Etiquetas

, , , ,

Ben Bernanke en una imagen enero de 2008 durante su comparecencia ante el Comité de Presupuestos del Congreso.  (Foto: Alex Wong/Getty Images)

Ben Bernanke en una imagen enero de 2008 durante su comparecencia ante el Comité de Presupuestos del Congreso. (Foto: Alex Wong/Getty Images)

Ben Bernanke fue el jefe de la Reserva Federal de EE.UU. hasta el pasado enero. Por dirigir y supervisar la política económica del país más importante del mundo cobraba unos 199.000 dólares anuales. Un buen sueldo para la inmensa mayoría de los mortales. Las escrupulosas leyes estadounidenses impiden que un empleado federal tenga ingresos o “dietas” tan del gusto de otras latitudes, mucho menos tarjetas mágicas. Bernanke, que es un respetado experto en economía, perdió su cátedra en la prestigiosa Universidad de Harvard porque Harvard no espera a nadie aunque ese nadie sea un tipo como Bernanke. Bernanke ya no tiene ingresos fijos y, como autónomo, carece de pagador reconocido por lo que depende de su trabajo. Eso no significa que Bernanke esté en la ruina. Como no puede volver a Harvard (por ahora) vive de dar conferencias al módico precio de 200.000 dólares por hora. La hipoteca de su casa, en un barrio que se está poniendo de moda en Washington (esto quiere decir hipster), quedó en una anterior refinanciación, en 2011, en unos 670.000 dólares, lo que significa que podría pagarla, si quisiera, en tres charlas de nada. Bernanke acudió hace poco a su banco con la intención de refinanciarla. Como buen experto en economía que es Bernanke, y también como buen americano, sabe que aquí es mejor tener crédito e historial de pago. Por no decir que la legislación de EEUU no desgrava el monto total, sino el pago de los intereses. Por no ir un poco más allá y sospechar de que Bernanke, que de economía sabe algo, quiere anticiparse a una hipotética subida de intereses, algo que Janet Yellen, su sucesora al frente de la Reserva, ha negado que se vaya a producir “pronto”.

La semana pasada en una charla en Chicago (suponemos que cobrada según la tarifa habitual) Bernanke se puso como ejemplo de las nuevas normas hipotecarias que, bajo su mandato, impuso la Reserva Federal y, entre risas, confesó que el banco le había denegado la refinanciación de su hipoteca. Según su banco, Bernanke no cumple el requisito de tener un rating mínimo de 735 puntos (en EE.UU. hay muchas variables a la hora de la concesión de un crédito, importa tanto no tener deudas como tenerlas con un historial de pago al día), el mismo que él como presidente de la Reserva Federal implementó para impedir que se pudiera producir una nueva burbuja inmobiliaria como en 2008.

El caso de Bernanke no es el único. Alan Krueger, ex jefe del equipo de asesores económicos de Obama hasta agosto de 2013 (lo dejó para volver a Princeton porque Princeton, como Harvard, tampoco espera a nadie y lleva mal eso de pagar sin trabajar) también ha confesado que su banco le ha denegado una hipoteca por 650.000 dólares, esta vez para una segunda residencia.

La próxima vez que vayan al banco, miren su cuenta de ahorro y, más que pedir una hipoteca, piensen cómo van a hacer para pagar el siguiente plazo, recuerden: los ricos también lloran. Y siempre se les escucha más alto y más claro.

***

Se ha producido un contagio de ébola en España, el primero fuera del foco africano. En EE.UU. hay al menos seis casos confirmados, todos se contagiaron en África. La CNN, que es todo espectáculo, ha debatido si hay que prohibir los vuelos desde África (también lo ha reclamado Bobby Jindal, el gobernador republicano de Luisiana) y ha denominado al virus del ébola “el ISIS de los agentes biológicos”. Para tranquilizar a la población, suponemos. Mientras, en la dimensión paralela que es FOX News, no lo dicen directamente pero sospechan de Obama. En concreto, como siempre, de su color de piel. Esto hace que, a veces, me sienta como en casa:

Siempre nos quedará La Vieja Dama Gris: “Si los voluntarios [médicos, misioneros…] no pueden regresar a casa, podrían optar no ir [a África] en primer lugar, lo que a la larga debilitaría la lucha contra la epidemia”.

Y: “Como el profesor de la Universidad de Columbia, Chris Blattman, tuiteó el pasado agosto ‘el ébola es la [Kim] Kardashian de las enfermedades’, seguido de: ‘No se distraigan. Malaria, Tuberculosis, VIH, es lo realmente importante'”.

***

Se pide la dimisión de Ana Mato, ministra de Sanidad, por lo del contagio de la enfermera. No veo por qué debe dimitir ahora y no las 57 veces anteriores. No es bueno romper nuestras tradiciones. A estas alturas, el problema no es tanto que Ana Mato esté desaparecida, como que Ana Mato se líe la manta a la cabeza y abra la boca.

Fotografia-Samuel-Aranda-New-York-Times

Foto: Samuel Aranda para The New York Times.

Hay al menos 14 occidentales enfermos de ébola que han sido repatriados a sus países. Solo han muerto (por ahora) dos: los dos misioneros españoles. Mientras en el llamado primer mundo todos estamos acojonados, en África son más de 3.000 los fallecidos. Con ellos solo están unos pocos como José Luis Garayoa, de las pocas personas que me merecen respeto en este mundo. Pero hay gente que todavía discute las repatriaciones, no importa la opinión de los expertos, lo que han hecho todos los países afectados, ni el mínimo sentido común. Esa gente.

La enferma española está siendo tratada con suero de la enfermera Paciencia Melgar, la misma que contrajo el virus al lado del misionero español Miguel Pajares y que el Gobierno se negó a traer a España por una razón tan racional y humanitaria como que “no era española”. Pajares murió. La enfermera Melgar no, y ahora su suero ayuda a una española. Se deducen dos cosas: a) la vida de Melgar no lo valía, su sangre sí. Y b) Nunca sabremos qué habría sido de Melgar de haber sido tratada en España.

Mientras sigue el ruido, dos preguntas continúan sin respuesta: ¿Cómo se contagió la enfermera si no hubo fallo en el protocolo? ¿Por qué no hubo seguimiento de las personas que habían estado en contacto con los enfermos? EE.UU y la UE miran a España, con miedo pero, sobre todo, con incredulidad.

La diferencia en EEUU. Aquí sabemos que no hubo fallo en las medidas de control por la sencilla razón de que Thomas Eric Duncan, en estado crítico en un hospital de Dallas, mintió a su llegada a EE.UU y dijo que no había estado expuesto cuando en realidad venía de Liberia, país afectado. Él (y solo él) es el primer responsable del retraso en la puesta en marcha del protocolo.

***

El perro es la metáfora. Al final, parece que el animal será sacrificado. Que lo quemen todo, joder, está muy feo eso de consultar a los expertos. Cómo echamos de menos a Berlanga. Lo que no me explico es que no hayan soltado a Cañete para que se coma el virus cual yogur caducado. O ya puestos, al perro.

***

Ya está todo un poco más claro. Uno no puede considerarse oficialmente “gallego” hasta que sale aquí. Una noticia a punto. Hay formas de “hacer país” que nunca llegaré a comprender.

***

Lo bueno del ébola es que, al menos por unas horas, España ha dejado de “romperse”.

***

Dicen que buena parte del arte de la política consiste en la capacidad de saber interpretar las señales. De momento, una está clara. Podemos, el partido-formación-grupo-loquesea comandado por el brillante comunicador-politólogo Pablo Iglesias se ha colado en la cima del llamado buen periodismo: la revista The New Yorker. Al menos, en su web. Y con una cita espectacular: “El de España era probablemente uno de los más grandes y mejor organizados movimientos de protesta en el mundo”. Obra y gracia de un Nobel de Economía como Joseph Stiglitz.

En unos meses hay elecciones. Veremos. De momento, como señala el subtítulo del texto, en Podemos, “el método es el mensaje”. Ni Marshall McLuhan podría haberlo dicho mejor.

***

En EE.UU. el aceite y el jamón son italianos, aunque el “cocinero de Obama” sea el español José Andrés. En la universidad no enseño la segunda persona del plural “vosotros” porque total, para qué, si el español es una lengua hablada al sur de Río Grande. La llamada Marca España continúa haciendo furor en EE.UU, la virgen.

***

Entre el 8 y el 10 de octubre de 1871, la ciudad de Chicago ardió hasta casi quedar reducida a cenizas. Se cuentan dos teorías sobre el origen del fuego. El primero: la señora O’Leary, una inmigrante irlandesa que había llegado a la ciudad en 1870, se encontraba la noche del 8 de octubre ordeñando una de sus vacas en su establo de la calle DeKoven cuando el animal tiró el farol que iluminaba la operación. Sobra decir que la prensa de la época machacó a la señora O’Leary. El segundo: el ayuntamiento había prohibido los juegos de azar tras la puesta de sol para evitar accidentes ya que buena parte de la ciudad (como hoy) era de madera y fácilmente inflamable. Todo empezó por una timba ilegal de dados cuando, en un momento dado, Louis M. Cohn empujó accidentalmente el farol que iluminaba el juego en el pajar donde se encontraban, curiosamente el de la señora O’Leary. Sea como fuere, dos días después, empujado por el viento (a Chicago se la conoce como The Windy City, y la sequedad del último verano, las llamas se habían comido 18.000 viviendas, locales y fábricas. Alrededor de 300 personas fallecieron y otras 100.000 lo perdieron todo. De aquel desastre resurgió Chicago como la gran ciudad que es hoy espoleada en buena medida por el trabajo de su famosa Escuela de Arquitectura.

También, dicen, lo que yo considero incluso casi más importante; esto de Rita Hayworth, haciendo referencia a la señora O’Leary.

Y, finalmente, el club local de Soccer, bautizado como los Chicago Fire, cuyo éxito como equipo de la MSL es bastante discreto. En la presente temporada ha ganado 5 partidos, ha perdido 8 y ha empatado 18. Como para ir a un partido.

Este sábado, la ciudad quiso conmemorar el 143º del incendio con una especie de Fallas made in America en el río. Debían arder tres gigantescas maquetas de casas victorianas estilo de la época. El ayuntamiento y patrocinadores privados llevaban dos años preparando el evento, con un presupuesto de unos 2 millones de dólares. Fue un fiasco. Las casas casi no ardieron y la gente (muerta de frío en los alrededores de la Avenida Michigan) se fue a casa pensando que habían visto barbacoas familiares más impresionantes. Un fallo técnico. La moraleja es que, en el fondo, en ciertas cosas, nosotros seguimos siendo unos profesionales.

No en vano la palabra más internacional del español es “fiesta”.

***

Chicago tiene muchos nombres. El mencionado Ciudad del viento (por sus corrientes de aire gélido en invierno y también por su afición a la chismología política). Desde hace un tiempo, dos hacen furor. Este mismo sábado, 4 de octubre, el termómetro marcó los 3º avisando que el frío toca a la puerta. El del año pasado fue tremendo y los lugareños bautizaron a la ciudad como Chiberia (pronúnciese Chaibiria) ya que se registraron temperaturas inferiores a las de la estepa rusa.

Mi casa tiene calefacción central y el sábado se encendió por primera vez. Tanto que podías freír un huevo sobre los viejos radiadores de hierro. Dicen que en estos viejos edificios como el que vivo, en invierno llega a hacer tanto calor (madera, moqueta, calefacción a tope) que hay días que es mejor abrir las ventanas. La pesadilla de Al Gore.

El otro nombre de la ciudad es menos gracioso: Chirak (Chairak). La razón hay que buscarla en las estadísticas de violencia registradas. Pese al reparo que podamos tener con las estadísticas, no ayuda a la tranquilidad que en las puertas de todo edificio público te reciba siempre la misma señal.

Anuncios