alemán aunque dejándole al Barça de Xavi dominar la posesión de la eliminatoria del 7-0. Lo que algunos llaman valors, supongo. La borrachera de éxitos en el Barcelona y el supuesto nivel de exigencia difícil de mantener tras una docena de títulos fueron algunas de las razones argüidas por Guardiaola para abandonar Can Barça. Ayer, según explicaron los directivos del Bayern, precisamente por eso, para “administrar el éxito”, se habían comprado al noi de Santpedor. La presentación de Guardiola como nuevo técnico bávaro fue un espectáculo. Televisada para medio mundo y ante doscientos periodistas internacionales. Se trataba de un entrenador de fútbol pero nadie pudo bajar la guardia ante la sospecha de que en algún momento, de alguna puerta lateral, aparecería una rubia hollywoodiense, encargada de dar a Pep la réplica en tamaña producción.

Mi gen madridista no me impide reconocer una cosa. Puedo con Guardiola en cantidad inversamente proporcional a lo que podía como Mourinho. Si el luso me provocaba un ardor de estómago sólo comparable a una digestión de cuatro horas o el visionado de un mal partido del Madrid, Guardiola me produce una tremenda sensación de distanciamiento sólo rota por la admiración que siento hacia sus trajes. Vale que su equipo jugaba como nadie hasta el punto de que es innegable ver la huella azulgrana en la manera en como hoy se desenvuelve la selección. Vale que sus logros son impresionantes. Pero de la misma forma que Mourinho me producía antipatía, Pep me causa cierto recelo. Supongo que es cosa de familia. Mi madre no soportaba a Mourinho y era ver a Guardiola en rueda de prensa y soltar aquello de no te fíes de quien calla más que habla y pone cara de no haber roto un plato.

Está el fenómeno. Un año de ausencia ha bastado para conseguir lo imposible. Como Arsenio repetía en su breve fase de comentarista de partidos, los extremos se tocan y los morenos se juntan. Como el Yin es indisoluble del Yan, el Mourinhismo no es nada sin el Pepismo. Mou y Pep van por su cuenta, pasan de nosotros, pero daba gusto ver hoy Twitter. Feligreses de ambos credos midiéndosela a través de sus TL. La poesía la puso, como siempre, el gran @manelgonzalez: “Ahí está. El mejor entrenador de la Historia. Acostándose con otra. Y nosotros, cual amantes agradecidos, nos alegramos por él.” Casi lloro. Por medir se midieron hasta las lenguas. Pep usó el castellano, el italiano, el alemán y el catalán. Lo más interesante de sus declaraciones en este último idioma serán precisamente los sarpullidos que habrán causado en España. Que Pep haya cambiado el paisito por la Alemania de Merkel sólo viene a confirmar lo que muchos ya sospechaban: él también es ETA. Los medios germanos hablaban ayer de su humildad y buenas maneras con la lengua de Goethe. La apoteosis llegó al final. Cuando alguien le preguntó por su gusto por acercarse a los artistas y Pep, todo humildad, contestó: serán ellos los que se tengan que acercar a mí. Eso sí, la filmoteca de la ciudad es muy buena, dijo haber oído Pep.

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