Martin Scorsese junto a  Joe Pesci y Robert De Niro durante el rodaje de "Casino" (1995)

Martin Scorsese junto a Joe Pesci y Robert De Niro durante el rodaje de “Casino” (1995)

Perdidas las Olimpiadas 2020 y ahora Eurovegas, a Madrid ya solo le queda fiarlo todo a unos juegos del hambre. Ignacio González y compañía poco o nada tienen que ver con Bugsy Siegel y Meyer Lansky, padres del lupanal de Nevada, y con los que Adelson solo compartía (al menos en apariencia) su condición de judío-americano. Cuando todos creíamos de Madrid lo que decía Tony Montana de Miami ―«Esta ciudad es como un enorme coño esperando a que lo follen»―, salta la sorpresa. La única duda es qué no habría pedido el magnate americano para que hasta el Gobierno español, tan necesitado de caramelos que tirar a las masas, haya terminado por no dárselo.

En Casino, De Niro decía que «hay tres maneras de hacer las cosas: bien, mal y como yo las hago». Nosotros solo contamos con Montoro, calvo y con gafas que, pese a sus bravuconadas desde la tribuna, causa más risa que respeto. La subasta pública en la que se ha convertido España no era suficiente ni para Adelson que ha decidido llevarse el negocio a otra parte a sabiendas de que tenemos bien servido en el apartado de payasos y animales en el circo de San Jerónimo, donde lo único que queda por sacrificar son los leones de la escalinata. En el fondo, uno no puede sino sentir una cierta solidaridad con Adelson que reclamaba para su gallina de los huevos de oro, según la versión oficial, «una fuerte rebaja del impuesto sobre el juego y una indemnización en caso de que un cambio futuro de normativa alterara su perspectiva de beneficios». Hay dos formas de interpretar esto. La primera es la discriminación palpable sufrida por míster Adelson frente a lo que le hemos estado haciendo desde 2008 con bancos y concesionarias de autopistas. La segunda la resumió ayer mi amiga @tuices: «A ver qué hago yo ahora con estas medias de putote que me había comprado para la entrevista de trabajo». La lluvia dorada que prometieron los políticos madrileños ha quedado en jarro de pis sobre las cabezas de los miles de parados que hacían cola. Y sin necesidad de haberse desvestido antes. (…)

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