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Benjamin Franklin nació en Boston el 17 de enero de 1706. Por entonces la joven colonia de Nueva Inglaterra estaba lejos de montar una revolución por pasta y prefería dedicarse a un pasatiempo más reconfortante: la caza de brujas. El propio Benjamin, que murió en la cama siendo un libertino, tuvo la mala suerte de nacer un domingo lo que para algunas sectas puritanas como a la que pertenecía su familia era un signo de pecado. Para curarse en salud, su padre hizo que lo bautizaran el mismo día que vino al mundo, poco después de lavarlo. Benjamin Franklin fue un tipo listo, dejó la escuela a los 10 años, a los 16 se hizo vegetariano y decidió gastarse en libros lo que ahorraba en comida. Hizo fortuna en el floreciente negocio de la edición, se compró una imprenta en 1728 y un año después se hizo con el periódico Pennsylvania Gazette, que publicó hasta 1748. Como además de listo también era rico se jubiló a los 48 y se dedicó a los inventos (obra suya es el pararrayos), la política y la buena vida, labor que desempeñó especialmente en Francia. Allí pasó varios años antes de la revolución lo que no le impidió hacer la de su propio país y firmar en 1783 el tratado que puso fin a la guerra de su independencia. Antes había ayudado a redactar la Declaración de Independencia de EEUU y su Constitución. Además de padre de un país, Franklin fue uno de los tipos con el humor más afilados de su tiempo.

Entre inventos, vino y mujeres fue quien de decir cosas como que «si los hombres son tan perversos teniendo religión, ¿cómo serían sin ella?», que es lo que le pasa precisamente a Francia: un país laico que se pasa el día discutiendo sobre religión. Dicho esto, lo fácil sería hablar de tetas. Y no es que sea un tema de conversación que no encuentre apropiado, muy al contrario, pero que alguien las enseñe hoy en el Congreso de los Diputados me parece un síntoma de normalidad en un lugar que hace tiempo ha dejado de ser normal. Todo texto tiene su contexto y éste suele ser la mayor parte de las veces lo importante. Yo creo que si uno (siento este plural genérico imposible) va a enseñar las tetas, al menos puede prepararse mejor lo que va a decir. (…)

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