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Escena de la película "Los tramposos" dirigida en 1959 por Pedro Lazaga

Escena de la película Los tramposos dirigida en 1959 por Pedro Lazaga

Es día de júbilo y regocijo nacional. Los ministros de Economía de la UE han acordado poner el punto final al rescate bancario español. Además, con una «salida limpia» oigan, lo que significa que no habrá prórroga o ayuda adicional alguna. Como volver a ganar el Mundial pero sin arritmias cada tres minutos y en el tiempo reglamentario. Lo hemos hecho fetén y en Bruselas consideran que el plan ha sido un éxito: el sector financiero español, el de Botín, las cajas, los Ratos y compañía es una muestra más, la enésima, de esa marca España. No es descartable que justo en el momento en que leen esto, Montoro esté durmiendo aun la resaca. Había mucho que celebrar. Es probable incluso que De Guindos, flamante hacedor del milagro económico sin parangón (sic), se haya comprado otro reloj. Carísimo como los que le gustan. De cinco cifras el peluco.

Alégrense. Sólo nos quedan 15 años para devolver los 41.300 millones de euros que se comió banca. No se quejen, la factura pudo ser de hasta 100.000 millones. Los mismos que De Guindos, tan correcto, nada que ver con Wert, dijo que no eran «un rescate» sino un «crédito en condiciones muy favorables» para que las entidades necesitadas se recapitalizaran. También dijo que éstas lo «devolverían», no los españoles, pero al final sí. Fíjense si eran buenas las condiciones que a «nuestros socios de la UE», las entidades le quitaban la pasta de las manos. Una fiesta. Una bacanal. Que andaba Calígula el romano petando como un loco en la lápida para que le dejaran participar. Dinero al 3% de interés frente al 6% o el 10% al que el Estado llegó a pedir limosna. Pasta que los bancos utilizaron, no para dar créditos, eso no, que ya bastante jodimos dejando dinero a todo quisqui, sino para comprar deuda soberana de los mismitos Estados que los estaban salvando. También para cerrar oficinas, despedir a 50.000 trabajadores y estafar a otros muchos colocándoles preferentes. Y provisionar fondos, otro eufemismo para referirse a los ahorros que le dejamos y que ellos se jugaron a la ruleta. Qué negocio. (…)

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