Dean, Sammy y Frank. En su salsa

Dean, Sammy y Frank. En su salsa

Hay que decir que el de Frank Sinatra no era un mundo perfecto pero era el más perfecto de los posibles. Aquel, como dijo años después Dean Martin, «era el mundo de Frank, nosotros sólo vivíamos en él». Una fiesta eterna con la que un grupo de canallas sacudieron un país y crearon más que una moda, una manera de vivir. Sólo necesitaron un traje a medida —los cosidos a mano por el sastre neoyorquino Sy Devore eran los predilectos—, y una sonrisa para presentarse ante el mundo y descojonarse de todo y de todos. Siempre con un vaso de whiskey y un Camel humeante entre los dedos.

La regla era sencilla: bébetelo todo hasta caer de culo pero siempre con estilo. «Dime algo Dean, ¿sueles caerte mucho en la calle?», preguntaba Sinatra. «Es el único momento que me tomo de descanso, Frank». Es sabido que un hombre de bien, bebe. Como mínimo, los chistes y las mujeres son mejores. Sinatra no se fiaba de los tipos que no bebían lo cual es una de esas leyes que todos deberíamos tener grabada a fuego. Como decía Dean Martin, «lo siento realmente por la gente que no bebe alcohol. Cuando se levantan por la mañana, así es como mejor van a sentirse durante el resto del día».

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