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-Castelao

“¿Y por qué quieres marcharte de la tierra?¿No tenemos pan en el horno?”              Castelao

Mi abuelo fue emigrante hasta que vio que no le salía a cuenta. Entre los momentos estelares de su periplo me quedo con tres. En Venezuela, en 1958, fue testigo ―pasaba por allí― del golpe de estado que derrocó el gobierno del General Marcos Pérez Jiménez; el mismo que diez años antes había participado en el levantamiento contra del presidente electo democráticamente, el escritor Rómulo Gallegos, que huyó al exilio. Como ven, lo de Venezuela no viene de ahora ni mucho menos es todo culpa de Chávez y su muy limitado heredero. También en Venezuela, mi abuelo tuvo que correr a la frontera con Brasil para ir a buscar a su hermano que salía escopetado para salvar la vida pues había dejado preñada a la hermana de un oficial de Ejército de gatillo rápido. También me contó cómo, años más tarde en Alemania, vivía con otros emigrantes españoles en barracones de madera con una dieta exclusiva de salchichas, mientras levantaba la hoy economía más pujante de la zona euro. Mi abuelo también pasó una temporada, pequeña, en Suiza, país del que hoy recibe una pensión que no llega a los 50€ gracias a que mi madre cada cierto tiempo envía una fe de vida.

En Galicia circula una la leyenda que dice que los emigrantes hicieron mucha plata en el exterior. De ser cierta, los que la hicieron fueron una inmensa minoría pues el resto, entre los que está mi abuelo, regresaron con el rabo entre las piernas para colocarlo detrás del de la vaca. El periplo de la emigración le duró a mi abuelo relativamente poco. No le salía a cuenta.

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*Tomo prestado el título de la novela homónima de Isaac Rosa (Del Oeste Ediciones, 1999), ampliada y posteriormente publicada bajo el título de ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil! (Seix Barral, 2007).

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