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"Always Franco" del artista Eugenio Merino

“Always Franco” del artista Eugenio Merino

Con la caída de las primeras hojas de otoño el país se entrega al debate de todos los años: la conveniencia o no de celebrar Halloween. Dicen los guardianes de las esencias que no, que es una fiesta importada y estúpida. Como si nosotros estuviéramos necesitados de tradiciones ajenas para salir a hacer el gilipollas mientras bebemos. Quizá en busca de un anclaje local, el PSOE de Rubalcaba ha propuesto desenterrar a Franco del Valle de los Caídos. Nada mejor que pasear a una momia para dar empaque a la fiesta de dar miedo. Y lo ha hecho incluso antes de que saliera Guerra de gira para mirar la patita de los del PSC a los que no le encuentra socialismo por ningún lado. Verás cuando se entere de lo del PSOE. Lo de sacar a pasear ahora a la momia tiene su gracia, sobre todo viniendo de quien no encontró ocasión durante los 22 años que gobernó. Como para tantas otras cosas. A mí lo de desenterrar a la momia me da un poco igual pero sobre todo me da miedo. Con nuestra suerte aún acabarán trayéndolo para Galicia. Como si no tuviéramos suficiente mierda propia. Panteón de Galegos Ilustres para más señas. El mismo del que se libró Don Manuel porque bueno era él para que lo dejasen por ahí sin permiso. Dice Mercutio con buen tino que a ver si vamos a desenterrar a Franco y el Barça lo condecora por tercera vez aprovechando el follón. Yo ya no sé pero mucho me temo que si el muerto asomara la cabeza de la lápida estaría muy contento de ver que lo que dejó atado y bien atado sigue sin novedad reseñable. A mí me pilló Halloween un par de veces. El de verdad, en EEUU. Y bueno, a mí no me gusta mucho la idea del miedo como diversión más allá de seguir una sesión de control parlamentario con la seguridad de saber que los zombis están recogidos. Una vez me invitaron a una fiesta de Halloween en una de esas casas yankees con jardín y grandes bidones de cerveza. Y bien. Estaba lleno de estudiantes disfrazados: ellos de monstruos y ellas de monstruosas putillas, que suele ser la norma. La mayoría menores de 21 con lo que más que una fiesta era una invitación a la policía. Y ocurrió lo que tenía que pasar pues en un momento dado mi acompañante me sacó en volandas por la puerta de atrás mientras las sirenas se oían cada vez más cerca. «Eres extranjero y mayor de edad en una fiesta donde hay menores bebiendo, si te pillan te metes en un buen lío», me dijo mi amigo y desde aquella nunca más volví a mezclarme con estudiantes. De Halloween habló una vez mi santa yankee muchos años después. Le preguntamos una noche en el carnaval de Verín y sus declaraciones fueron: «HALLOWEEN SUCKS», así, en mayúsculas, que viene a ser algo así como que se la podía ir mamando la fiestecita de los monstruos. Los niños americanos salen en Halloween a pedir caramelos por las casas del barrio. Suelen ser recibidos con la frase «trick-or-treat» (truco o trato). El año pasado le aparecieron a mi padre dos crías en la puerta de casa y él hizo lo de siempre en estos casos: «Mari, no sé qué te quieren aquí», y se fue dejando a las crías allí plantadas quizás sí con cara de haber visto un fantasma.

 

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