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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y la directora de informativos de Antena 3, Gloria Lomana, la noche del lunes, momentos antes de la entrevista. / Juanjo Martín (Efe)

El maestro Furio Colombo decía que la entrevista (política) era un género muerto. Lo que no sabía el maestro es que nosotros hemos hecho de ella un género psicodélico. Todos los elementos estaban dispuestos ayer en el plató de Antena 3 para que la presencia del presidente Rajoy tuviera un halo de histórica. Nunca sospechábamos hasta qué punto. Se apresuró a advertirnos de ello Gloria Lomana cuando a los pocos segundos recordó que el presidente «no se prodiga mucho». Bastaron unos minutos para que el respetable entendiera el porqué. Si la táctica del plasma ha funcionado hasta ahora, asesores de Moncloa, por qué empeñarse en cambiar. Rajoy es un presidente de largo recorrido. Ha nacido para correr maratones, pruebas que se basan en la resistencia y en la capacidad del atleta para medir tiempos y presiones de los demás rivales. En versión Rajoy, producto del casino de Pontevedra, esto se traduce en el calor del brasero, la lectura del Marca y una etapa del Tour. Es un hombre sencillo y se ocupa de pregonarlo. Ayer dijo que era un gallego de Santiago de Compostela y por tanto español, que es la manera rajoyana de repetir el «galego coma ti» con el que Fraga hizo tanta fortuna. Rajoy llegó a nuestras vidas repitiendo que era una personal «normal» y fue un socialista, el francés François Hollande, el que hizo de la «normalidad» el eje de su campaña hacia el Elíseo. El resto es historia y carne de papel cuché. Tan normal ha resultado Hollande que se ha echado una amante en un país en el que sólo un 47% de la población condena las relaciones extramatrimoniales. Yo también preferiría que Rajoy mantuviera relaciones íntimas con una actriz en lugar de follarse a medio país pero las cosas nunca son como se desean. Lomana también le preguntó por el corazón y Rajoy fue claro: ha roto con Bárcenas y sus relaciones con Aznar «son buenas». Si sus dos antecesores en el cargo dieron entrevistas para hablar de sus libros como el añorado Umbral, Rajoy las da para «no adelantar acontecimientos». Tanto lo repitió que mi santa a punto estuvo de sacar unos chupitos para pasar un buen rato. Con estos mimbres la entrevista fue un encuentro televisado de los muchos que se dan entre los Rajoy y los Piqué en la intimidad del hogar. Así entendimos el constante tuteo entre los contendientes que nos vino a recordar que la confianza da asco especialmente entre una periodista y un presidente de Gobierno. Si Hollande sale a explicarse antes seiscientos plumillas a los que ahoga con datos macro para evitar hablar de los secretos de alcoba, Rajoy sólo acude a la llamada de una amiga de la familia. El resultado suele ser el mismo: explicitar las complicadas relaciones entre prensa y poder. Lloramos la comparación con Francia (Hollande ha dado más de tres entrevistas en la mitad de tiempo, que yo recuerde) pero olvidamos que aquí también se cuecen habas y disculpas, como la que le dio el enviado de Le Figaro a Monsieur le President después de que este le afeara el tono de una pregunta sobre la condición de «primera dama» de la ahora novia despechada. Francia no es anglosajona y España se da cita los domingos por la noche para quemar a una tal Ana Pastor a la que llaman maleducada. Es lo que tiene confundir educación con servilismo. A tal punto llegó la promiscuidad entre los contendientes ― «vamos a ver Gloria» o «perdona que te reinsista presidente»― que otra Lomana, Carmen, corrió para asegurar que ella no tenía nada que ver. Por boca de Gloria nos enterarnos del «resurgimiento de ETA» o de que «a Zapatero le estalló la T4». Se puso estupenda al hablar de la amenaza de «ellos» (los catalanes o los extraterrestres, no me quedó claro) y el amigo-presidente le aseguro que por encima de su cadáver con un «mientras yo sea», olvidándose de que ni él ni su infinita pachorra es eterno. No adelantemos acontecimientos. En un arranque de locura, Lomana se lanzó a recitar nombres de imputados cual lista de Reyes Godos y lo hizo empezando oportunamente por el final. También pidió la dimisión del alcalde de Burgos no sabemos si por la chapuza de Gamonal o por ceder ante los vecinos. Cuando las cosas se pusieron espinosas Rajoy tiró de exclusiva para asegurar que «el Rey es una persona, un ser humano” y que a la infanta «le irá bien». Dijo estar convencido con la misma seguridad con la que dijo que lo del 11-M era cosa de ETA; del Prestige solo salían hilillos de plastilina; y que Luís era un tipo fetén. Cualquiera diría que el presidente ya ha visto la sentencia que nunca tendrá lugar. Al final hubo happy ending y Lomana, antes de volver a la nevera, se puso en plan Paulo Coelho para desearle a Rajoy días colmados y azules «porque su felicidad será la nuestra». Mala suerte tiene el presidente y tras volver de EE.UU. con una caja de Emanems firmada por Barack ayer salió del plató de A3 con un paquete de folios para la impresora de Moncloa. «Las preguntas de los internautas», dijo Lomana, que acabó por confirmar lo que sospechaba: algo he debido hacer muy mal en otra vida para estar aquí perdiendo el tiempo en un blog mientras ella es directora cualquier cosa.

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