Etiquetas

, , , , , , ,

chi-ns-columbus-parade-ct0022877033-20141013

Carroza de la asociación de Veteranos de guerra italoamericanos durante el desfile del Columbus Day, el lunes en Chicago. (Nancy Stone, Chicago Tribune)

Cuando llegamos a Michigan en julio la gasolina estaba a unos $3,60 el galón (3,78 litros). Si te ibas a una ciudad como Chicago el precio del líquido que alimenta nuestras piernas en este país superaba los 4 dólares. Una locura de la que pocos hablaban más que nada por no alarmar, un papel que en los medios estadounidenses cumplía a la perfección, primero el ISIS y, ahora, el ébola. Este fin de semana hemos vuelto de visita a Michigan para ver los colores del otoño y he repostado a 2,84 dólares el galón. En Chicago, los precios se han situado por debajo de los $3,70. Si sales de la ciudad están alrededor de los 3,30. En Indiana, ayer, se podían encontrar gasolina a 3,05 dólares. De lo que se trata es de la variedad. Descontado el hecho de que cada estado, cada condado de este país tiene un régimen fiscal e impositivo diferente (lo que incluye al IVA), hay una ley que rige una economía de mercado: la competencia, especialmente por la vía de los precios. Pasa en EE.UU y pasa, por ejemplo, en un país como Francia donde todo el mundo sabe que entre repostar en las gasolineras de grandes superficies como Carrefour o hacerlo en las situadas en las autopistas o en los términos urbanos, supone ahorrarse de entre diez a veinte céntimos en el litro. Nos dijeron que el capitalismo se basaba en la libertad, y sobre todo, en la competencia. Es una lástima que ese día, España no acudiera a clase.

***

Esta semana he ido al médico. En realidad era una enfermera con potestad para emitir recetas. Antes, otra enfermera me hizo rellenar tantos papeles que tuve la sensación de estar firmando una hipoteca en lugar de ir a que me miraran un leve dolor de garganta. Tras el papeleo, me tomó la temperatura, la tensión y finalmente me auscultó. Con la camiseta puesta. Supongo que era una cuestión de confianza, todavía no la tenemos. Acabó recetándome antibióticos para diez días. He ido a la farmacia del Meijer donde me volvieron a interrogar para confirmar que en realidad era yo el que respondía al nombre impreso en la receta. Tras las preguntas me dijeron que en veinte minutos estarían mis pastillas, que me diera una vuelta por la tienda. Lo bueno de este país es que uno va a por unos antibióticos y sale de la farmacia con los antibióticos, unos yogures y la cena rápida de la noche. Al volver a recoger las pastillas otra persona me volvió a hacer las mismas preguntas que veinte minutos me había hecho su compañera, con la esperanza, supongo, de pillarme en un renuncio. Tuve suerte y me entregó un bote con treinta cápsulas (3 al día durante 10 días) en donde pone mi nombre, número de Seguridad Social (nada que ver con lo que entendemos en España por este número) y mi dirección. “Veo que es su primera vez” -me dijo el farmacéutico-, “debo informarle de que este medicamento es personal e intransferible y un uso inadecuado del mismo puede ser considerado delito”. Sonreí y me acordé de aquel conselleiro de Sanidade de la Xunta que acusó a los jubilados gallegos (los que perciben las pensiones más bajas de España) de trapichear con los medicamentos.

***

Ayer, después de varios intentos infructuosos, una telefonista de mi futuro seguro médico (mi póliza no entra en vigor hasta el primero de noviembre) consiguió que yo le cogiera el teléfono. Llevaban varios días detrás de mí. Quería informarme de las condiciones del servicio por el que pagaré unos 400 dólares mensuales (incluyendo la ayuda estatal fruto del Obamacare). También solicitaba mi permiso para acceder a mi historial médico. Obviamente, una pregunta retórica. Poco a poco la persona que estaba al otro lado de la línea fue entrando en harina y me preguntó si alguna vez había tenido seguro médico. Respondí que sí y la chica quiso saber en qué compañía y en qué condiciones. Contesté: “La compañía era España, primero, y los últimos tres años, Francia. Las condiciones, nacer, crecer y vivir, lo que viene siendo un ser humano normal”. La chica no supo qué decir, se rió, tomó nota y muy amablemente me deseó buenas noches y se despidió con un bienvenido a la familia de Blue Cross Health Insurance.

***

El lunes se celebró en EE.UU. Columbus Day, el Día de Colón, que conmemora la llegada de Cristóbal Colón al llamado “Nuevo Mundo” y no a EE.UU., como me dijo una de mis estudiantes henchida de orgullo a la que creo que rompí el corazón. El Columbus Day alcanzó rango de oficialidad por primera vez en el estado de Colorado en 1906. Posteriormente, en 1937, se convirtió en festividad federal (solo afecta a la administración del Gobierno de Washington, por ejemplo, no hay correo pero sí clases y todo el mundo trabaja con total normalidad) en 1937. Desde 1970, la “festividad”, que en realidad no lo es, quedó fijada en el segundo lunes de octubre, por lo que a veces coincide con nuestro 12 de octubre (Hispanidad) y otras veces no. El caso es que el Columbus Day yankee es una fecha netamente italiana (los italianos se mean, por tanto, en las pretensiones de cuna del concello pontevedrés de Poio con respecto al navegante) y los medios nos recordaron durante todo el día que estábamos en octubre, “el mes de la herencia italiana” en EE.UU. También, para los hispanos (latinoamericanos), reseñaron que se trataba del Día de la Raza, que se viene celebrando desde los años sesenta coincidiendo con las primeras reivindicaciones sociales de esta minoría. Hoy día, Columbus Day se hace notar en unos desfiles con cierta naturaleza de popurrí.

También se trata del “recuerdo del genocidio de los españoles a los pueblos indígenes de América Latina” como me argumentó, herido, otro de mis estudiantes. Le dije que bien, que buscara “genocidio” en el diccionario y a continuación pregunté que cuando se recordaba el genocidio (este sí) de las tribus indias de Norteamérica, los “nativoamericanos”, “americanos originales” o también “primeras naciones”, a manos del hombre blanco que conquistó el Oeste. Nadie supo responderme.

Independientemente del o los debates, que son muchos y variados aunque la mitad de ellos carezcan de sentido, es indudable que estamos ante un nuevo triunfo de la llamada Marca España que tanto gusta sacar a pastar a nuestro gobierno sin que fuera de las fronteras de España hayan oído nunca hablar de ella.

***

Una cosa es la herencia italiana, asumida, y otra la hispana, todavía sospechosa. José Díaz Balart (@jdbalart) es una de las caras latinas más conocidas de EE.UU. Presentador de noticias de la cadena Telemundo (en español) y de MSNBC (en inglés). Pertenece a una ilustre familia cubano-americana que cuenta incluso con representantes en el Congreso siempre en la bancada Republicana (en ejercicio está Mario Díaz Balart, representante por Florida). Pese a todo, Balart, José, dentro de su republicanismo asumido, mantiene posturas bastante liberales especialmente en el debate migratorio. Y es un grandísimo comunicador. La semana pasada fue protagonista de una disputa mediática después de que Laura Ingraham (@IngrahamAngle), locutora de radio conocida por sus posiciones extremistas tiradas hacia la extrema derecha, se mofase en su programa del acento de Balart (perfectamente bilingüe) a la hora de pronunciar el nombre -María- de una inmigrante mexicana, a la que entrevistó en directo. La polémica se convirtió enseguida en carne de Twitter bajo el hastag de #ImBilingual y ha hecho correr ríos de tinta en la prensa, poniendo al descubierto otra (una más) de las heridas de un país con muchos problemas tanto para aceptar su multiculturalidad efectiva, como su bilingüismo de hecho.  

En una ciudad grande como Chicago o Nueva York, uno puede sobrevivir perfectamente sin hablar una palabra de inglés. Casi la totalidad de los servicios de atención al cliente ofrecen la posibilidad de hablar con alguien que sepa español. Por si esto no bastara, está la fuerza de las estadísticas que dicen que en EE.UU. hay ya 54 millones de hispanos -la primera minoría del país-, y que cada mes 50.000 niños latinos nacidos ya aquí cumplen la mayoría de edad. Balart, sorprendido por la polémica contestó haciendo gala de su exquisita educación: “No puedo entender que alguien se sienta molesto por escuchar un nombre pronunciado correctamente en un idioma que no es el suyo. Se trata simplemente de ser respetuoso con el origen del nombre. Es solo una cuestión de respeto. Si sabemos cómo se debe pronunciar en su lengua original, tenemos la responsabilidad de que suene de la manera correcta. Sobre todo si estamos en la televisión o en la prensa”.

La polémica me hizo recordar, salvando las distancias, a otra que en España se conoce bien. Queridos presentadores de televisiones españolas: no existe ningún pueblo llamado “San-jen-jo” en Galicia. Créanme, soy de allí. Y como esto, muchas otras cosas. Más allá de la estupidez auspiciada por extremistas con apenas una neurona por cerebro, en la gran mayoría de las ofertas de empleo que se pueden encontrar en EE.UU. se agradece, y hasta se prima, que el posible candidato sea bilingüe o al menos tenga conocimiento mínimo de español. La realidad se acaba imponiendo. Aunque sea a base de series de televisión que no hacen más que explotar, una y otra vez, el estereotipo hispano con mayor o menor fortuna.

***

Estarán avisados. En EE.UU. tenemos nuestro propio caso de contagiado por ébola. Se trata de una enfermera que trató al primer paciente diagnosticado en Dallas. Ante la sorpresa, y las correspondientes hostias a Obama por pronosticado erróneamente la “imposibilidad” de que se produjera un caso en suelo americano, la rueda de prensa ha salido a darla un experto. Una cosa curiosa esta de dejar hablar a los expertos. El doctor Thomas Frieden, director del CDC de Atlanta vino a decir de manera didáctica lo esperable. Lamentablemente y pese a todas las precauciones el contagio solo se explica “por una brecha en el protocolo”. El famoso protocolo. También tenemos un perro. Pero aquí no parece que vaya a ser sacrificado. Ya saben, los expertos y no hacer cosas con prisas. Hay quien ha interpretado que en la expresión “brecha en el protocolo” había implícita una acusación hacia la enfermera contagiada, una joven de 26 años de la que se conoce identidad y domicilio. Thomas Frieden salió el lunes para negar categóricamente este extremo y pidió disculpas por que sus palabras pudieran haber sido interpretadas de este modo. “Lo siento, esa no fue mi intención”, recalcó. La enfermera, aquí, fue y es una heroína.

En España, dimite el responsable del perro pero no el/los de las personas. Valle-Inclán no podría habernos escrito mejor.

***

En noviembre hay elecciones. En las llamadas Midterm están en juego los 435 asientos en la Cámara de Representantes, 33 de los 100 que componen el Senado; además de los de 38 senados estatales, 46 puestos de gobernador (excepto Luisiana, Mississippi, Nueva Jersey y Virginia), entre otros comicios de índole más local. Un lío que en el complicado sistema electoral estadounidense alcanza proporciones bíblicas. No es que la gente hable mucho de ello, la verdad. Algunos candidatos incluso tratan de evitar que se sepa. Es el caso de John Kline representante republicano por Minnesota, cuya estrategia en esta campaña es precisamente no hacer campaña con la esperanza de que los hipotéticos votantes olviden que hay una elección en juego. A veces me pregunto si la táctica hacerse el loco de Mariano Rajoy al frente del Gobierno de España no estará creando escuela allende nuestras fronteras.

Hay quien piensa que entre nuestros muchos defectos está la de votar siempre a los mismos no importa el escándalo de corrupción que hayan protagonizado. También se dice, generalmente con demasiada ligereza, que “esto no pasa en otros países”. Puede ser cierto, a veces. Pero no es del todo cierto, o no tan cierto como pensamos, especialmente en un país como EE.UU. Nada gusta más a un estadounidense medio que las historias de arrepentimiento y redención. Clinton que pidió perdón por unas mamadas y los votantes olvidaron meses de mentiras a la cara. A Bush, alcohólico, jetas y mentiroso como buen niño de papá WASP, acabaron por hacerlo presidente por obra y gracia de un apellido y una redención de carácter religioso.

El portal Político lo recordaba esta semana en un artículo titulado “Buen año electoral para los chicos malos del Congreso”. En él se refería a varios representantes salpicados por escándalos de índole moral o relacionados directamente con la corrupción que, sin embargo, encabezan las intenciones de voto en sus respectivos distritos. El artículo llega a una conclusión: el perdón de los votantes lo es todo. Nadie mejor que Bill Maher para resumirlo en uno de sus impecables editoriales semanales.

***

Dicen los periódicos que la economía muestra fuertes signos de recuperación. El Gobierno acaba de hacer público el dato del desempleo correspondiente al mes de septiembre: se sitúa en el 5,9%, una cifra que hace que nos tengamos que remontar a Julio de 2008, antes de la crisis/estafa, para encontrarnos con una menor. Aunque no es un tema preferente en esta campaña, a los candidatos demócratas no se les escapa, y eso pese a que muchos sí tratan de huír de Obama como compañero de mítines. Pese a que el Obamacare funciona a pesar de sus fallos. Pese a la marcha de la economía.

Lo que sí está en el debate es el poder adquisitivo de los trabajadores y el salario mínimo, unos 14.500 dólares al año. Obama, contestado como ningún otro presidente en la historia haga lo que haga, pide abiertamente su aumento. “Quien trabaja duro todos los días merece un salario justo”.

En eso sí que no caben comparaciones con otras latitudes.

Coda: Muchas gracias por el ofrecimiento. Pero de momento, la visibilidad, aunque sienta bien, no paga facturas. Pero oigan, yo no me niego, al contrario. Me alquilo y bien barato que salgo para lo apañado que soy, dice mi madre. Así que si quieren este cuaderno, sean serios y hagan una oferta. Seria.  
Anuncios